jueves, 16 de septiembre de 2021 | 9:34 PM

Cuando las distancias para ayudar a comunidades indígenas no son un obstáculo

Fundación Tierra Viva se adentró en Delta Amacuro para formar a las comunidades en el método para desinfectar el agua que consumen, mientras que Fundación Proyecto Tepuy inició su labor en el Valle de Kamarata en el sur de Bolívar, pero se ha ampliado en la medida en que crecen las necesidades en la población.

@joelnixb

Para las organizaciones no gubernamentales, cuya misión se centra en ayudar y mejorar la calidad de vida de comunidades remotas en las entrañas del sur de Venezuela, las distancias no son una limitación. Con una crisis humanitaria compleja sin frenos, se han vuelto punta de lanza y soporte vital en territorios y localidades que carecen de atención gubernamental.

Fundación Tierra Viva y Proyecto Tepuy tienen un punto en común: dedican parte de su labor a comunidades indígenas alejadas en los estados Bolívar y Delta Amacuro, brindándoles una mejor calidad de vida, salud y proyectos en pro del desarrollo sustentable. Las principales piezas de estas organizaciones contaron a Correo del Caroní sus historias y proyectos, una muestra de que ahora más que nunca la gente se tiene a sí misma para avanzar.

Fundación Tierra Viva

En las comunidades de las riberas del Orinoco, los indígenas suelen consumir agua sin potabilización, lo que genera problemas en su salud por los contaminantes presentes en los cuerpos de agua.

La Fundación Tierra Viva inició en 2019 el Proyecto Aqua, iniciativa que atiende la problemática del agua en Canoabo, estado Carabobo; Tucupita, estado Delta Amacuro; y Siquisique, estado Lara. “El problema del agua y sus consecuencias son distintas en estas tres regiones, en el Delta comenzó en febrero del año pasado y nuestra mayor preocupación es la calidad del agua y su incidencia en las comunidades indígenas”, expresó Alejandro Luy, gerente general de la fundación.

Hicieron alianzas con instituciones públicas como HidroDelta y el Ministerio para la Salud para diseñar material educativo “con el fin de que entiendan cuál es la situación del agua y cómo lo podemos atender”. Este año han facilitado a las familias del Delta el método Sodis de desinfección del agua, que permite eliminar contaminantes a través de la exposición del líquido a la luz solar -por un tiempo prolongado- en botellas plásticas.

Tierra Viva capacitó a comunidades deltanas sobre el método para desinfectar el agua bajo el método Sodis | Fotos cortesía Fundación Tierra Viva

A las comunidades indígenas del Delta del Orinoco llegaron en 1998, “ha sido un proceso que se ha basado en mucho respeto, en entender sus dinámicas y necesidades y consultar sobre sus expectativas”, expresó Luy. Para comunicarse de forma más directa con ellos, Aracelis Calderón, una mujer warao, es la facilitadora.

En Canoabo, Carabobo, se enfocaron en la conservación de las cuencas hidrográficas, en la conformación de grupos de trabajo y en un diagnóstico del acceso al sistema de agua. Proyecto Aqua cuenta con la participación de la Acción Campesina, la Asociación Civil Red Venezolana de Organizaciones para el Desarrollo Social (RedSoc), de líderes locales y el cofinanciamiento de la Unión Europea (UE). En la actualidad realizan alianzas con radios en Canoabo y Tucupita para difundir cápsulas educativas sobre el tratamiento del agua.

De esta iniciativa han surgido dos proyectos: Mujer Indígena Emprendedora, financiado por la Unión Europea, y Tejiendo esperanzas, financiado por Chevron

La fundación brinda herramientas para conservar los recursos naturales y promover programas de desarrollo sustentable y autogestión en comunidades. Fue creada en 1992 como Living Earth Venezuela, con el financiamiento de la fundación británica homónima. En 1996 deciden constituirse bajo su nombre actual con el fin de continuar la ejecución de proyectos que involucren la participación de comunidades, gobiernos y empresas en tres estados: Distrito Capital, Carabobo y Delta Amacuro, pero el mayor número de actividades se centra en estas dos últimas entidades.

Antes del Proyecto Aqua, guiados por los principios de comercio justo para lograr la sustentabilidad de las etnias warao, wayúu y yekwana -y también de emprendimientos de criollos- implementaron tres líneas de trabajo desde hace diez años, entre ellas Producto con Historias, una plataforma de venta, comercialización y promoción nacional de mercancías elaboradas principalmente por indígenas.

Han desarrollado talleres formativos y de empoderamiento de la mujer indígena, que han permitido crear una red de 145 artesanas, pertenecientes a las tres etnias. Las mujeres tienen ahora cuentas bancarias y un trabajo estable. “Ese es su único ingreso para adquirir comida y ropa para sus hijos y es del trabajo que viene de sus manos, por eso es que hay que respetarlo, valorarlo y ofrecerle un pago adecuado”, comentó Luy.

El equipo operativo de la Fundación Tierra Viva cuenta con 15 personas aproximadamente, más 16 en el consejo superior y 7 en la junta directiva

En la Gran Caracas, Naguanagua, Valencia y San Diego desarrollan la campaña “Mi ciudad recicla”, como un mecanismo para fomentar el reciclaje, reutilización y reducción de desechos. Junto con el Instituto Venezolano de Estudios Sociales y Políticos (Invesp) iniciarán un proyecto cofinanciado por la Unión Europea vinculado al cambio climático “para hacer entender el tema, promover acciones en municipios para disminuir el impacto y sus efectos en agua y salud”.

Algunas actividades tienen alcance nacional, como una campaña de reducción de bolsas plásticas con infografías difundidas por redes sociales que bautizaron como Terregramas y Aquagramas, que incluyen un esquema que explica el problema, sus consecuencias y recomendaciones.

Para Luy, la importancia de las organizaciones formadas desde la sociedad civil es que permiten “fundamentar acciones sin que eso implique que los que participan tengan una deuda hacia ellas”. Piensa que estas tienen mayor libertad para crear proyectos y capacidad para generar alternativas. “Las ONG también somos contraloras y muchas veces vemos problemas que las autoridades no quieren ver o no son capaces de ver”.

Expresó que ayudar a terceros es una labor fundamental en cualquier tipo sociedad. “Una ciudadanía organizada y que trabaja desinteresadamente por el otro es un buen balance para tener perspectivas distintas a las que pueden tener los gobiernos y las empresas privadas”.

Fundación Proyecto Tepuy

Otras organizaciones como Proyecto Tepuy han centrado su labor en el sector occidental del Parque Nacional Canaima en el estado Bolívar, específicamente en la comunidad pemón del Valle de Kamarata a los pies del Auyantepuy. En enero de 2018, un grupo de doctores y estudiantes de medicina de la Universidad de Carabobo, apoyados por la Sociedad Científica de la casa de estudios, iniciaron la entrega de medicinas.

En la primera entrega, la fundación logró donar media tonelada de insumos

En 2019 no pudieron realizar viajes a la comunidad, debido a la escasez de combustible aéreo y con la pandemia por COVID-19 algunos planes que tenían para este año quedaron postergados. Sin embargo, han recaudado medicinas que son trasladadas luego por la Aviación y el Ejército “que tienen campañas de apoyo en estas comunidades y en esos vuelos decidimos enviar donativos”, informó la doctora Mónica Peña, directora de la fundación, quien en 2017 viajó al poblado indígena Uruyen y constató las necesidades de las comunidades indígenas.

«Decidimos realizar Proyecto Tepuy en estas comunidades porque su acceso remoto las hace mucho más vulnerables y los pemones kamarakoto son los guardianes de esta tierra ancestral patrimonio natural de humanidad y para nosotros era necesario retribuirles como personal de la salud a través de nuestra labor el agradecimiento por ser los guardianes de nuestra tierra”, dijo.

Peña recuerda en su primera visita, como estudiante de cuarto año de medicina, la falta de medicamentos comunes que impedía atender a niños con fiebre o el caso de una habitante de la comunidad de Santa Marta que casi pierde la vida por una apendicitis. “Los indígenas que presentan una complicación médica deben esperar días para que los trasladen vía aérea al Ruiz y Páez, Guaiparo o Uyapar”.

Luego de la primera entrega se dieron cuenta de que las comunidades necesitaban más ayuda, por lo que recolectaron insumos y fondos en los primeros ocho meses de ese año para trasladarse hasta el sur del estado Bolívar y realizar jornadas de atención médica integral. A estas comunidades solo es posible llegar por vía aérea. La fundación recibió el apoyo de ocho vuelos y lograron donar media tonelada de insumos.

Desde el año pasado la fundación no solo apoya a comunidades indígenas, sino también a poblados rurales y semiurbanos de Carabobo, brindan apoyo a niños desnutridos, realizan jornadas de desparasitación, despistaje de enfermedades venéreas y promueven actividades amigables con el medioambiente.

Proyecto Tepuy cuenta con 32 voluntarios, entre médicos y estudiantes de medicina de la Universidad de Carabobo del cuarto año en adelante

Los voluntarios en Carabobo realizan potazos, intercambio de medicamentos y actividades profondos como cursos para estudiantes de medicina, clases de yoga, fitness camp, entre otras, para así financiar la labor. También ha recibido donaciones de organizaciones nacionales e internacionales como Venezolanos en Kendall, 4×4 Runner, Fundación Tierra Blanca, Todos por la Vida, entre otras.

Proyecto Tepuy ha donado insumos al Hospital Uyapar y a la Casa Hogar Renacer. Llevan el proyecto “siete letras” para acondicionar y recaudar insumos para la escuela de la comunidad de Santa Marta, que alberga 100 estudiantes indígenas y realizan actividades enmarcadas en el desarrollo sustentable para aplicarlas en las comunidades del Valle de Kamarata, donde todo inició.

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