Sábado, 23 Agosto 2014 00:00

“No quiero ver un juego de béisbol por el resto de mi vida”

 
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“Él medía casi 2 metros y sólo le faltaba musculatura para alcanzar las 95 millas por hora en sus lanzamientos”, recuerda Eduardo Viamonte, tío de Daniel Ventura “Él medía casi 2 metros y sólo le faltaba musculatura para alcanzar las 95 millas por hora en sus lanzamientos”, recuerda Eduardo Viamonte, tío de Daniel Ventura

Aunque los homicidas del pitcher juvenil en la Liga Celestino Grillet, y prospecto a las Grandes Ligas, fueron detenidos y condenados, su familia considera insuficiente la pena dada a los responsables… 10 años en prisión para el que disparó y 5 de arresto domiciliario a su cómplice.

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A8Daniel2Los pensamientos de María Georgina Márquez continúan en la noche de aquel 8 de febrero de 2013, cuando su único hijo varón fue asesinado a pocas cuadras de su casa. Las lágrimas caen por sus mejillas cuando imagina a Daniel Ventura practicando lo que era su pasión: jugar béisbol.

“Esto es irreparable e insuperable. Por más que tratemos, es muy difícil salir adelante”, comenta… el llanto y su semblante cambia al recordar el castigo -que considera insuficiente- que recibieron los homicidas: David Liome Rojas, de 20 años y conocido como Peluca, y Marco Antonio Aragón, de 22 y apodado Marquito… quien además es su vecino.

Al primero lo condenaron a 10 años de prisión por el delito de homicidio intencional calificado por motivos fútiles e innobles, mientras que al segundo le dieron cinco años de arresto domiciliario por su complicidad en el delito. El castigo fue dictado este 27 de mayo por el Tribunal 5° de Control, después de que ambos admitieron su responsabilidad.

El asesinato de Daniel Ventura Viamonte Márquez fue el número 14 de febrero del año pasado y 71 entre el primero de enero y el 8 del segundo mes. En 2013, Ciudad Guayana pasó del puesto 20 al 17 entre las urbes más peligrosas del mundo, por su tasa de 54 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia Penal de México.

“La familia de ellos quiere que yo les pague el daño que les hice a sus muchachos… ¿y la vida de mi hijo, quién me la repara? ¿El daño que le hicieron a nuestra familia quién lo paga?”, se pregunta María Georgina mientras revisa una carpeta en la que guarda fotos y noticias sobre su hijo, quien a los 18 años ya estaba en los radares de busca-talentos de las Grandes Ligas.

Esfuerzo desvanecido

La tragedia golpeó por primera vez a la familia Viamonte Márquez en 1997. Un compartir familiar terminó abruptamente cuando una yegua escapó de un corral y embistió a Miguel Ventura, el hermano mayor de Daniel. El golpe mató en el acto al niño, quien en ese entonces tenía 5 años. Desde ese día, María Georgina y Nelson, su esposo, velaron por Daniel.

“Lo criamos como un joven de bien y así era él: un muchacho sin malicia. Su papá y yo nos afincamos en darle lo mejor de lo mejor, pese a que vivimos en Barrio Guayana. No queríamos que ni él ni sus dos hermanas agarraran caminos equivocados. Lo logramos, pero parte de ese esfuerzo lo desvanecieron con 9 balazos”, solloza.

A8Mama
María Georgina Márquez, madre del pitcher asesinado por Peluca y el Marquito, no teme por lo que estos sujetos puedan hacerle una vez cumplan sus condenas

La puerta de la casa se abre y entra Eduardo Viamonte, tío del pitcher juvenil del equipo Antonio José de Sucre. Rápidamente interviene en la conversa y comenta que la familia es nativa del barrio y que hasta el 8 de febrero del año nunca habían tenido problemas con sus vecinos. “A ese muchacho, al Marquito, nosotros hasta le dimos comida”, revela con indignación.

El expediente de Daniel fue uno de los 79 casos -de las 592 muertes violentas en 2013- que se resolvió policial y jurídicamente. Esta cifra no aquieta la indignación de la familia:

“Marco Antonio nos cambió la vida. Destrozó a toda una familia y el castigo que recibió por eso son cinco años de arresto en su casa, cosa que no cumple porque más de una vez lo han visto en la calle, saliendo de fiesta y llegando de madrugada… nadie lo vigila y prácticamente sigue haciendo de las suyas”, lamenta el tío de Daniel Ventura.

Por un reclamo

Después del entierro del beisbolista de la Liga Celestino Grillet, su familia se enteró del porqué del crimen: un reclamo. Una petición bastó para que Marco Antonio vigilara por dos meses a su vecino de 18 años y luego, cuando se presentó la ocasión perfecta, llamó a sus compinches para que lo asesinaran a tiros… frente a su novia.

“Ellos le tenían envidia, porque Daniel era un muchacho muy querido. Su muerte fue sentenciada cuando un día Marquito robó un autobús y se metió en nuestra casa para huir de la policía. En la carrera, el funcionario casi dispara contra mi hija, que estaba recién parida, y ella se cayó con el bebé”, revela, ya repuesta, la mamá del joven asesinado.

A raíz de lo ocurrido, su hijo le pidió a su vecino que no volviera a poner en riesgo a su familia, que no involucrara a inocentes en sus problemas. Esa petición puso en marcha el plan que fue ejecutado el 8 de febrero, después de que el muchacho llegó del colegio.

“Marquito lo esperó en la bodega. Lo montó y avisó cuando Daniel iba subiendo a casa de su novia. No se había bajado de la moto cuando ya había recibido el primer tiro… luego Peluca se le acercó y le dio ocho tiros más, todos por la espalda, a traición”, relata María Georgina, quien sostiene una foto del hijo que la violencia venezolana le arrancó.

Sólo decepción

“La única esperanza que tengo es que me maten, porque más de una vez me lo han hecho saber… pero no tengo miedo, porque ya me quitaron una parte de mi vida. Todo esto nos ha arrastrado a situaciones que ninguna familia debería vivir…. tratamos de seguir adelante, pero es difícil, muy difícil”, agrega, cabizbaja, la madre de Daniel Ventura.

Sin tapujos, revela que en varias ocasiones la mamá de Marco Antonio ha ido a reclamarle a su casa por la condena de su hijo. Todos los reclamos han sido a través de la violencia y ello los llevó a tener que subir los paredones de su casa, para evitar que algún compinche de los homicidas brinque y arremeta contra su familia.

“Lo que pasó después del asesinato de Daniel hizo que nos decepcionáramos de la justicia venezolana… porque sólo queríamos justicia, una justicia verdadera y no pagando (…).Nos dimos cuenta que a punta de billete se compra la justicia y que el delincuente venezolano es un cheque en blanco para la justicia… un generador de riquezas”, subraya el tío del pitcher.

También manifiesta su sorpresa ante el nuevo proceder de los delincuentes: huir hacia adelante; denunciando intimidaciones y amenazas por parte de quienes fueron sus víctimas para continuarles el calvario. “Esto es algo inaudito y es triste que el Estado venezolano se muestre servicial ante un homicida, un ladrón o cualquier otro malandro”.

Recuerdos dolorosos

Para los Viamonte Márquez, hablar de béisbol es sinónimo de los sueños de Daniel Ventura. Por eso, en las reuniones familiares evitan tocar el tema y así avivar el dolor perenne. “No quiero ver un juego de béisbol por el resto de mi vida. Me trae tantos recuerdos de mi hijo… jugando y brillando como una estrella”, lamenta María Georgina antes de que el llanto corte sus palabras.

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“Desde los cinco años se estuvo formando en el béisbol… era su vida”, comentó la mamá del pitcher asesinado

“Él medía casi 2 metros y sólo le faltaba musculatura para alcanzar las 95 millas por hora en sus lanzamientos. El scout que lo estaba chequeando lo mandó a hacer ejercicios y su papá le compró una moto para que fuera al gimnasio… mi hermano le daba todo para que él no tuviera que buscar nada por fuera”, recuerda Eduardo.

Agrega que a raíz del homicidio, Nelson, el papá del deportista, cambió por completo. “Si a su mamá le duele, imaginen cómo está ese hombre que lo dio todo por su hijo. Ese muchacho era la luz de sus ojos, tanto así que hasta dormían juntos, Daniel dormía acurrucado a su lado”, describe el tío la relación entre padre e hijo.

Entre uno y otro recuerdo del prospecto, uno de los más dolorosos fue cuando Amalio Díaz, pitcher de los Navegantes del Magallanes, llegó -en octubre de 2013- a casa de Daniel para decirle que había altas posibilidades de probar con el equipo. “Su sorpresa dio paso al llanto… no podía creer que a mi hijo lo habían matado”, rememora su madre.

     
 

Otras amenazas y retaliaciones
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Además de los impases tenidos con la familia de Marco Antonio Aragón, el joven de 22 años condenado por el asesinato de Daniel Ventura Viamonte Márquez, los allegados del deportista han tenido que padecer retaliaciones y amenazas por parte de algunos integrantes de la banda de azotes de Barrio Caroní.

“Se recuerdan de los chivos que siempre se veían cerca de la cancha de la avenida Dalla Costa, eran nuestros y ya no están porque esa gente se encargó de robárselos y matarlos por mera maldad. Más de una vez nos mandaron fotos de cómo mataban a esos animales… sólo para provocarnos”, comenta Eduardo, el tío paterno del pitcher.

El relato es interrumpido por la madre del deportista asesinado el 8 de febrero del año pasado, quien agrega que, aunque David Liome Rojas, el otro condenado por la muerte de su hijo, le pidió perdón en el juicio… a los días de haber llegado a Puente Ayala, donde cumplirá la condena, comenzó a hacer comentarios sobre lo lacrado que estuvo cuando ejecutó el crimen.

“Lo más triste es que de esa sentencia de 10 años, con los beneficios que ahora dan a los presos, lo más seguro es que cumpla tres y vuelva a la calle. Por eso sólo rogamos a Dios que haga su justicia… porque acá en la tierra nadie lo hará”, señala antes de pasar a la sala de su casa, donde están los trofeos, medallas, diplomas y reconocimientos que su hijo cosechó como deportista.

 
     
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