El noventa por ciento de los venezolanos queremos resultados y no habladurías vacías estimulantes de fantasías que promueven especulaciones acerca del futuro inmediato.

Estamos hasta la coronilla. La pava ciriaca (rojita), más brava que la pava macha, que nos cayó en tanto tiempo, sin solución de continuidad, es el virus múltiple carroñero incomparable con ningún otro que haya transitado el hemisferio sur.

Cualquier escrito de opinión o análisis es llover sobre mojado. Sabemos todo lo que hay que saber. Estamos hasta los tequeteques de explicaciones, motivos y razones de lo ocurrido durante años de peste de todos los colores; sobre todo del rojo, rojito. El noventa por ciento de los venezolanos queremos resultados y no habladurías vacías estimulantes de fantasías que promueven especulaciones acerca del futuro inmediato.

Aquellos representantes de la sociedad venezolana que firmaron un documento de reconocimiento y promoción del zambo de Sabaneta, aupándolo como posible salvador de las garras de los corruptos adecos y copeyanos que desangraban al país con sus artimañas pueriles, alumnos de kinder contra cuasibachilleres, deberían recordarlo para no caer en el mismo pecado.

Esa irreflexión protagónica se ha pagado muy caro en la nación de Bolívar. Desde luego no fueron los únicos culpables, ya que el voto irracional popular también ayudó; sin igualdad en la responsabilidad, antes y durante este nefasto ciclo que también, como todo, tendrá su fin.

El arrepentimiento y propósito de enmienda no se vislumbra en lo calificado como oposición al régimen. Aunque no puede llamarse oposición a la cohabitación, tolerancia, laxitud, entendimiento y otras actitudes acomodaticias que ayudan a mantener en el poder a los encargados por los cubanos y otros destruir nuestro país.

No es necesario hacer nuevamente una lista de las cosas arruinadas, porque además de ser interminable seria machacar fastidiosamente. Y mencionar los éxitos del régimen obligaría a cerrar el presente artículo, sin más. De manera que estamos constreñidos por el espacio a comentar sobre asuntos que podrían estimularnos promisoramente.

Es indudable que el tema del gobierno transitorio nos tiene tan trastornados como el virus asiático; y ambos son misteriosos e impredecibles, confusos y sometidos a diferentes opiniones de mucha gente aprovechando para hacer conjeturas desesperantes muy poco concretas. En el caso de la transitoriedad lo único claro para quienes la sensatez se les da naturalmente es que no se cambia de caballo a mitad de competencia o carrera.

La segunda premisa actual se concentra en el problema de la retirada de los intervenidos abruptamente por el régimen bien acorralado por múltiples sanciones. No es un problema sino para los torpes que no han comprendido el incumplimiento de cláusulas contractuales por causa extraña no imputable; en el caso específico lo conocido en derecho como el hecho del príncipe. La empresa se vio obligada a cesar sus actividades apremiado por evitar una punición similar a la existente para estos genios. Ahora, no contentos con la reacción dictatorial asumida van a pedir cacao mediante una carta imploradora suscrita por el flamante interventor ad hoc nombrado por el cucuteño.

El tercer episodio inmediato que nos trae de cabeza es que el terrorismo iraní permanezca en el medio oriente y su importación no llegue al mercado de la vecindad de los países todavía no contaminados. Es que pueden resultar mucho más pandémicos y mortales que cualquier epidemia sufrida por el mundo a través de los siglos. Amanecerá y veremos, acotó el último gran visionario de estas latitudes.

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