|
Dueña de una personalidad avasallante, superó una niñez sumida en la pobreza para convertirse en estrella de radioteatro y cine. Impulsó el voto femenino y se abocó a los sectores más postergados.
Buenos Aires.- El mural gigante de Eva Perón ilumina la avenida 9 de Julio, la principal arteria de Buenos Aires. Y no trae sólo un reflejo del pasado, al cumplirse este jueves 60 años de su muerte, sino una señal de la vigencia de Evita como símbolo de la lucha por los humildes, la presencia femenina en el poder e ícono político.
Eva Perón “nos enseña que nada se obtiene sin sacrificio. Que enfrentarse a los poderosos tiene un precio; que defender a los humildes y a los que menos tienen cuesta caro; y ella pagó con su vida gustosa el precio de ser recordada siempre como la abanderada de los humildes”, la recordó la presidenta argentina, la peronista Cristina Fernández de Kirchner.
Venerada por las masas trabajadoras y denostada por la burguesía y parte de la clase media, la figura de Evita trascendió su actividad política junto a su esposo Juan Domingo Perón (1895-1974), tres veces elegido presidente de Argentina, para convertirse en un mito.
En su corta vida, de sólo 33 años, hizo realidad el sueño de pasar de ser una niña de origen humilde a una mujer poderosa.
Rompió con los cánones conservadores de su época ya desde adolescente, cuando con 14 años se fue sola a Buenos Aires para probar suerte como actriz, y más tarde al convivir con un oficial de alta graduación del Ejército, viudo y 24 años mayor que ella, que poco tiempo después se convertiría en presidente argentino.
Ejerció su rol de primera dama de forma nada convencional. Con pasión y con coraje se volcó a las tareas de acción social, a la vez que destinó su intuición y su férreo carácter a las gestiones con los sectores sindicales desde el Ministerio de Trabajo.
“Sí, soy sectaria, pero ¿podrá negarse a los trabajadores el humilde privilegio de que yo esté más con ellos que con sus patrones?”, respondía Evita, quien a la vez no dudaba en vestir glamorosos vestidos de alta costura de Christian Dior y Balenciaga y una amplia colección de joyas.
A principios de 1950, muy joven aún, el cáncer de útero comenzó a consumirla.
El 31 de agosto de ese año, Evita anunció a través de la radio su decisión de no postularse, en lo que fue recordado como el Día del Renunciamiento. El 6 de noviembre fue operada por el médico estadounidense George Pack en Buenos Aires. Se recuperó a tiempo para poder ejercer el 11 de noviembre el derecho a voto femenino que tanto había impulsado ella misma. Lo hizo sin embargo en su cama en el hospital. Perón fue reelegido, pero ella no logró restablecer su salud.
Murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años, luego de que su marido asumiera su segunda presidencia. El país se vistió de luto y cientos de miles de personas asistieron a sus funerales. No pudo sin embargo descansar en paz hasta muchos años después, porque su cuerpo embalsamado, botín político, estuvo desaparecido durante 16 años en medio de conspiraciones militares. (DPA)
|