Sábado, 12 Marzo 2016 00:00

Silencio y miedo imperan en Tumeremo a una semana de la desaparición de mineros

 
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El Gobierno activó una Zona Especial Militar en Tumeremo con el supuesto objetivo de detener la violencia en las minas El Gobierno activó una Zona Especial Militar en Tumeremo con el supuesto objetivo de detener la violencia en las minas Fotos Wilmer González

Los familiares se han dispersado luego de que el Gobierno militarizara el pueblo el pasado jueves.

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                                                  Correo del Caroní, El Pitazo, Runrun.es

     
  “Hay demasiada corrupción y uno aprende a vivir. Lo que pasa todo el mundo lo sabe pero no pasa nada, y por este negocio, le digo, uno escucha muchas cosas”, relata una mujer de 45 años.  
     

En el lugar donde hace una semana decenas de personas acampaban exigiendo la aparición de mineros, ahora solo queda vasos de plástico, papeles, pedazos de carteles, palos y unos 25 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que custodian las dos calles agujereadas de la carretera nacional.

Metros más adelante, en el corazón del pueblo minero de Tumeremo, capital del municipio Sifontes, parece que nada ocurrió.

A no ser por las otras dos docenas de militares en la Plaza Bolívar, en Tumeremo, no quedan indicios de la protesta ni del clamor de familiares pidiendo el cuerpo de sus familiares, asesinados en una emboscada en el camino a la bullita, según los relatos de algunos sobrevivientes.

Persiste, eso sí, el silencio y el temor, aunque esa ya es una característica habitual de los pueblos al sur del estado Bolívar, sectorizados y gobernados por bandas armadas que, en ocasiones, se autodenominan sindicatos mineros.

La presencia de efectivos de la Fuerza Armada Nacional (FAN), en el marco de una Zona Especial Militar decretada por el presidente Nicolás Maduro - antesala del proyecto económico Arco Minero-, no ha traído tampoco la paz al pueblo ni al barrio.

Este viernes es parte del cotilleo el hurto de un celular a una muchacha en plenas narices de los guardias. Los mototaxistas, principal modo de transporte en este pueblo de 50 mil habitantes, también dan cuenta que este 11 de marzo robaron una moto a uno de sus compañeros. “Ellos están aquí en el centro, pero ¿usted cree que esos van a andar así por aquí? ¿Por qué no se meten para las minas?”, inquiere uno.

Ahora que el comercio retoma de a poco su actividad, algunos se atreven a hablar. “No es que estemos más seguros, pero algo ayuda”, dice una mujer que vende almuerzos alrededor de la plaza, y que relata como hace unas semanas salió ilesa del intento de un cobro de vacuna, una práctica habitual de la delincuencia a los comerciantes.

“Aquí todo es así, todo. Hay demasiada corrupción y uno aprende a vivir. Lo que pasa todo el mundo lo sabe pero no pasa nada, y por este negocio, le digo, uno escucha muchas cosas”, relata esta mujer de 45 años, casi sin pedírselo pero en una especie de catarsis.

La plaza es, quizá, el lugar más seguro por estos días. Un anciano lee periódico aplaciblemente, los niños corretean alrededor de la estatua de Simón Bolívar y los adultos murmuran.

En los últimos cinco días el comercio mantuvo abajo las santamaría, aunque no se sabe si por miedo o en solidaridad. Los protestantes y familiares prefieren pensar que fue por esto último.

En los alrededores de las calles del pueblo hay vendedores informales en las aceras con productos escasos como champú, detergente y en los locales chinos hay champú Pantene a 800 bolívares. Los compradores de oro han abierto sus puertas, también han regresados los vendedores de hamburguesa en los alrededores de la plaza. Lo que no cambia son los temas tabú.

La limpieza

     
 

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Aunque en voz baja, a veces, se logra extraer algunas hipótesis a los pobladores. En Tumeremo la gente sabe que las paredes hablan y lo hacen saber.

- Deja de estar sapeando, dice un mensaje de texto que un muchacho muestra a una corresponsal extranjera minutos después de que conversara con ella. “¿Si ve?”.

A eso, justamente, es a lo que todo el mundo teme. En la plaza, por ejemplo, hay muchachos solitarios parados cada tanto que miran con cautela los pasos de la prensa, decenas de periodistas de todas partes de Venezuela que han pisado Tumeremo por la noticia internacional.

Lo que pasó ya ha sido descrito por sobrevivientes a los periodistas. Fueron emboscados en una alcabala pasando por el fundo Los Peregrinos, camino a las adyacencias del hato Atenas en El Miamo. Luego asesinados selectivamente, en atención a una lista que los vinculaba con otras bandas  para hacer una limpieza. Hablan de una veintena, pero aún el Estado no ha encontrado ningún cuerpo. Este jueves Amnistía Internacional lanzó una alerta urgente sobre la desaparición de los mineros.

Lo que nadie explica con certeza es por qué la banda de el Topo, liderada por un ciudadano de nacionalidad ecuatoriana de nombre Andrés Ulloa Suárez (identidad confirmada este viernes por el Ministerio de Interior y Justicia a seis días de la protesta), habría prometido limpiar la bulla El Miamo, presuntamente del hampa.

Ese dato, además, ha permitido despejar las dudas sobre una banda también apodada el Topo, la tercera más peligrosa del estado según una nota de la Gobernación, cuyos cabecillas fueron detenidos en 2015 en la mina El Dorado, y sobre la cual recayeron las primeras miradas. 

Vecinas de Las Caraticas, de donde proviene la mayoría de los mineros desaparecidos, aseguran que en la masacre involucraron a inocentes.

Hace unos días funcionarios del Ejército se metieron en la casa de una de ellas buscando malandros. La apresura una de sus vecinas, “cuéntales, cuéntales”.

- Ellos estuvieron allá en la casa hace como una semana, fueron en una Ford Tuner.

- ¿A quién buscaban?

- Estaban buscando era malandros, sin decir nombre ni nada.

- ¿A alguno de sus hijos?

- No no, a malandros. Me robaron el teléfono de mi esposo, y yo lo denuncié. Pero… yo estoy aquí más que todo, para hablar de los desaparecidos. De los casos que yo he visto el Cicpc sabe todo, ellos llegan en procedimientos, se meten en las casas y hacen desastres. Luego dicen dame tanto. Esa corrupción no la queremos más aquí.

- ¿Cuánto les piden?

- Quitan 800, 700, 600 mil bolívares si la persona no tiene nada que ver con la droga. Eso es terrible lo que estamos viviendo. Así le hicieron al muchacho que mataron en la bullita.

- ¿Cómo sabe que lo mataron?

- ¿Sabe por qué? Porque hay muchos testigos, lo que pasa es que están asustados. Ellos quizá están esperando pasar su broma, pero hay bastantes testigos, bastantes que hay… no queremos ese cuerpo aquí, el Cicpc.

Termina su relato y pregunta a la vecina si conoce a un muchacho que escucha la conversación. “Es que aquí uno no sabe quién es quién, ¿me entiende?”.

Otros vecinos confirman que en la supuesta limpieza cayeron inocentes, y no saben por qué.

     
 

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Desesperanza

La sensación generalizada, sin embargo, es que nada va a pasar. “Eso va a quedar así, acuérdese de mí”, apunta un abuelo en la Plaza Bolívar, a unas casetas de la Fiscalía a donde han estado asistiendo los familiares a rendir declaraciones.

- ¿Por qué dice que va a quedar así?

- Porque los muertos no hablan, mija. Y aquí ya a algunos les han avisado que no busquen más, que muertos están, y que dejen eso así.

Esas son las visitas de las que todos hablan. De hecho, los familiares se han dispersado tanto que a la prensa se le ha hecho difícil retomar el contacto con varios de los parientes que pegaron fotografías de sus hermanos e hijos, en los primeros días de protesta en la Troncal 10.

Aún en la dispersión, las familias han estado actuando por su cuenta. Otros, cercanos a el Potro -tenedor hasta entonces de la bulla El Miamo- han emprendido la búsqueda de sus hombres.

Este sábado 12 de marzo se vence el plazo que dio el Ministerio Público a las familias para dar respuesta sobre sus desaparecidos. Lo recordó el hermano de un mototaxista que espera en la plaza. “A esta gente se le vence el plazo mañana… ellos creen que vamos a trancar por el mismo sitio”.

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