Jueves, 10 Marzo 2016 00:00

Los siete pecados capitales del Gobierno en el sector minero

 
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Los siete pecados capitales del Gobierno en el sector minero Foto Germán Dam V.

Lejos de defender el territorio y resguardar el patrimonio ecológico, los militares están vinculados a la corrupción, el gobierno apuesta a reforzar la presencia militar.

     
  “Las autoridades competentes están haciendo las tareas que tienen que hacer para aclarar esa situación y buscar a los responsables (…). Esas masacres vienen porque no se han tomado algunas previsiones de quiénes son estas personas, de dónde vienen… y bueno aquí va a estar el gobierno revolucionario, ahora con el registro único de quiénes van a estar trabajando la actividad minera”. Junio de 2014: Nicia Maldonado, para entonces ministra para los Pueblos Indígenas y ministra de la Región de Desarrollo de Guayana (REDI Guayana).  
     

Érase una vez un mito. Érase una vez un rey llamado Midas. Érase una vez la historia de un rey que entendió la riqueza como el brillo del oro. Érase una vez que su falta de previsión y de lógica lo llevó a su perdición. Érase una vez la historia de un gobierno venezolano.

A diferencia de Midas, este gobernante no tiene la capacidad -aunque sí los mismos efectos perniciosos- de transformar en oro cuanto toque. Al contrario. La imitada visión socialista ha llevado a Nicolás Maduro a cometer los errores de quien heredó la silla de Miraflores.

La fórmula empieza por desoír a los mineros artesanales, a los indígenas, a la población; luego alardea de enviar más militares; y, por último, olvida. El pecado de la ignorancia.

Copiar y pegar el esquema sólo puede resultar en esperar el mismo resultado, predecible y dañino para el progreso y las arcas del país. En su afán por parecerse a su predecesor, en Miraflores no entienden que los cinco planes de rescate para el sector minero sólo han devenido en: corrupción, más militarización, depredación del patrimonio nacional, destrucción del ambiente y más violencia. El pecado de la indolencia.

Estos gobernantes creen que al pactar con grupos parapoliciales los tienen en su control. Otro error, pero este mucho más grave: el pecado de la ingenuidad.

Más militares

En 2003, el primer ensayo se llamó Plan Piar. El tema ambiental no estaba del todo claro y no era una prioridad: debía preservarse la ecología en lo posible. Su fundamento: incluir a los pequeños mineros en los cinco ejes del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación (Económico, Social, Político, Territorial e Internacional).

El segundo intento no demoró mucho. En 2004, pasó a denominarse Misión Piar para “dignificar la calidad de vida de los pequeños mineros, fomentando el aprovechamiento racional y organizado de los recursos y apegados a la normativa ambiental”. El gobierno apuntaba a promover el empleo desde la agricultura y la piscicultura.

Dos años más tarde llegó la Reconversión minera: sacó a los mineros de la cuenca del Caroní con la promesa de financiamiento para la explotación de otras áreas.

En 2010, el cuarto plan fue bautizado como Plan Caura. Con él, el gobierno de Chávez intentó desalojar a los mineros de Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro.

La cuestión ecológica estuvo más clara con el Plan Caura. Igual que la militar.

Pulso con los verdes

“Es un gran logro saber que ya no hay personas destruyendo la naturaleza, destruyendo la selva en estas cuencas de estos importantes ríos”, afirmó en julio de 2010 el entonces jefe de la Región Estratégica de Defensa Integral Guayana, Henry Rangel Silva. Según él, 20 mil personas fueron desplazadas de la zona y fueron rescatadas 40 mil hectáreas.

Este plan apuntaba a frenar la devastación ambiental, producto de la minería ilegal. Su espectro era mayor: incluía la seguridad y defensa territorial, cultural, social, geográfico, militar, económico y político.

Incorporar los términos seguridad y defensa territorial suponía, por tanto, más presencia militar. Ello ha exacerbado la paciencia en los cuatro puntos cardinales del estado Bolívar:

A mediados de febrero de 2015, indígenas de las comunidades del Alto Caura retuvieron a 10 militares, a quienes acusaban del pecado de la extorsión con el despacho de combustible.

En febrero de 2013, ocurrió un hecho similar en la comunidad de Urimán, en el sur de Bolívar. 43 castrenses fueron retenidos y desarmados como protesta por las restricciones. El gobierno alegaba que los indígenas abastecían de insumos a los mineros ilegales. El pecado de la anarquía.

En octubre de 2011, pemones capturaron a 22 efectivos del Ejército y de la FANB por estar -según ellos- explotando en una mina de oro de la que los indígenas habían sido desalojados meses atrás.

En abril de 2015, ante una ola de violencia en los municipios El Callao, Sifontes y Roscio, habitantes de estas zonas pidieron intervenir la GNB por sus estrechos vínculos con la corrupción.

Motor minero

Midas creía en la opulencia, en la ambición voraz sobre otras necesidades humanas. Esa fue su carencia espiritual y lo que lo condenó como gobernante. Igual que al Antimidas. El pecado de la tozudez.

¿Qué salvó al rey de Frigia? La mitología griega recuerda que la absolución al regente llega por el arrepentimiento y el reconocimiento y la rectificación.

Sectores en el Gobierno intentan crear suspicacias ante la anarquía anclada en las minas y el regreso de la trasnacional Gold Reserve a Bolívar. En este estado, no existe violencia, sino saña en los homicidios; entre las razones: el tráfico ilegal de armas, de droga y de minerales; proliferación de grupos armados.

En marzo de 2015, el gobernador Francisco Rangel Gómez calificó como arduo el trabajo para desmantelar la minería ilegal; también responsabilizó a grupos paramilitares de los saqueos en San Félix en julio de 2015. Entre estas bandas y la derecha internacional, el ejecutivo regional juega solo el ping-pong.

¿Por qué no ha sido efectiva su lucha contra estos grupos irregulares? En enero de 2014, el entonces ministro Miguel Rodríguez Torres reconoció -al lado de Rangel Gómez y de los 11 alcaldes del estado- que las bandas armadas hacían lo que les daba la gana en Bolívar.

No es sólo el hallazgo de cadáveres de los mineros en Tumeremo, es la búsqueda y captura de los culpables de las masacres. Seguir fallando es el pecado de omisión. Así inicia el motor minero, el sexto intento para rescatar este sector de la economía.

Visto 6271 veces Modificado por última vez en Martes, 15 Marzo 2016 17:18

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