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Son guerreras. Sus armas son el cariño, la determinación y la bondad. No son policías ni pertenecen a la Guardia Nacional. Son madres biológicas y adoptivas de los hijos de la ciudad. ¿Contra qué luchan? Contra la violencia. ¿Cómo decir no a una madre?
. “Mi hijo ya salió de la escuela primaria, pero hay que pensar en los que vienen”, dijo Adela, de Brisas del Orinoco, cuando se luchaba por la creación de un colegio en su comunidad.
Luisa Pernalete Centro de Formación e Investigación de Fe y Alegría
“Somos responsables de nuestros hijos, pero perseguir narcotraficantes no nos toca”, nos dijo Rita, de las Madres Promotoras de Paz de la comunidad La Victoria, en San Félix, en el III Encuentro de Constructores de Paz en Guayana. Creo que esa afirmación es una expresión de ciudadanía, no producto de lecturas o de la academia, sino de la vida. Rita nos hablaba de los deberes de las madres en la conducción de sus hijos por la senda de la convivencia pacífica, pero también de los deberes del Estado en esa misma tarea. Deberes para el Estado, derechos para los ciudadanos.
Si uno busca en el diccionario qué significa ciudadano-ciudadana, encontramos significados como éste: “Miembro de una comunidad cívica, con derechos y obligaciones civiles”. Eso es lo que van construyendo las Madres Promotoras de Paz, porque se saben poseedores de derechos y deberes.
Cuando pensamos en “ciudadanía” pensamos en la construcción del bien común, pensamos en personas que no actúan caprichosamente, sino que son capaces de pensar en el otro.
“Mi hijo ya salió de la escuela primaria, pero hay que pensar en los que vienen”, diría Adela, de Brisas del Orinoco, cuando se luchaba por la creación de un colegio en su comunidad. Eso es ciudadanía en la práctica. Y Adela no sólo se preocupó, sino que se ocupó por más de cinco años en esa tarea.
“Nos aprobaron un proyecto de electrificación al consejo comunal”, dijo Elsie, madre de la misma barriada de Adela. “Pero yo no estoy de acuerdo con eso. Primero porque no fue lo que pedimos y segundo porque eso es competencia directa del gobierno, no de los consejos comunales”, y Erika asentía. “A nosotros nos toca impulsar el proyecto del parque infantil que no tenemos, pero no mejorar el tendido eléctrico”. Están claras. ¡Cada cargo con su carga!
Mirar más allá de las puertas de sus casas. Eso es ciudadanía. Rina, de Buen Retiro, ya no tiene hijos en la Escuela Pablo VI de Fe y Alegría, pero sigue participando, sigue animando a otras madres para que se formen y no cometan tantos errores en la relación con sus hijos e hijas.
Carmen Emilia, de la misma comunidad, ya no tiene niños pequeños, pero quiere impulsar la mejora del parque infantil de los chiquitos del centro educativo. Ambas están conscientes de las bondades de tener un parque para la recreación sana y por eso también se han apuntado para apoyar el plan vacacional este año. No importa que sus hijos ya no vayan a asistir.
Saben que no les toca desarmar a los violentos de la comunidad, también consideran que el gobierno local tiene responsabilidades y que sobre sus hombros no puede caer la construcción de un ciclo diversificado tan necesario para su sector.
APRENDER LA PAZ
En Chirica, otras madres, algunas de ellas ya abuelas, maestras jubiladas, trabajan en ayudar a formar a madres de escuelas oficiales. “Hemos creado pequeños grupos por sectores, y nos reunimos semanalmente para que vayamos creciendo en esto de reducir la violencia intrafamiliar y promover mejoras en las escuelas”. Maritza, Flor, Rina, Amelia y otras, ahí están, con paciencia infinita, poniendo hilos para el tejido social.
Por estos días, las madres de La Victoria han contagiado a los otros grupos. Sueñan con atender a 300 niños y niñas de su comunidad en el plan vacacional este año. “El año pasado, que atendimos 120, nos dijeron que estábamos locas. Pues este año nos dirán requetelocas, pues queremos llegar a 300”, dijo con una sonrisa que no cabía en el rostro de Del Valle.
No saben si conseguirán los recursos para ello, pero sueñan con sana ambición. Sin sueños no hay movilización ciudadana. Si creemos que “todo está perdido” nos echamos a morir.
CAMINOS ESCOGIDOS
No todo es puro trabajar por los demás, también las Madres Promotoras de Paz celebran y se unen para dar gracias a la vida. En diciembre dos grupos, las de Buen Retiro y las de Cristóbal Colón, se animaron a formar su grupo de parrandas y aguinaldos junto con sus hijos y nietos, demostraron que sus voces, además de reclamar sus derechos, también sirven para entonar villancicos.
Para este año, los otros grupos piensan hacer lo mismo. Los ensayos comenzarán en septiembre. Lo de cantar en Navidad, tal vez no se puede considerar “construcción de ciudadanía”, pero sí es “construcción de paz con alegría”, y esos son componentes necesarios para que el ánimo se mantenga y para estrechar lazos que se activan para exigir derechos.
No se trata de sentarse a esperar que alguien les resuelva los problemas, pero tampoco se trata de sustituir al Estado. La ciudadanía supone deberes y derechos, tanto para el ciudadano como para el Estado.
Las Madres Promotoras de Paz nos están diciendo, en la práctica, que la violencia no es obligada, que la paz es posible, están construyendo una vocería colectiva, un coro pues, que crezca como onda expansiva de ciudadanía vigorosa y de esperanza.
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