Domingo, 28 Septiembre 2014 00:00

“Juro que voy a luchar porque se haga justicia”

 
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Dora Rojas de Cermeño pasó todo un embarazo en cama por miedo a tener un aborto Dora Rojas de Cermeño pasó todo un embarazo en cama por miedo a tener un aborto Fotos William Urdaneta

La muerte de Juan Carlos Cermeño Rojas dejó tatuado el duelo infinito no sólo de la pérdida de este trabajador de Empresas Polar, conocido por su bondad y gran espíritu de trabajo, sino también por el dolor de saber que su homicidio ocurrió frente a la Subdelegación del Cicpc, en Ciudad Bolívar, y la Policía científica guarda silencio por el crimen. Quienes no callan y mantienen la denuncia son sus padres, familiares y quien era su prometida. Dora y Julio no dejan de insistir en que no descansarán hasta que se haga justicia.
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Más allá de la tragedia, en el seno de la familia Cermeño Rojas no cesa la sombra del dolor. Los sueños de Juan Carlos y su familia fueron cercenados por la fatalidad. 30 años tenía cuando 2 heridas de bala acabaron con su vida.

“Nos dejó muy pronto, nos lo quitaron y llenaron nuestra vida de tristeza. Sé que está con Dios pero no fue Dios quien decidió llevárselo, no. Fue el Cicpc en complicidad con Enaginor Figuera quienes lo mataron”, señala Julio Cermeño manifestando su deseo de mirar a esa mujer a los ojos, tenerla al frente y preguntarle por qué mató a su hijo.

Juan Carlos fue asesinado el pasado 18 de agosto frente a la Subdelegación del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de Ciudad Bolívar.

Eran las 8:26 minutos de la noche del lunes cuando las balas dieron inicio a la pesadilla. “Esta muchacha (Enaginor) es la principal sospechosa del asesinato. La acuso de ser cómplice del Cicpc, de los desalmados que dispararon contra mi hijo e intentaron armar un teatro tras su muerte. Esa tarde mi hijo salía de Alimentos Polar y muchos amigos le ofrecieron la cola, pero ella le insistió telefónicamente para llevarlo a casa de su primo, frente a la Subdelegación Ciudad Bolívar del Cicpc, cuando iban llegando lo mataron”, afirma Julio.

Las acusaciones de Julio ceden ante la interrupción de Dora, su esposa, quien entre llanto y con fotos de Juan entre sus manos manifiesta el desaliento por la ausencia de Juan Carlos.

“Nadie sabe cómo duele extrañar un beso de mi hijo y más aún, escuchar su voz o su risa. Quisiera retroceder el tiempo y escucharlo, sentir un abrazo o un beso de mi negro. El Cicpc me quitó la vida, arrancó parte de mi alma”, lamenta.

Prematuro
Juan Carlos, quien tenía siete años trabajando para Empresas Polar, nació en Caracas el 3 de marzo de 1984. Su gestación fue complicada e incluso nació prematuro, a los ocho meses. Luego de una batalla por tenerlo -afirma la madre- “me lo arrancan como si se tratara de un perro. A los 2 meses del embarazo de Juan una doctora me dijo que tenía principios de aborto y que me tendría que hacer un curetaje, me negué. Me fui a ver con otro especialista en la Maternidad Concepción Palacios y me dieron reposo absoluto. Pasé 8 meses en cama, sin poder hacer nada para traer a mi negro al mundo ¿para que me lo vengan a quitar así? Pues no. Yo luché por él, lo tuve y ahora con más fuerzas voy a luchar porque se haga justicia. Lo juro”.

“Cuando el médico le dijo lo del aborto yo le dije que se hiciera el curetaje, ella me dijo: tú sabes una vaina Julio Cermeño lo voy a parir así me muera y lo parió”, intervino Julio.

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El último encuentro
Julio y Dora, acompañados de sus otros 2 hijos y su nuera Ada Marval (la prometida de Juan), recordaron que un día antes del asesinato compartieron en familia en una finca del esposo de Ana María: la única hembra de los tres hermanos de la familia Cermeño Rojas.

“Lo vimos el domingo, como siempre hicimos una reunión en familia, cuando se fue me abrazó, me beso... y se fue. Fue esa la última vez que lo vi antes de que nos entregaran su cadáver”, lamenta Dora.

El lunes, a las 5:20 de la tarde, Juan llamó por teléfono a su mamá para pedirle el número de teléfono de su primo César Armando. No podría regresarse ese día a su casa, en Puerto Ordaz, y le pediría a su primo quedarse en la suya.

“Le di el número de su primo y a las 8:16 de la noche lo llamé preguntándole qué había hecho, me dijo: ya voy llegando, cuadré con César Armando y me voy a quedar aquí. A las 9:00 de la noche llamaron a mi esposo para decirle que Juan había tenido un accidente”, relata.

Sin pensarlo, Julio y Dora se fueron a Ciudad Bolívar desde San Félix. Al llegar observaron un carro (un Mitsubishi Signo gris, placas OAN-60Y) tiroteado. Juan Carlos no estaba.

“Juan fue trasladado por la Policía municipal de Heres al Hospital Ruiz y Páez. Ya estaba muerto cuando lo llevaron. A la 1:30 de la madrugada del martes logré entrar a la morgue, lo vi sobre una bandeja ensangrentado y le juré que haría justicia, no pienso romper ese juramento. La PTJ (Cicpc) le quiso quitar la ropa a mi hijo para decir que fue un enfrentamiento pero les quedó mal la dramatización. Pensaron que no íbamos a hacer nada pero yo sí voy a luchar. Yo voy a seguir sufriendo porque no lo voy a olvidar, se me fue mi hijo, me lo quitaron, pero lo llevo dentro de mí. Mi lucha no parará, jamás. Nosotros éramos felices y nos destruyeron”, señala Julio.

A8JuanJuan Carlos sufrió dos heridas de bala, una de ellas en la cabeza

Una lucha difícil
Parientes de Juan mencionan que a raíz del crimen toda la vida les ha cambiado. El mayor de los hermanos, quien lleva el nombre de su padre, Julio, manifiesta que lo ocurrido no lo ha llenado de rabia, pero sí de impotencia al no poder hacer nada. “Me da rabia es ver a mi madre llorar y no poder hacer nada. Camino en la calle y si veo a un funcionario siento desconfianza, la impunidad hoy nos tocó a nosotros, a mi familia, y ellos (el Cicpc) no dejan de dormir ni de comer por matar”, expresó.

Julio lo recuerda como “un joven muy feliz y con una personalidad muy definida”, por el que siempre se preocupaba. “Es difícil ver que te lo entreguen así, muerto. Es como que te dicen ‘¡Llévate esa vaina!’, una indolencia que tienen los organismos con los familiares. Es como una burla. Es un órgano que apoyan las infamias y no hacen honor a su trabajo: investigar y hacer justicia”, lamenta.

“Mi hermano era emprendedor. A mí me llenaba de orgullo saber que era un ser responsable, que ya no era el niño que siempre vi sino que podía defenderse, trabajaba, se valía por sí solo. Yo estaba orgulloso de mi hermano, sentía satisfacción de verlo. Cuando a él lo estaban enterrando yo imaginaba el futuro, nos veíamos viejos los tres y que él se riera de las cosas que yo hacía. Que nuestros hijos estuvieran a nuestro alrededor, él era el menor, tenía mucho por qué vivir...”.

A8ProtestaSus familiares y amigos han hecho manifestaciones exigiendo justicia

Planes de matrimonio
En octubre de 2013 Juan le pidió matrimonio a Ada, aunque no tenían fecha pautada pensaban concretarlo en el 2015. “Ahora quedo sola, él era mi compañero de vida, teníamos planes juntos. Para mí es un ejemplo a seguir”, confiesa la mujer que, sin casarse, lleva en sus adentros el lamento de una viudez inesperada.

Ada y Juan tenían 6 años juntos. “Él era increíble, no tenía maldad en su corazón, le daba la mano a quien le clavaba una puñalada. Era un ser único, él con su mirada y sonrisa expresaba mucho. Nunca tenía un pero, algo negativo. Siempre veía las cosas buenas”.

Así lo recuerda la prometida. Como el “negrito”, como el que trabajaba cuando empezó de cero en Alimentos Polar. Seis años antes era ayudante de almacén, de ahí ascendió a montacarguista, luego a analista y finalmente como supervisor. “En menos de dos años subió a tres cargos. Daba todo sin recibir nada a cambio”.

Sus sueños eran los de muchos: una familia, casarse y éxito en el trabajo. “Él tenía un espíritu de superación grandísimo. Cuando lo llamaron para que fuera supervisor en Empresas Polar estaba feliz, se fue un mes a Barcelona. Me decía que iba por la gerencia, eso quería. Su espíritu de superación era muy grande. Yo extraño sus abrazos, sus besos. Todo”, reitera Dora.

Pero su hija Ana María la interrumpe: “mi primo sabía que Juan estaba cerca y lo llamó para decirle que no llegara porque estaban echando tiros. La llamada no la contestó Juan sino Enaginor. Le dijo que le dispararon a Juan Carlos. Él bajó y ya se habían llevado a Juan Carlos, Enaginor repetía que fue la PTJ que lo mató fue la PTJ”.

¿Por qué me lo mataron? ¿Cuál fue la razón? ¿Sería un crimen pasional? Son algunas de las interrogantes de la familia Cermeño Rojas, quienes hablaron de los rumores de que ella, Enaginor, tenía amores con un funcionario de la Policía científica.

“No sabemos si es cierto y tampoco nos interesa, lo que queremos es justicia”, manifiesta el padre del joven fallecido, apuntando que “el sufrimiento más grande de un padre es que le quiten la vida a un hijo, si muere de manera natural es por que Dios así lo quiso, pero a mi hijo fue la PTJ que me lo mató, Dios no me quitó a mi hijo, fue la PTJ que me lo arrancó a través de esa ciudadana”.

Amargas navidades

Dora, sin parar de ver las fotografías de su negro, manifiesta que “es un vacío enorme... no sé cómo voy a pasar diciembre, sin mi amor sin mi vida. Juro que no lo sé. Pasaré diciembre dormida. Mi hijo era quien nos llenaba de alegría. Es duro pero yo voy a luchar hasta el final, lloraré por siempre, pero me secaré las lágrimas para luchar... si tengo que amarrarme en algún lugar para que me den respuestas, me voy a amarrar. Esto se tiene que aclarar, no podemos continuar así, que cualquiera que tenga una pistola se sienta con poder”.
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Las cifras de la violencia guayanesa

592 homicidios se registraron en Ciudad Guayana en 2013.

410 homicidios se han registrado en Ciudad Guayana en 2014.

48 homicidios en lo que va de septiembre de 2014.

50 fueron los asesinatos en septiembre de 2013.

7 muertes violentas se cometieron entre el 21 y 28 de septiembre.

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