Marcos David Valverde

A Yoselkis Morillo le costó identificar el cadáver de su hermano: las fuerzas de la dictadura que irrumpieron en el Centro de Detención Judicial de Amazonas (Cedja) en la noche del martes y la madrugada de miércoles lo dejaron desfigurado y mutilado. Su relato es prueba de la bestialidad de la actuación de los cuerpos de seguridad que masacraron a 37 presos, un hecho por el que el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, pretende culpar al gobernador Liborio Guarulla.

Una requisa del Ministerio de Interior y Justicia al Centro de Reclusión Judicial de Puerto Ayacucho acabó con la vida del 35 por ciento de la población penal. Las versiones oficiales pretenden minimizar el hecho catalogándolo como un caso de “resistencia a la autoridad” que produjo los “decesos” (como los tildó el Ministerio Público de Tarek William Saab), cuando en realidad la matanza confirma, una vez más, el empeñado carácter violatorio de derechos humanos y las actuaciones plagadas de irregularidades de la dictadura.

Los uniformados, valiéndose de tanquetas, despegaron las tres rejas de los edificios. Una de las bombas lacrimógenas con las que reprimieron una protesta en la avenida Atlántico casi incendia un apartamento de Los Mangos.

Cornetas, computadoras, televisores, micrófonos, impresoras de facturación, monitores y cajas fue el botín con el que cargaron del local, ubicado en el Centro Comercial Trébol II.

Sobre un triángulo de despropósitos ha caminado la república venezolana: la cultura clientelar, el “familismo” y la incapacidad para asumir la institucionalidad. Es ese el diagnóstico que ofrece el vicerrector de la UCAB Guayana, Arturo Peraza, sobre los caminos que llevaron a Venezuela a lo que vive y padece hoy en día: una dictadura. 

En el documento leído tras el asalto al hemiciclo del Palacio Federal Legislativo se dictamina que “todos los organismos del orden público quedan subordinados a la Asamblea Nacional Constituyente”. Se consuma así la nueva treta para tratar de fortalecer los cimientos del autoritarismo desplegado por Nicolás Maduro.

El día de mayor violencia política desde el comienzo de las protestas coincide con la consumación de la estrategia autocrática de Nicolás Maduro para perpetuar su poder y el del partido fundado por Hugo Chávez: 16 venezolanos fueron asesinados.

Cuestionado por la comunidad internacional y vapuleado tanto por la oposición como por sus propios simpatizantes, el proceso del domingo, impulsado por la dictadura, se ha sustentado con declaraciones de voceros oficiales basada en el desparpajo más inusitado: por cualquier camino, una elección tan amañada ha resultado para ellos un hito de transparencia.

La nómina semanal debía depositarse el viernes 21 de julio. Este martes no habían recibido nada: eso los llevó a una huelga que se extendió durante varias horas de la tarde.

Voceros históricamente antagónicos y viejos amigos del chavismo en la comunidad internacional se unieron esta semana para un ejercicio común: pedirle a Nicolás Maduro que desista de su idea de una asamblea nacional constituyente. No funcionó. Y el aspirante a dictador avanza en su proyecto tanto como sus cuerpos represivos de seguridad. La Mesa de la Unidad anunció este viernes la radicalización de la hora cero: el todo o nada que comienza hoy con la marcha al TSJ.

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