Su gran amor, Guayana, la tierra que lo vio nacer, la cual defendió desde todos sus cargos públicos. Él mismo puso la primera piedra de Puerto Ordaz, bautizándola “Santo Tomé de Guyana”. Voltee usted a su alrededor y no hay nada que no haya tenido la impronta de su gestión, así la revolución lo haya destruido. Afirma Manuel Carrillo

@mcarrillodeleon

El miércoles 17 de octubre hizo 22 años de su partida. Su sola presencia infundía respeto absoluto. En su escritorio reposaba una tabla con un lema de impacto: “No hay cosas difíciles, sino personas incapaces”.

Entrar a su oficina causaba pánico en la mayoría de sus gerentes, una mezcla casi perfecta de ejecutivos que lo acompañaron en su largo camino público, combinados con expertos en hidroelectricidad, acero, hierro, bauxita, alúmina, aluminio, minería, oro, construcción de carreteras y edificios, plantas industriales con otros jóvenes de carrera, que administraban más de 30 mil empleos productivos directos y otros 80 mil indirectos.

La ciudad industrial no petrolera más activa del país estaba bajo su mando. Leopoldo Sucre Figarella era un caza talento nato. Impresionaba ver el dominio sobre lo administrativo y contable siendo un ingeniero. Con solo ver un cuadro de estadísticas o producción sabía dónde estaba el error y paso seguido a la basura; hosco y rudo al hablar para girar las instrucciones precisas, era nuestro General Eisenhower, el constructor de la post guerra americana, estrategia y táctica a la vez. Poca gente hablaba de calidad como él, de allí la importancia de su ejecutoria.

No aceptaba la nariz política ni de la capital ni de Ciudad Bolívar en sus predios de poder; de allí los escándalos sin sentido.

Su gran amor, Guayana, la tierra que lo vio nacer, la cual defendió desde todos sus cargos públicos. Él mismo puso la primera piedra de Puerto Ordaz, bautizándola “Santo Tomé de Guyana”. Voltee usted a su alrededor y no hay nada que no haya tenido la impronta de su gestión, así la revolución lo haya destruido.

Honesto a carta cabal, sus detractores buscaron acabar con su reputación y no pudieron, políticos de baja estofa y empresarios de medio pelo busca contratos. Él solo se los daba bajo concurso público a los grandes de Venezuela y del mundo. Quizás fue el único funcionario que buscaba afanosamente la inversión extrajera , el gran capital, lo lograba sencillamente porque en sí mismo era una garantía. Respetado por todos los presidentes de la democracia y la alta política. Por sus frutos los conoceréis, Mateo 7:15-21. La Biblia.

Suelo escribir que los grandes son reconocidos por la historia cuando sus cadáveres se enfrían, digamos que luego de cien años, pero la ruina en que convirtieron a Guayana y al país, aceleró definitivamente el juicio a Sucre. Allí tienen pues los restos de las industrias básicas como ejemplo vivaz de la tragedia revolucionaria.

Fue despedido en el Cementerio del Este de Caracas con honores de jefe de Estado, doce salvas de fusil y doce de cañón acompañaron una breve estrofa de Himno Nacional que tiñeron de gloria ese momento.

No puedo despedir esta breve nota sin agradecer a otro protector de Guayana, el Dr. David Natera Febres que desde esta espectacular y sincera tribuna hizo lo suyo para soportar el rigor revolucionario sobre su persona y de este gran medio de comunicación.

(Presidente de la Fundación Leopoldo Sucre Figarella. Ex-Sidorista, ferrominero y cevegista)