Jueves, 17 Septiembre 2015 00:00

Contagios de VIH en las cárceles profundizan vía crucis de los reos

 
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Para 2014 la población de privados de libertad en Venezuela era de 55 mil 7 internos Para 2014 la población de privados de libertad en Venezuela era de 55 mil 7 internos

Desatención penitenciaria vulnera el derecho humano a la salud de los reos, quienes llegan a contraer enfermedades dentro de las cárceles por falta de condiciones de higiene.

     
 

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Las cárceles venezolanas tenían en sus celdas a 55 mil 7 reos en 2014. Más de 35 mil 500 habían sido procesados; 17 mil 369 ya tenían sentencia y 1.598 estaban en destacamento de trabajo. Solo 528 estaban en depósitos policiales y régimen de confinamiento. Ninguna de estas cifras sería alarmante si no se supiera que la capacidad instalada de todos los centros de reclusión del país es de unas 19 mil personas.

Mucho se ha dicho sobre el hacinamiento en las cárceles. De su condición de “depósitos humanos” y de la precariedad de las condiciones de higiene y seguridad tras los barrotes. Esta realidad, además de contribuir con la violencia y protestas intramuros, también devienen en el deterioro de la salud de los reos, que entre el vendaval de males posibles también han llegado a contagiarse del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Los centros de reclusión no cuentan ni con el personal ni con los equipos e insumos para atender emergencias y tampoco tienen atención médica durante las 24 horas. Esto pese a que la propia Constitución Nacional obliga al Estado venezolano a garantizar un sistema penitenciario que asegure la rehabilitación de los internos “y el respeto a sus derechos humanos”.

Tres de las enfermedades más frecuentes son: dermatológicas, gastrointestinales y respiratorias; la mayoría tiene como causas el problema de hacinamiento que asciende a 190 por ciento, la falta de acceso al agua potable, medios insuficientes para el aseo personal, así como una alimentación inadecuada.

¿Qué pasa con los que padecen VIH?

La Organización Mundial de la Salud establece que: “Toda enfermedad contraída en un lugar de reclusión o agravada por las malas condiciones de reclusión se convierte en una cuestión de salud pública. El VIH, la hepatitis y la tuberculosis y todos los demás aspectos de la salud física y mental en las cárceles debe interesar a los profesionales de la salud en ambos lados de los muros de la cárcel”.

     
  7 internos fallecieron en Venezuela por VIH sida en el primer semestre de 2014.  
     

El abogado y criminólogo Fermín Mármol García sostiene que solo se han tenido señales inequívocas en un sistema que no ha podido descentralizarse y realizar la calificación de los detenidos por sus delitos.

“El sistema penitenciario ha malentendido el término de la recreación del recluso, y se ha vuelto un libertinaje. No se tiene control de las armas, drogas y dinero que hay en las cárceles, mucho menos se les puede pedir que se preocupen por los casos del VIH, lamentablemente ellos no pueden garantizar de forma eficiente la salud del privado de libertad”, sostuvo Mármol.

Recuerda que el preso está en manos del Estado, ya que ha perdido su libertad, movilidad, el poder escoger, y requiere todo el abrigo del Estado. “Estoy convencido que el diagnóstico temprano de cualquier enfermedad crónica no se hace presente, visto las condiciones de nuestro sistema de hacinamiento y fallas en el conteo diario. La presencia del Estado es limitada en el espacio controlado por los reclusos. Se sabe que es portador ya cuando la enfermedad ha estado avanzada y es evidente”.

Sin respuestas

Se estima que una persona que padezca de esta condición debe ser transferida a una locación de la cárcel donde tenga su descanso y debido tratamiento. Pero lastimosamente el Estado no ofrece el tratamiento a aquellos internos que lo requieren. Son los familiares quienes cubren por cuenta propia todos los gastos relacionados con la compra de medicamentos.

“Hablando en el marco jurídico penal, estos son casos que pudieran generar medidas extraordinarias, beneficios procesales o un indulto, por ser enfermedades crónicas cuyo tratamiento debe ser muy rígido. No soy optimista. Nuestras cárceles no son robustas, son precarias en primeros auxilios y no expeditas en la atención del paciente. El preso transita un vía crucis, cuando cosas tan básicas como la alimentación no le son suministradas”, agregó el abogado.

Trámite engorroso

En caso de que un paciente haya contraído VIH tras las rejas, puede solicitar un beneficio, pero esto requiere de un trámite que, amén del sistema de justicia nacional, también resulta engorroso.

Primero se requiere de un informe médico desde la cárcel solicitado por el juez penal para corroborar que el preso cuenta con la enfermedad. Este se tramita a través de la medicatura forense del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), con médicos de la República.

“(El reo) Debe ir escalando poco a poco. Todo eso tiene que ser considerado por el juez de Control Penal, perteneciente al Ministerio Público, para darle un beneficio. Una administración de justicia colapsada, con más de 3 mil causas, y si además el detenido no cuenta con defensa privada conseguir uno de estos beneficios es más difícil, y en su mayoría estos dependen de un defensor público, porque son de escasos recursos”, explicó Mármol García.

La realidad de los reos con VIH es muestra de la precarización del sistema penitenciario en el país, pero también de la debilidad de un Estado imposibilitado en garantizar las condiciones mínimas de sostenibilidad de los encarcelados, quienes dependen enteramente de su protección. Estas precariedades constituyen además otra violación al derecho humano de la salud de quienes, pese a su condena, también tienen garantías por su condición de persona.

     
 

Casos de VIH

En el primer semestre de 2014 fallecieron siete internos con VIH-Sida, sus nombres y centros de reclusión son:

 Iraní Enrique Medina y Lenín José Sánchez Silva fallecieron en enero en la Comunidad Penitenciaria de Coro.

 Humberto Antonio Navarro falleció en enero en el Centro Penitenciario “David Viloria”, antiguamente conocido como Uribana.

 Wilfredo José Caraballo murió en el mes de febrero en el Internado Judicial de San Antonio

 Jorban Bravo Mejía, de 27 años, murió en febrero en la Comunidad Penitenciaria Fénix.

 Adrián José Mata, 23 años, murió en marzo en el Internado Judicial de San Antonio.

 Deivis Manuel López Contreras murió en marzo en el Internado Judicial de Anzoátegui “Puente Ayala”.

Fuente el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), en su informe semestral

 
     
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