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Globovisión

El saxofón que saltó de El Roble a Los Ángeles PDF Imprimir E-mail
Domingo, 28 de Octubre de 2012

Robert “Cacharra” Incelli, músico guayanés de alcance internacional, conversa sobre su pasión por la improvisación, su paso por la banda de Oscar D’León, y el descalabrado mundo de la corrupción en el negocio musical mediante la “payola”.

Marcos David Valverde
Foto Carlos León

C1INCELLIPoco antes de la publicación de esta entrevista, su representante en Venezuela, Rafael Herrera, se comunica para dar una buena nueva: a más tardar en enero, el nuevo disco del saxofonista estará en la calle.

Pero antes de ello hubo una entrevista, en medio del trajín de su última visita al país, que concedió ese músico, nacido en Ciudad Bolívar, criado en El Roble, San Félix, curtido musicalmente en 45 países y residenciado en Los Ángeles. Es, simplemente, “Cacharra”: Robert Incelli.

- ¿Cómo influyeron musicalmente en ti todos esos recorridos?
- Con Oscar tuve la oportunidad de viajar a 45 países. Entonces, cuando vas a tantos países puedes mirar muchos músicos. Casi siempre iba al festival de Montreux, y pude ver a artistas como Michel Camilo, Arturo Sandoval, Chick Corea…

- Paquito (D’ Rivera)…
- Sí, Paquito. Pero también comprando música de los jazzistas. Escuchar mucha música te ayuda porque vas creciendo. En el jazz, mientras más escuches, más conceptos y más información estás metiendo en tu cabeza. Para mí todo ha sido experiencia porque se aprende de lo malo y se aprende de lo bueno, de los jóvenes y de los viejos, pero mientras más va creciendo uno en edad, va aprendiendo más. No aprendes nunca, pero mientras pasan los años, más información tienes. Te vas llenando.

- Y procesando.
- Si me preguntas a mí, necesitas dos vidas para poder tocar. Así es la música si te dedicas a ella. No quiero sonar mal, pero yo soy músico profesional porque yo me levanto y empiezo a practicar, porque tú sabes en lo que estás fallando. Lo bonito de la música, para mí, es cuando tú agarras tu instrumento y lo que sientes lo puedes llevar a la música.

Ese ronco sonido
- ¿Por qué te llamó la atención la música y, más específicamente, el saxofón?
- Mi papá es músico. Él trabajaba como jefe de mantenimiento en la Policía y tenía un salón allí. Comenzó a darnos clases de música, y cuando comenzamos la música, todos los hermanos míos querían aprender a tocar saxofón y otros, trompeta. Mi papá trajo un clarinete y nadie lo quería porque decían que era para mujeres. Yo lo agarré y comencé a tocar. Después mi papá me compró un saxofón y a los 15 años comencé a escuchar de un saxofonista que tocaba en La Romanina. Cuando escuché al señor tocando, ¡guao!, me volvió loco. Busqué, y así…

- ¿Y en cuanto a la formación teórica?
- Teoría y solfeo lo vi fue con mi papá, porque él viene graduado de Italia. Después fue buscando libros y escuchando mucha, mucha, mucha música. En Los Ángeles he desarrollado eso, pero de estudiar, en verdad, ha sido así.

El paso insondable
- Hay una anécdota: cuando comenzaste a tocar con Oscar D’León fue porque en un concierto le dijiste que querías improvisar, te dio la oportunidad y te llevó con él…
- ¡Jeje!

- Se necesita coraje y, sobre todo, autodeterminación para hacer algo así, ¿no?
- Bueno, no fue que él me llevó. Le pedí para montarme a hacer un solo con él, y me preguntó si me sentía capacitado. Le dije que sí, me monté, improvisé con él y me dijo que tenía buen sonido. Cuando entré con él fue que estaba ensayando en un estudio y conocí a su conguero y así se dio la conexión. Yo toqué con Oscar cuatro años: me probó un lunes y el viernes ya estaba en Colombia tocando con él.

- Para cualquier ejecutante, tocar con Oscar D’León debe ser, primero, algo inalcanzable, y después un privilegio. Entonces, ¿por qué sales del grupo?
- Buena pregunta… Porque yo quería improvisar con el jazz. Eso es lo que me gusta, y en ese aspecto sí quiero estar adelante, tocando y dando lo mío. Yo disfruté un montón con Oscar D’León, pero la verdad, te voy a decir así, sin ofender al maestro, me cansé de estar en la parte de atrás. Tengo esa cosa explosiva que quiero ir a hacer por mí solo, pero no lo podía hacer. Yo tengo una relación increíble con Oscar, y le dije: “Mire, maestro, la verdad es que yo quiero aprender a tocar, y con usted no lo voy a lograr. La etapa con usted ya la tuve, y quiero improvisar”. Entonces, conocí a mi esposa, me enamoré y vi la oportunidad de estar en Los Ángeles. Él me dijo: “Si te vas porque te enamoraste, no te lo aplaudo, pero si te vas porque quieres aprender, dale”. Hay mucha gente que se acomoda, gana dinero y está tranquilita, pero yo siempre he querido aprender… y me cansé de tocar “Llorarás”.

Viendo hacia acá
- ¿Qué te ha mantenido 17 años en Los Ángeles?
- Bueno, la música, pero también California, porque es el mejor clima de los Estados Unidos. Además, hay mucho movimiento para mí como músico. Yo salgo en una película que se llama Blow. Yo salgo allí tocando. Eso a nivel económico te ayuda.

- Allá tus discos se venden y la gente te escucha y te conoce. ¿No piensas: “Caramba, estoy en un país que no es el mío y tengo esto, pero en Venezuela no lo lograría”? ¿Compartes el dicho de que nadie es profeta en su tierra?
- Fíjate que no lo veo así. Le doy gracias a Dios que pude hacer mi trabajo en otro país. Sobre Venezuela no me siento realizado porque me faltan muchas cosas por lograr, porque lamentablemente está la “payola” y no es algo que yo voy a hacer, ni lo va a hacer mi mánager, Rafael Herrera, porque cuando tienes el arte en la mano no deberías pagar porque es cultura, educación, que debería tener todo el apoyo del mundo. Lo que nos hace falta es apoyo. Mi trabajo no lo conoce el país, pero vamos pa’ allá.

 






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