Marcos David Valverde

Un día después de la manifestación de rebeldía cívica y pacífica que protagonizaron siete millones 600 mil venezolanos y a menos de dos semanas de que Nicolás Maduro consume su fraude constituyente, el mundo cierra filas a favor de una resolución pacífica a ese gran conflicto llamado Venezuela. El momento exige pasos firmes y pensamientos reposados: una decisión errónea podría significar la sepultura de la democracia nacional, esa que una vez fue ejemplo mundial y que hoy agoniza. La bomba está a tiempo de ser desactivada.

El abogado y exasesor de Hugo Chávez recalca el carácter constitucional de la consulta del domingo y, por tanto, exhorta a los guayaneses a participar: nada invalida ese derecho.

Ante un Nicolás Maduro que declara una guerra a muerte a sus adversarios, trata de chantajear con aumentos salariales y coacciona a los trabajadores a participar en las elecciones de la constituyente, la institucionalidad que representan la Asamblea, el Ministerio Público y las universidades impusieron esta semana la lógica de la civilidad ante la arremetida dictatorial. El gran acuerdo nacional a partir del plebiscito ofrece al país lo que podría ser una de las últimas oportunidades de oxigenar la democracia.

Su imagen, no es exagerado decirlo, recorrió el mundo: ensangrentado en el suelo, Américo De Grazia se convirtió en el herido icónico del asalto del 5 de julio a la Asamblea Nacional por parte de una pandilla oficialista. Ahora en recuperación, reflexiona sobre el escenario a final de mes, en el que concibe el plebiscito no solo como un acto de desobediencia civil, sino de legitimación ciudadana de la intervención de las fuerzas armadas, en el marco de la Constitución, para sentar las bases de un gobierno de transición.

La tiranía de Nicolás Maduro pisó nuevamente uno de los emblemas más representativos de la democracia: su Parlamento. Diputados, personal y periodistas sufrieron por más de ocho horas el asedio de los colectivos chavistas armados que patearon y amedrentaron a todo el que se les atravesó. Cinco parlamentarios fueron heridos. Ayer debió ser de supremacía para la civilidad, palabra desconocida en el limitado diccionario regresivo y represivo de la dictadura de Venezuela.  

on más determinación que multitudes, la oposición (partidista, estudiantil y de la sociedad civil) salió a las calles de Ciudad Guayana para condenar la dictadura de Nicolás Maduro y respaldar la nueva propuesta de la Mesa de la Unidad Democrática: el plebiscito contra el fraude constituyente.

El caserío del municipio Independencia, del estado Anzoátegui, lleva tres días de protesta que comenzó por una razón: hace una semana depositaron cinco millones de bolívares para la bolsa de comida del CLAP y nunca llegó. Les ha tocado pasar hambre y no hay esperanzas de que eso cambie.

En una casa del sector Manoa, en San Félix, la acritud es el sentimiento que habita ahora. Esa acritud se instaló allí hoy hace un mes. Un joven de 22, hijo del medio, un futuro doctor, un emprendedor culinario y entusiasta de siempre, es hoy recuerdo. Fue víctima de la represión cuando la GNB y la Policía del estado Bolívar violaron la autonomía universitaria de la UDO vuelta un campo de guerra y desmembraron una familia. Así se vive ahora en la casa de Augusto Puga.

Una de esos rarísimos ejemplares de pensamiento y acción combinados en una persona que, de cuando en vez, engalana la política en Venezuela, murió este miércoles a los 95 años: fue una vida parida al sur del Orinoco, curtida entre montañas y cabezas calientes y, luego, ampliada a la tarea de fortalecer la democracia por la que trabajó hasta su último día.

En los mismos días en los que Maduro gasta 40 mil dólares diarios en represión y más de 20 mil millones de bolívares en un fraude constituyente que rechaza más del 80% de la población, brotan las denuncias sobre las pérdidas de vida por el descalabro social en el estado Bolívar. Como Yeison Daniel Pérez, de solo 3 años de edad, quien murió por falta de tratamiento contra el paludismo, la misma escasez que sufren sus vecinos de San Félix. La misma crisis que mató de hambre a 24 niños de enero a mayo.

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