Viernes, 18 Marzo 2016 00:00

Caso Tumeremo convirtió al gobernador de Bolívar en objeto del repudio

 
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Pese a los reclamos, el primer mandatario regional ha sido una ausencia en Sifontes Pese a los reclamos, el primer mandatario regional ha sido una ausencia en Sifontes Foto William Urdaneta

Instituciones, partidos, organizaciones y ciudadanos han dirigido sus cuestionamientos a Francisco Rangel Gómez por desmeritar el dolor y los reclamos de las familias de los desaparecidos en Tumeremo.

     
 

De la vehemencia a la cautela

5 de marzo


6 de marzo


7 de marzo


9 de marzo

14 de marzo

 
     

Ese sábado, 5 de marzo de 2016, Francisco Rangel Gómez conmemoraba los tres años de la muerte de Hugo Chávez. Ya los llantos de familiares de los mineros desaparecidos en Tumeremo retumbaban desde, al menos, la mañana de ese día. Y sin embargo, el gobernador había encontrado algo mejor que hacer: repetir las consignas de rigor hacia el fallecido bajo el solazo de la Plaza Bolívar de San Félix.

Culminado el templete y luego de las siete y media de la noche, finalmente Rangel Gómez habló públicamente a través de Venezolana de Televisión. Para negar todo. Para repetir un guión manido, el de los inventos de la derecha, y para pasar por alto el dolor y el reclamo de las familias.

“Es absolutamente falsa la información que lamentablemente personajes de la derecha han estado mencionando en relación a veintitantos muertos. Se hizo un rastreo y no hay absolutamente nada. Ya se conocerá si hubo algún resultado, pero en el rastreo no se encontró nada”. No hubo repreguntas. No hubo otras aristas. Ni hablar: lo entrevistaba VTV, el canal de todos los venezolanos pero, en la práctica, órgano divulgativo del partido de gobierno.

En breve, su nombre fue repudio en Tumeremo. Más cuando, al día siguiente (domingo 6 de marzo), el Ministerio Público designó fiscales nacionales para investigar el caso. En Tumeremo y, sin dilación, en Venezuela. 

Recular (porque no queda otra) 

El lunes 7 de marzo, en lo que la coordinadora del Centro de Derechos Humanos de la UCAB, Ligia Bolívar, ha denominado las declaraciones más cantinflescas de la historia política venezolana, Rangel Gómez aflojó la tuerca con el caso. Entonces, relativizó el asunto para dejar una rendija a la teoría de la masacre (a pesar de que el equipo de prensa de la Gobernación circuló, con empeño, un artículo titulado Las claves de la masacre virtual en Tumeremo).

Su galimatías: “No estoy diciendo que no hay o que no puede haber fallecidos, es muy distinto. Para nosotros de acuerdo a la información que hemos estado manejando hasta el momento no hay prueba de eso. Debió haberse desarrollado un enfrentamiento entre bandas armadas en la zona, enfrentamientos que han sucedido en otras oportunidades”.

Al gobernador le  tocó atravesar la borrasca de las críticas y los insultos. Sobre todo cuando, con el paso de los días, no aparecía en Tumeremo y él aminoraba mediáticamente el hecho. Insólito, más cuando se trata de uno de los hombres más mediáticos del pesuvismo, el mismo que se encadena con 70 emisoras para que la región escuche su voz a través del programa Gobierno al día, que ha tapizado la región con su foto, que protagonizó, con camisa colorida y título de madamo, los últimos carnavales y que, sin empachos, ha asegurado que en Bolívar se vive cada día mejor.

Rechazo institucionalizado 

Twitter fue el primer paredón de repudio a Rangel Gómez. Paulatinamente, instituciones, organizaciones no gubernamentales y partidos políticos (principalmente, La Causa Radical a través de Américo De Grazia) se unificaron en el rechazo a las palabras del general.

La semana entre el 7 y el 14 de marzo fue de señalamientos sostenidos que, en esa última fecha, tuvieron su punto de ebullición: ese día, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, anunció que los cadáveres de la masacre habían sido localizados. Ella misma, por cierto, tildó como apresurada la reacción del gobernador al negar los hechos.

Pero más que el insulto generalizado, la crítica subyacente apuntó a la irresponsabilidad al desestimar de buenas a primeras, el caso; a la indiferencia ante las familias y a la ausencia. Pues, al menos hasta la fecha de impresión de esta edición, Rangel Gómez no había aparecido en Tumeremo.

Ha dicho que estuvo en Sifontes de corazón. Que él tiene a su gente allí y que, a través de ella, ha estado al tanto de los hechos. Curioso, pues sí ha tenido tiempo para rendir pleitesías a Chávez en San Félix, para ofrecer ruedas de prensa en Puerto Ordaz, para transmitir su programa de radio en Ciudad Bolívar o para viajar dos veces a Caracas: una para denostar de Barack Obama en una marcha antiimperialista y otra para entrevistarse con Vladimir Villegas y dar la cara… en televisión.

Rangel Gómez repite el mismo patrón de la masacre de La Paragua en 2006: negar el hecho y ausentarse. Estar de corazón, esta vez, no bastó. El eufemismo quedó corto. Y el repudio imperó. Las facturas políticas llegan.

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