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En las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza, de maletero, cocinero, constructor, guía turístico, motorista, carpintero o empresario el amor de Juan Jiménez por Canaima trasciende los oficios para echar raíces en los tepuyes y defender la conservación de este templo natural.
Natalie García Foto William Urdaneta
Juan Jiménez nació en San Pedro de las Bocas, donde se unen el río Paragua y el Caroní, pero su vida ha estado marcada por los tepuyes y la Laguna de Canaima en donde está asentado desde muy joven.
Su padre andino y su madre upatense le inculcaron el valor del trabajo y la importancia del esfuerzo propio, siendo esto un norte en su vida que lo ha llevado a superarse constantemente.
Jiménez pasó por todos los oficios, primero fue maletero en el aeropuerto, luego cocinero, constructor, guía turístico, motorista, carpintero y demás hasta que se inició como empresario hace más de dos décadas teniendo gran éxito al frente del campamento Parakaupa, que significa “la tierra fértil que se cosecha”.
No lo hizo solo, su esposa Gaby Truffino, hija de uno de los fundadores del turismo en la localidad, fue su compañía en este proyecto. Sin embargo, es Jiménez el que se destaca por su carisma y constante curiosidad por aprender y saber.
Aunque sus padres llegaron a Canaima navegando por el Carrao en busca de oro y riquezas en la década de los años 70, él se ha rehusado a la mina y por el contrario se volcó a la conservación.
No es raro oírlo hablar de los pajaritos, de una posible solución a la tala de árboles dentro del parque para obtener madera, de la posibilidad de tener un poblado más ecológico y de sentar las bases para que todos nativos y no nativos respeten a la naturaleza por su gran importancia.
Preguntarle sobre esos detalles desata una larga y nutrida conversación en la que sencillamente detalla la grandiosidad de un paisaje tan exuberante y a la vez tan frágil como el de Canaima.
“Tenemos que saber explicar la importancia de la conservación, tenemos que dar una explicación que surta efecto. Este es un lugar maravilloso, y hay que cuidarlo. No importa que seamos nativos o no, todos somos importantes todos tenemos derechos, todos tenemos deberes. Es vital la conservación”, comenta.
Juan Jiménez es uno de los grandes colaboradores de Canaima. Durante los preparativos para el 50 aniversario del parque nacional ha estado presente con su apoyo e ideas, y siempre está presto a presentar ideas que ayuden al cuidado de este mágico lugar.
- ¿Cuando llegaron sus padres buscando minería, esto ya era parque nacional? - Mis padres llegaron como en el 68’… aquí todo era mina, pero nosotros no estábamos por aquí sino más arriba. Después nos vinimos a Canaima.
- ¿Usted fue minero? - Sí, pero no me gustó. Es algo muy básico que no deja conocimiento, agarrar real y cargar dinero sin buscar para saber, abrir huecos. Yo me estuve analizando y cuestionando el tener dinero sin aprovechar la mente para nada, sino pensar siempre que abro un hueco y voy a tener oro.
- ¿Cuándo empezó a interesarse por el turismo? - Los europeos sí saben de turismo, nosotros no sabíamos nada. En la época del inicio de Canaima todo era conuco y mina, no había otra forma. Yo comencé con el turismo en el 80, en mi caso yo aprendí mucho de Ucaima con Ruddy Truffino. En esa época había varios europeos, y aprendimos de ellos. Ellos sabían.
- ¿Antes cuánto se tardaba en llegar al Salto Ángel? - Cinco días, porque los motores eran más pequeños, los sistemas eran viejos, no era como ahora. Los motores eran de 5 caballos, luego de 18 caballos, luego el de 40, y ahora de 75 caballos.
De esa época a la actualidad hay un cambio grande. Pero si te soy sincero a mí me gustó más la época de antes que la de ahorita, aunque se ha aprendido más y hay más tecnología en relaciones humanas lo de antes era mejor.
El turismo era antes con más relación humana, con más honestidad, con más calidad. Ahora no hay calidad humana hay calidad de dinero, antes se apreciaban más las plantas, las orquídeas, se respetaban los sitios sagrados. Ahora nada, le meten hasta clavos a los sitios (los escaladores).
Nosotros apenas estamos comenzando con el turismo, sabemos el fondo del dinero pero no apreciamos, no le damos esa importancia ecológica. Antes sí la había.
- ¿Qué opina de la celebración del 50 aniversario de Canaima? - Esto es un paso, pero no es todo. Es un pasito, creo que de aquí a tres años puede que veamos resultados. Nosotros tenemos que dejar las huellas ahora, en algunas de las cosas, porque muchos dicen pa’ qué me voy a meter en eso, pero ese corazón que estamos poniendo a esto tiene que quedar.
- ¿Si tuviera que pedir un deseo para Canaima en este aniversario qué pediría? - Que la juventud se manifieste en la parte ecológica, en la conservación en la preparación, es muy importante que se preparen para el futuro. Cómo sería un turismo más sustentable. Ya la etapa que pasamos nosotros fue la más natural e intentamos hacer el menor impacto, pero veo que la juventud viene ahora con más facilismo, menos importancia.
Creo que en el colegio debe haber un sistema educativo ecológico, que se enseñe la mejor forma de que esto se mantenga en el tiempo. No por hoy y mañana, sino en el futuro.
Creo que la preparación en Venezuela para el turismo ecológico no es suficiente. Tenemos una cultura muy pobre en ese sentido, debemos buscar otras alternativas afuera donde sí hay demostraciones de cómo se han mantenido los espacios. Aún no estamos listos y considero que un buen turismo debe buscar ejemplos y prepararse afuera. No somos un país que tiene tanto desarrollo en ese sentido y tenemos que reconocerlo.
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