Un sector de Puerto Ordaz, en Bolívar, ha visto este año tres decapitaciones de cerca y, luego, las masacres por parte de organismos de seguridad de los responsables: es un ciclo de violencia que retrata la realidad de una ciudad que, por estadísticas, se convirtió en la novena más violenta del mundo en 2017. Sus vecinos, mientras tanto, se empecinan en bautizar cada calle y cada esquina con un nombre bíblico para, al menos, sentirse protegidos en vista de la pérdida de legitimidad que, en frente de ellos, tienen las autoridades policiales y militares.

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