Domingo, 06 Diciembre 2015 00:00

“Voto porque quiero morir con tranquilidad”

 
“Voto porque quiero morir con tranquilidad” Foto Lionel Arteaga

Cualquier excusa es válida cuando se trata de evadir un compromiso. Sin embargo, para las personas de la tercera edad es una responsabilidad no solo con el país sino con sus herederos.

     
 

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El ser humano vive, en promedio, 70 años. Dicen que quienes superan esta edad cubren un “tiempo extra”. Jesús Ramón Pérez lo sabe. Tiene 83 y dice que no ha desistido de ejercer su derecho al voto porque “soy venezolano y porque quiero lo mejor para mi país”.

La artritis y edema que ha invadido su cuerpo no fue impedimento para movilizarse este domingo. Para él esto no es excusa. Nunca ha evadido su cita en la Unidad Educativa Alta Vista Sur. Sus familiares comentan que no hace falta motivarlo en cada elección de este país. Él está convencido de que su papeleta hace la diferencia. No es uno más, es un voto que suma, como él mismo lo señala.

“Voto porque quiero morir en paz”, insiste. Aclara que en tiempos electorales no se puede cumplir reposo porque hay una cuenta regresiva que no para y que asegura debe invertir muy bien. “A las personas como yo nos queda poco tiempo, por eso voto, porque quiero morir en paz”.

Pérez no fue el único. Domitilia Medina tiene 86 años y estaba desde las 7:00 de la mañana en el colegio Nazaret. Ella, al igual que muchas personas de la tercera edad que desfilaron por este centro de votación, comentó que nunca es tarde para cumplir con el deber y la responsabilidad de ser ciudadanos de un país.

Desde tempranito

“La tercera edad” fue un punto clave en estas elecciones. No solo porque inundaron las mesas de votación desde tempranas horas de la mañana, sino porque las mismas fueron en andaderas, muletas, silla de rueda, y hasta apoyadas de algún familiar. No es que sea una novedad en sí, quizás ellas siempre lo han hecho. El detalle radica en que se sienten parte de un país y quedarse en casa no es una opción. Definitivamente no quieren engrosar la lista de “abstencionistas” que se ha hecho común en el sufragio venezolano.

Ana de Viloria es verbigracia. Ella tiene 80 años y desde las 3:00 de la mañana estaba sentada justo en la entrada principal del Jardín de Infancia y colegio Yocoima. “Yo voto desde que (Simón) Bolívar era cabo”, dice entre risas para no entrar en detalles así como también aclara que no se aprovecha de su beneficio de la “tercera edad” para pasar rápido. “Yo me levanto temprano, soy responsable para ejercer mi derecho como ciudadana de este país”, termina su discurso triunfalista al tiempo que los electores en la cola la ovacionan por el temple y su firmeza al hablar. No vacila en llamar la atención de quien desestime votar. “El voto es sagrado como la vida misma”, dice.

La Guardia Nacional cumplió un rol relevante con este grupo de votantes. Ellos no solo las auxiliaron para bajar o subir escaleras, sino que debían luchar con quienes querían cumplir con su obligación sin que esto significara considerar el cabello blanco. “Esos señores que tú ves así, que vienen en silla de ruedas, que casi caminan… ellos son los que realmente les importa este país (…) los demás somos sospechosos”, comenta un funcionario.

¿Qué pasa con los abuelos?

Una de las quejas recurrentes en los centros es el voto asistido, representados por aquellas personas que por cualquier impedimento no pueden ejercer su derecho por sí mismo, sino que dependen de la ayuda de un familiar para cumplir con su proceso. “¿Por qué me salen ellos? no, yo no quiero votar por ellos”, reclamaba la doña a su acompañante cuando seleccionaba el candidato de su preferencia en el centro de votación de la Escuela Básica Nacional Tumeremo.

“Los retrasos se han presentado porque las personas de la tercera edad no saben votar, se pierden y hacen el proceso más lento”, reclaman algunos votantes y hasta coordinadores de los centros. Algunos hasta llegaron a concluir que “se les olvidó votar”, porque su juicio había pasado mucho tiempo sin que los venezolanos tocaran las máquinas electorales.

El punto es que indiscutiblemente las personas de la tercera edad se llevaron el mérito en estas elecciones. Para ellos mientras hay vida hay responsabilidad con el país y con lo que anhelan dejarle a su generación. Tal como lo dice Pérez, “mi cédula es 774.281”, para confirmar que tiene muchos años votando. Su cédula tiene vigencia y mientras tanto la papeleta será puesta en una urna electoral, será buscado en el libro de electores, podrá estampar su firma, poner su huella, manchar su dedo y, si se ha terminado su tiempo, “morir en paz”. Usted ha cumplido.

Modificado por última vez en Lunes, 07 Diciembre 2015 08:26

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