Comerciantes, transportistas, dirigentes empresariales y el coordinador general de Provea analizan los impactos de un eventual ajuste en la estructura de precios de la gasolina.
Provea ve necesarias medidas de compensación y distribución para ciertos sectores que no puedan acceder al combustible con un eventual ajuste de precio | Foto William Urdaneta

El Gobierno nacional que promocionó la gasolina traída en cinco buques desde Irán como un acto de hermandad entre el país islámico y Venezuela, sacó a relucir los costos del acuerdo económico y cómo debe ser saldado.

“La hemos pagado con dólares y estoy de acuerdo que hay que cobrarla, estoy dirigiendo un equipo de consulta para ver el monto del cobro de la gasolina y pido la comprensión”, indicó el presidente Nicolás Maduro.

La eventual medida llega en medio de una emergencia humanitaria donde los ciudadanos difícilmente pueden cumplir con sus necesidades básicas.

l gobierno anuncia un posible aumento del combustible luego de la paralización de la industria petrolera nacional y en medio de las consecuencias financieras de la cuarentena que profundiza la crisis humanitaria preexistente en el país.

   

Rand Yépez, panadero al mayor, considera que el aumento de la gasolina debió aplicarse desde hace mucho tiempo. Espera que con el nuevo precio del combustible que se está por anunciar pueda normalizarse el despacho en las estaciones de servicio, aunque señala que en estos momentos los venezolanos no cuentan con los recursos necesarios para saldar el costo real de la gasolina.

Piensa que de establecerse el precio de la gasolina a 1 dólar no tendría la capacidad adquisitiva para llenar su tanque de combustible de 50 litros. “Le echaría cinco litros de broma, y empujao”, expresa. Antes de que se profundizara la escasez de gasolina, Rand Yépez podía abastecer hasta cuatro veces por semana, pero luego tuvo que reducir el surtido y dormir en estaciones de servicio para preservar la venta de su mercancía.

Las restricciones por la pandemia de la COVID-19 obligaron al comerciante de pan a paralizar sus labores, toda vez que sus ingresos no le permitieron recurrir al mercado negro.

Transporte público a la espera

Fabiola Medina, presidente de la línea de transporte urbano Orincar, entiende que todavía no hay un precio fijado para la gasolina, pero indica que, de haber un aumento en el combustible, los gastos operativos aumentarían y consigo el precio del pasaje.

Relata que en su línea han montado pasajeros sin el dinero completo debido a que usuarios no cuentan con los recursos ni el efectivo para pagar. Por otra parte, ha escuchado a otros usuarios quejarse por los costos de entre 20 y 30 mil bolívares que cobran transportistas piratas. Duda que con el actual salario y el posible aumento de la gasolina los usuarios tengan para costear un servicio más caro.

Explica que los transportistas dependientes de gasoil han comprado en el mercado negro ese tipo de combustible a 20 y 30 mil bolívares el litro, pero que otras veces les han ofrecido a 50 mil y no es rentable para trabajar. Asimismo indica que una gasolina a tres dólares el litro tampoco es provechoso dado que es un gasto que no se puede cubrir con el valor del pasaje tan bajo.

Una oportunidad para productores

José Alfredo Olivo, presidente de Fedecámaras Bolívar, considera que desde hace bastante tiempo se debió aumentar el precio del combustible porque, además de la necesidad de generar rentabilidad e inversión al proceso de extracción y refinación, serviría para mejorar otros servicios como la educación y salud, diezmados en el país.

   


“No puede ser regalada”, sostiene Olivo. Calcula que el precio del combustible debería estar entre 0,50 centavos y un 1 dólar por litro para que las personas puedan acceder y no sea tan exagerado el costo del mismo. Piensa que al haber un precio real disminuiría la escasez de gasolina y habría garantías para los sectores productivos quienes trabajarían con menos inconvenientes.

Advierte que la importación de gasolina desde Irán no es solución para el problema de combustible, que pasó de ser casi gratis a uno de los más costosos del mundo con un valor en el mercado negro entre 3 y 4 dólares por litro. 

Garantías para todos

Rafael Uzcátegui, director de la ONG Provea considera que el aumento del combustible, por necesario que sea, debe ir acompañado de medidas económicas que les permitan a los ciudadanos a acceder al mismo. Teme que con la pérdida del poder adquisitivo y la deficiencia de servicios básicos en el país las personas queden en un estado de mayor vulnerabilidad en medio de la pandemia.

Considera que con este aumento se puede agravar la situación de muchas personas que no tienen la capacidad de acceder a costos de gasolina tan elevados y que podrían aumentar las protestas que vienen ocurriendo hasta ahora. Ve necesarias medidas de ayuda, compensación y distribución para ciertos sectores que no puedan acceder al combustible.

Luego de dos meses de pandemia y en medio de una emergencia humanitaria compleja considera que todos los problemas que sufren los ciudadanos tienen que ser atendidos entre el Gobierno, organizaciones gubernamentales y gremios, pero no ha visto interés por parte del Estado en tomar medidas para atender a la población.

¿Hay gasolina suficiente?

Además de los costos que implica la importación iraní, en Venezuela pocas son las garantías de que el suministro de combustible vuelva a la normalidad. Los aditivos traídos en los buques no se usarán hasta que se reparen las plantas de refinación profunda del Centro de Refinación Paraguaná que se mantienen paralizadas. Mientras que expertos estiman que la gasolina usándose de forma habitual puede tener una duración de tres semanas, máximo dos meses con las regulaciones aplicadas por el Estado.

En Venezuela el salario mínimo es de 400 mil bolívares, cerca de 2 dólares mensuales, lo que ha generado que personas vivan en una diaria lucha por comprar alimentos, conseguir agua potable y cortar leña para cocinar por la escasez de gas doméstico. Los aumentos en el costo del combustible podrían generar mayores dificultades de traslado y sobrevivencia.

Desde la cuarentena productores agropecuarios han perdido mercancía, transportistas dejaron de cumplir rutas y personal de salud ha dejado de asistir a sus sitios de trabajo. Con el aumento de los costos del combustible el Estado recibirá un mayor ingreso, pero por la falta de producción y los precios de importación, no se da garantías al ciudadano a acceder a la gasolina con normalidad.

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