Domingo, 07 Septiembre 2014 00:00

“Es duro dormir en la cama que se manchó con la sangre de mi niño”

 
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“No dejo de pensar en lo mucho que sufrió mi niño antes de partir. Él quiso ser fuerte, luchó, pero no aguantó; el daño en la cabeza fue fatal” “No dejo de pensar en lo mucho que sufrió mi niño antes de partir. Él quiso ser fuerte, luchó, pero no aguantó; el daño en la cabeza fue fatal” Fotos José Leal

Una bala perdida de un fusil R-15 le quitó la vida a Jhonlier Antonio Barrios López, de dos años, en agosto de 2013. Su madre, Johalis Rosibel López, espera cumplirle la promesa que le hizo al despedirlo.

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Tras su partida no quedó nada que no sean recuerdos y tristeza. Dos años y siete meses tenía Jhonlier Antonio Barrios López cuando exhaló su último aliento. A su lado estaba su mamá, quien le tomaba la mano derecha mientras repetía: “Sé fuerte hijo, te quiero mucho”.

A las 7:21 de la noche del 29 de agosto de 2013, desde uno de los cubículos del piso 2 del Hospital Pediátrico Menca de Leoni, comenzaron a escucharse los gritos desesperados de la mujer: “¿Qué pasa? ¿Qué tiene mi niño?”. “Tienes que ser fuerte, no pudimos hacer nada”, fue la respuesta que recibió Johalis Rosibel López.

26 horas llevaba Jhonlier luchando por su vida: la bala perdida de un fusil R-15 se le alojó en el cráneo, luego de atravesarle el ojo derecho.

“Pensé que se salvaría porque de sus ojos le salían lágrimas cuando tomaba su manito y le decía que lo amaba. Estaba en vida vegetal, solo su corazón funcionaba. En el momento que los aparatos a los que estaba conectado se dispararon, entraron muchos doctores y me dijeron: Murió, no pudimos hacer nada...”, recuerda Johalis para agregar, luego, que ha sido lo peor que ha escuchado en su vida.

“Yo estaba ahí y no pude hacer nada. Desde que escuché esas palabras no ha regresado a mí ese pedazo del alma que me arrancaron. No dejo de pensar en lo mucho que sufrió mi niño antes de partir. Él quiso ser fuerte, luchó, pero no aguantó; el daño en la cabeza fue fatal”, narra, a un año de la muerte de su hijo.

Por el techo
Jhonlier estaba dormido en el centro de la cama de su mamá cuando el proyectil atravesó el techo de zinc de la casa 20, calle José Tomás Boves, de Brisas del Sur. El llanto del niño alertó a su tía.

Al entrar al cuarto lo consiguieron convulsionando. Su cara estaba ensangrentada. En ese momento, Johalis regresaba de la bodega: había salido a comprar pasta para la cena de ese miércoles.

“Él estaba consciente, se agarraba la cabeza y me decía: mami, me duele, me duele mucho... Lo llevamos al hospital y ahí los médicos decían que yo le había pegado, me quisieron llevar presa. Era mucha sangre pero no sabíamos la razón, pensábamos que un animal le había puyado el ojo, pero cuando le hicieron la tomografía fue que supimos que una bala había provocado todo”.

“No podíamos explicar eso. ¿Una bala? ¿Cómo?”, recuerda. Johalis se quedó en el pediátrico mientras que sus hermanas fueron a casa. Al entrar al cuarto observaron un orificio entre una de las láminas de zinc del cuarto principal. La cama tenía la marca de sangre.

Johalis, aparte de dolor, carga con un sentimiento de culpa debido a que “ese día, cuando le cayó la bala, yo lo regañé porque se hizo pupú encima. Él me dijo: ¡Mami, por qué me regañas! ¿Es que tú no me quieres? Yo no le respondí nada, lo bañé y lo acosté a dormir. Antes de salirme del cuarto, le respondí: Sí te quiero, hijo, duerme que yo voy a la bodega. Él me sonrió y cerró sus ojos. Esa fue la última sonrisa que me regaló”, lamenta la madre, quien en ese entonces tenía 19 años.

A8FotosUn álbum cargado de fotos es parte de los recuerdos que le quedan a Johalis Rosibel

¿Y el responsable?
Desde ese jueves, Johalis Rosibel no ha podido volver a pisar el hospital de Guaiparo. “Ese lugar me deja los peores recuerdos de mi vida. Ahí me dieron la peor noticia que cualquier madre puede recibir, mi hijo murió y no pude hacer nada”.

“Es un dolor, un vacío enorme el que siento en el pecho. Quisiera besarlo, escucharlo en las mañanas pidiéndome su tetero y luego una arepa”, expresa entre sollozos.

A raíz de la muerte de su primogénito, ella buscó tener otro hijo y así fue: Hace un mes dio a luz a Samir Jhonlier. “Pensé que con un nuevo hijo volvería la calma, pero me equivoqué. Los recuerdos siguen vivos y no pasa un día en que no deje de llorar a mi otro niño. Quisiera poder dormir toda una noche y no levantarme en las madrugadas pensándolo, buscándolo en el lugar que ya no está”.

Johalis acude tres veces por semana a la Fiscalía N° 13 del Ministerio Público en búsqueda de respuestas. “Cuando enterré a mi hijo le juré que no iba a descansar hasta que se hiciera justicia. Ha pasado un año y no lo he logrado. No sé de dónde accionaron esa bala y mucho menos quién. Quiero que busquen al responsable, que pague, quizás en ese momento yo pueda tener un poco más de tranquilidad”, sostiene.

Tragando grueso
“Tuve que pasar 15 días fuera de mi casa luego de la muerte de mi hijo. La primera semana, en cada amanecer, desde el techo de mi cuarto entraba la luz del sol justo por el hueco que causó la bala que mató a mi niño. Es muy duro tener que dormir en la misma cama que en una oportunidad quedó manchada con su sangre, pero Dios me ha dado fuerzas, tengo que luchar por el otro niño que me regaló, por él también siento miedo, me da terror dejarlo solo acostado en el cuarto”, manifiesta.

Con un álbum fotográfico entre sus manos, Johalis observa las fotos de los únicos dos cumpleaños de Jhonlier y lamenta que el pasado 9 de enero, cuando debió cumplir tres, “tuve que sustituir la torta por flores, globos y chuchería y nos reunimos en el cementerio con todos sus primos”.

A los “invitados” les entregaron una tarjeta donde se lee: “Hoy, a un año de tu partida, Mi Negro bello, te fuiste de nuestro lado dejándonos un gran vacío en nuestros corazones que nunca se llenará. Siempre estarás presente en mi vida, en mi corazón y llenarás mi mente con cada uno de los recuerdos que me dejaste. Fuiste un ser especial que recordaré toda mi vida... Dios te bendiga hoy, mañana y siempre”.

Azote del sector
Johalis tenía 17 años cuando supo de su embarazo. Meses después, se separó del padre del niño y fue Ramón, su abuelo paterno, quien le dio el apellido al niño. Para el momento de la muerte de Jhonlier, su padre biológico, Yordenis Barrios, estaba internado en una escuela militar en Upata, y supo del suceso luego de que el niño ya había sido enterrado.

“Era mi orgullo, compañero e ilusión, era él quien me hacía reír cuando estaba triste. ¡Es duro! Siempre sueño con él, le pido que me diga de dónde salió la bala. En sueños me dice que fue cerca, que el asesino está cerca”, relata la joven madre.

Jhonlier fue uno de los 45 menores de edad asesinados en 2013 en Ciudad Guayana. Su mamá no pierde la “fe de que algún día podré ver al responsable frente a mí. En la calle me saludan y no sé si una de esas manos fue la misma que accionó el arma que tanto dolor me ha causado”.

Al momento del crimen surgió la hipótesis de que fue un sujeto apodado “el Danielito” quien accionó el arma. Es señalado por manejar armas de guerra en el sector.

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas informó que se realizarían las comparaciones balísticas en la escena del suceso. Entre las evidencias que tenían para sus pesquisas está el casquillo de la bala que mató al niño, el cual fue ubicado a tres casas del sitio. De allí, nada más ha pasado.

Las cifras de la violencia guayanesa

- 374 homicidios se han registrado en Ciudad Guayana en 2014.

- 12 han ocurrido durante septiembre.

- 50 asesinatos ocurrieron durante el mismo mes de 2013.

- 15 muertes violentas se cometieron entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre.

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