La estocada final al sector aluminio llegó en 2019, con el último apagón nacional que terminó de apagar todas las celdas de reducción del parque industrial. De cara a una transición política, la dirigencia discute los modelos de inversión para apalancar la industria.

 Luego del apagón nacional del 7 de marzo de 2019, no solo el impacto lo sufrieron las centrales hidroeléctricas y termoeléctricas de Venezuela. En los cinco días que se mantuvo el país sin luz, en Guayana se terminaron de paralizar las pocas celdas que aún se mantenían activas en la industria del aluminio.

A un año del apagón, CVG Venezolana del Aluminio (Venalum) no ha logrado recuperarse de su segunda restricción eléctrica. Tenía una capacidad instalada de 430 mil toneladas al año y 905 celdas de reducción de aluminio, pero tras la emergencia eléctrica de 2009 y el apagón del año pasado, la fábrica dejó de refinar aluminio.

De acuerdo con Ángel Brito, miembro del Sindicato Único de Profesionales Universitarios de Venalum (Sutrapuval), entre enero y febrero de 2019 tan solo se había producido 4.500 toneladas de aluminio. Para ese momento funcionaban tan solo 59 celdas de las otras de 905, hasta que llegó marzo y quedaron en cero.

     
La industria del aluminio casi paralizada mantiene a los trabajadores que aún van a la empresa bajo las directrices milicianas | Foto cortesía Bauxilum

Apenas el jueves 30 de enero intentaron arrancar ocho celdas en una maniobra que expertos calificaron de una pantalla. “Yo digo que es irresponsable arrancar ocho celdas porque si se llega a ir la luz ahorita, en este mes que estamos propensos de sufrir otro apagón nacional perdemos otra vez las ocho celdas”, manifestó el dirigente sindical.

Además, añadió que esto podría producir pérdidas de 450 mil dólares aproximadamente en cada una de las celdas, si se suma la materia prima, mano de obra, el casco de aluminio, el aislamiento eléctrico y otros insumos más que forman parte de todo el sistema productivo.

Las 8 celdas tan solo producen 1.5 toneladas cada una, números que representan un retroceso abismal. A pesar que en los próximos meses pretenden duplicar el número de celdas activas, para el dirigente sindical el levantamiento de la empresa pasa por otras cosas: “hace falta un cambio político y social inminente para poder tener esperanza de la recuperación de las empresas básicas”.

“Ellos quieren tratar con una planta totalmente destruida crear la fachada o la percepción que están produciendo”, indica Brito. Además de la falta de mantenimiento y los problemas económicos para el dirigente sindical, los graves problemas eléctricos no permiten desarrollar y poner en funcionamiento pleno a Venalum.

A principios de febrero grupos sindicales denunciaron la presencia de efectivos militares dentro de las empresas con el fin de adiestrar a los trabajadores con armas de fuego y uniformes de la milicia. “Nuestras empresas las agarraron ahora como unos cuarteles”, dijo Brito, agregando que el objetivo del Estado es la destrucción de las empresas. “No hay mascarillas… no hay uniformes de trabajo pero si hay uniforme miliciano”.

En Venalum de los 7 mil trabajadores, tan solo hay unos mil empleados en un supuesto plan de contingencia. “Yo he pasado videos por las redes de gente haciendo sopa en la planta, jugando pelotica de goma, lo hacen por una caja CLAP que tiene 3, 4 meses que no llega y un bono compensatorio por asistir”, manifestó Brito.

En Alcasa

El apagón también echó por tierra la controvertida inversión de 403 millones de dólares para la adecuación tecnológica de CVG Alcasa dispuesta a través del Fondo Conjunto Chino Venezolano. De ese proyecto, alrededor de 90 millones de dólares se destinaron para la incorporación de 230 celdas que debían estar operativas en 2014, pero que hoy no existen. La situación en los días previos al paro total ya daban indicios de graves problemas: “no había materia prima para mantener las 14 celdas que quedaban”, indicó Juan Carlos Moya, al señalar que además 9 de esas celdas estaban presentando problemas por los altos voltajes.

Moya indicó que se prometieron luego del apagón activar 50 celdas pero que hasta ahora “en Alcasa no se está produciendo ni una gotica de aluminio”.

Miguel Ekar, otro dirigente sindical, señaló que no hay planes para la activación de la empresa. “A Alcasa solita no le está entrando por ninguna parte recursos para restituir celdas, ni nada, aquí no hay planes para eso” y aunque hay anuncios de un posible arranque él niega cualquier posibilidad, “el movimiento 21 siguen alimentando esa esperanza en los trabajadores que van a arrancar celdas, pero eso es totalmente falso”, aseguró.

Ellos quieren tratar con una planta totalmente destruida crear la fachada o la percepción que están produciendo”. Ángel Brito

     

Ekar señala más bien que los espacios deteriorados cada vez aumentan más: “debo señalar que los techos de las celdas se los están robando, están desmantelando todo eso”.

“Distorsionaron lo que era una empresas productiva de aluminio”, declaró Moya señalando que dejaron de elaborar aluminio para producir milicianos. “Alcasa está secuestrada”, quien a su vez comenta que a la empresa tan solo pueden entrar los que forman parte del plan de contingencia, presentándose además presiones políticas de por medio.

“Les están exigiendo que para entrar dentro del plan de contingencia deben estar vestidos con el traje de miliciano”, indicó, con lo cual considera que esto es una forma de aprovecharse de quienes ven la asistencia a la empresa como una forma de alimentar a su familia.

Transparencia Venezuela en su informe Empresas Heridas de Muerte: Corrompiendo el Metal, señaló que la obsolescencia, la desinversión y la carencia de mantenimiento de los activos de las industrias del aluminio, se unió con un control obrero absolutamente ideologizado y politizado para causar el derrumbe de su producción.

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