Lunes, 07 Diciembre 2015 00:00

El día en que Caroní rompió con el chavismo

 
La reivindicación del voto libre, sin chantajes políticos, marcó la diferencia en la jornada de este domingo La reivindicación del voto libre, sin chantajes políticos, marcó la diferencia en la jornada de este domingo Foto Archivo

Las hieles se veían desde 2013, cuando una elección presidencial sobrevenida por la muerte de Hugo Chávez le dio el triunfo local al candidato opositor Henrique Capriles. La circunstancia de la elección, y el resultado contrario en los comicios municipales ocho meses después, hizo que aquel resultado de abril fuese solo una ilusión. Un espejismo marcado por la coyuntura. Una visión turbada por el luto, la esperanza, y las lecciones aprendidas del 7 de octubre… hasta ahora.

La lectura de estos resultados cobra ahora otro cariz, amén de la vuelta al marcador de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en las elecciones parlamentarias de este domingo. La holgada victoria de los aún disidentes en el municipio Caroní no solo confirma una erosión del oficialismo en una zona bastión durante más de una década, sino el crecimiento de la conciencia colectiva de los guayacitanos, traducida en la inmunidad ante las dádivas y el reconocimiento del Gobierno nacional como único responsable de la crisis país.

El populismo y la seducción de las masas, cultivados por el oficialismo en sus tiempos mejores, permitían solapar la falta de gobierno en el liderazgo carismático de Hugo Chávez. Solo un líder con semejante anclaje en las bases era capaz de mostrar gestiones mediocres -o críticas en algunos casos como la crisis eléctrica- y aun así ganarse en el favor de la mayoría de los electores. Pero si algo nació con la muerte del Comandante fue el vacío de un carisma que mantuviese la misma fórmula de dominación.

Esa falta de liderazgo, y del carisma necesario para mantener la revolución la tope, fue uno de los factores que permitió al venezolano salir de la obnubilación y pensar como ciudadano independiente. Si a esto se le aúna el desplome de los precios del petróleo -materia prima para el chantaje político- y la agudización de una crisis anunciada a todas voces, se tiene como resultado la masificación de un despertar político, representado ahora en una erosión electoral del oficialismo, incluso en su consentido circuito 2 de Bolívar.

Chavismo desgastado

El simbolismo obrerista con el que se revistió el sector oficial sirvió para que Ciudad Guayana, emporio industrial del país, nacido en capitalismo y pensado por la denostada cuarta, fuese su principal cuartel de aplicación y difusión ideológica. Las empresas básicas, creadas con su natural fin de generación de riqueza, pronto fueron el conejillo de indias para experimentar con fórmulas que condenaban la reproducción exponencial del capital en nombre del bienestar social.

Pero las fórmulas, una a una, se estrellaron en el foso del fracaso. Desde el control obrero hasta el plan Guayana Socialista, todos los experimentos dejaron profundas cicatrices en las fábricas. Su creciente improductividad, desinversión, abultamiento de las nóminas con fines políticos y el lógico devenir de los conflictos contractuales ya venían pasando factura a la revolución. Así lo evidencian los resultados electorales y el creciente amañamiento de comicios sindicales en favor de los rojos.

Otros problemas económicos de carácter nacional, como la escasez generalizada y una economía hiperinflada, también tuvieron capítulo en el circuito 2 del estado Bolívar, escenario común de índices inflacionarios por encima de la media nacional y una carestía de productos de primera necesidad más alta que en el resto del país. No es de extrañar que estos dos factores desgastaran con más ahínco la popularidad del chavismo en Bolívar, y que los saqueos de San Félix del 31 de julio hayan sido solo cuestión de tiempo.

Tampoco es de extrañar que a partir de esta realidad, de la deserción escolar a falta de instituciones educativas de nivel básico, medio y diversificado, y la impunidad que campea en toda Venezuela, Ciudad Guayana sea también una de las urbes más violentas del planeta: la 12 del mundo y la segunda del país. La ola de homicidios que semanalmente ponen a la ciudad en estado de sitio, y el fracaso ingente de todo plan de seguridad, suman en la ecuación del cambio político manifestado en las urnas electorales este domingo.

Este caldo de cultivo de conflictividad, de incertidumbre política, económica y social, no solo afectó a los sectores de la clase alta y media, sino también en los más pobres. Los estratos más desfavorecidos, y paradójicamente, los dignificados por la revolución. Esos que este domingo marcaron la diferencia y reivindicaron su condición de ciudadanos; con una conciencia política que trasciende a la entrega de casas, canaimas y supuestos beteerres. Este domingo fue el día del cambio definitivo. El día en que Caroní rompió con el chavismo.

Modificado por última vez en Lunes, 07 Diciembre 2015 07:04

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