El politólogo y abogado Benigno Alarcón destaca que una negociación ocurre cuando a una de las partes no le queda otra opción. Por las acciones de Nicolás Maduro, cree que ha llegado al punto en que no le queda más remedio que negociar.

Negociación, elecciones, intervención militar y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Estos han sido motivos de debate entre los opositores al régimen de Nicolás Maduro, incluso por quienes lo apoyan. Unos creen más en una vía que en otra para salir de la crisis política en Venezuela, en la que se apuesta en definitiva a la salida de Maduro del poder y el inicio de un gobierno de transición.

Pero el desgaste ciudadano también juega en contra, y con ello la desconfianza por las experiencias en procesos anteriores. Por ello se sataniza cualquier proceso de diálogo, al considerar que el régimen no cesa la persecución y violación de derechos humanos, pero por otro lado forma parte de las vías a considerar para una salida pacífica, término que también condenan grupos opositores.

El director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Benigno Alarcón, explica la realidad de cómo funciona un proceso de negociación, la posibilidad o no de una intervención militar en Venezuela y la utilidad del TIAR en la resolución del conflicto político en el país. Realidades muchas veces omitidas en el discurso político y que, a su vez, no son precisamente lo que toda la ciudadanía espera que le digan.

- ¿Hasta qué punto se hace necesario seguir apostando por una negociación en Venezuela?

- Apostar a que la salida sea negociada es un tema que no se puede satanizar ni en las peores circunstancias. Hay dos maneras de salir de esto, por las buenas o por las malas. Si tratas de salir por las buenas, los resultados son más predecibles, pero si tratas de salir por las malas, no sabes si vas a ganar o perder en el proceso. La gente a veces dice: por las malas es la única salida, pero otros países han tratado de salir por las malas y no han podido, tampoco es una apuesta segura y es mucha más costosa.

En una negociación, si no llegan a un acuerdo, la gente se para de la mesa y se va, pero en una batalla hasta se pierde la vida, esto no es un videojuego que se arma una guerra y la vemos por televisión o la manejamos a control remoto. Satanizar la negociación no tiene mucho sentido, lo que no quiere decir que uno apueste a ciegas a una negociación. Tengo confianza en los noruegos, ninguna en el gobierno, porque es un país serio y está en juego su reputación como mediadores.

Si el proceso sale mal, la oposición y Noruega tienen mucho que perder, si los mediadores sienten que el gobierno usa la mediación de manera maliciosa, creo que interrumpirían el proceso. Si no hay señales positivas de que la negociación va a algún lado, si no lo ha hecho debe estar por hacerlo, y si va a algún lado tratará de llegar a un acuerdo.

- ¿Cómo ha sido la disposición de Nicolás Maduro con respecto a este proceso, quien en otras oportunidades ha incumplido?

- Por lo que se ve, la persecución contra las personas y sus expresiones, no veo a Maduro con ningún ánimo de llegar a un acuerdo. La pregunta que me hago es si los que mantienen a Maduro en el poder están en su misma posición o no. Creo que el gobierno nunca ha jugado limpiamente en estos procesos, pero la gente cuando negocia lo hace porque no le queda más remedio. No sé si hemos llegado al punto en que al gobierno no le queda más remedio que negociar, pero la gente no negocia porque le provoca.

- ¿Ha hecho falta o puede integrarse a la sociedad en el proceso de negociación?

       
Alarcón: “No veo una transición donde gobierne el grupo de Maduro, ni una donde se produzca porque Maduro renuncia” | Foto William Urdaneta

- La realidad es que no, siendo muy honestos. Es una enorme demagogia e irresponsabilidad cuando se le dice a la gente que todo el mundo debe estar involucrado y que la gente debe saber. La realidad del asunto es que en estos procesos de negociación, lo que normalmente terminamos sabiendo es el resultado, porque el proceso siempre termina siendo muy delicado, porque se piden cosas que no se pueden dar, se conversan cosas que no se terminan dando y eso puede destruir todo el proceso de negociación propiamente.

Si conviertes a la gente en testigo de un proceso de negociación es muy complicado sacarlo adelante. Es una demagogia decir que la gente puede estar enterada de todo lo que pasa en la mesa de negociación. La realidad es que se llevan con discreción, muchísimo cuidado, se informa lo que es necesario informar cuando hay ciertos acuerdos parciales, ciertos avances. Es una realidad que a mucha gente no le gusta que le digan, es una mentira que a la gente le digan que estarán informados de todo, nadie lo hace porque técnicamente no es viable.

Lo que sí es válido es que la sociedad, a niveles distintos, emprenda procesos viables políticamente lo que se negociará, cosas como la que tratamos de hacer desde el Centro de Estudios Políticos, que es decirle a la gente la verdad de cómo funcionan las transiciones, los costos que a veces hay que pagar para concretarlos, para que la gente esté lista para procesos que no siempre se producen con todo lo que quisiéramos y en otros países también funcionó así.

- Hay quienes todavía hablan de una intervención extranjera. ¿Hubo posibilidad de intervención en Venezuela?

- Es un mito que en parte se genera por los mensajes ambiguos que algunos actores, incluido el norteamericano, ha enviado en algunas oportunidades. La realidad es que no estamos cerca de ninguna intervención. Hay gente que alimenta esa tesis, se agarra de cualquier cosa. Una intervención militar en Venezuela implica movilizar a más de 100 mil soldados y posiblemente el doble de eso, y eso no pasa desapercibido en el radar de nadie; el día que se muevan tropas hacia Venezuela, toda la prensa norteamericana lo va a decir y la de aquí lo va a replicar porque se enterarán.

No estamos ni cerca ni en la inminencia de una intervención militar, no puedo decir que no va a ocurrir nunca porque en la medida que sigas fastidiando a alguien que tenga la capacidad militar, puede pasar como en Irak, que diga se acabó, no me la sigo calando, pero en este momento no hay ningún operativo.

Lo que se tiene que, con ayuda de la comunidad internacional de presionar, es hacer la tarea de movilizarnos para que el cambio pueda darse en algún momento.

Alarcón menciona que de acuerdo con la última encuesta realizada por el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, el 25% de la población opositora cree en una intervención militar, mientras que el penas el 4% del chavismo se lo cree.

La funcionalidad del TIAR

La reciente aprobación del TIAR por parte de la Asamblea Nacional, también ha traído debate por quienes la rechazaron. Este establece que “un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado americano será considerado como un ataque contra todos los Estados americanos”.

Y agrega: “En consecuencia, cada una de dichas partes contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque, en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas”.

De allí que hay quienes afirman que este pacto abre las puertas a una posible intervención militar en Venezuela.

- ¿Qué tan efectivo puede ser el TIAR?

- Hablando con toda claridad, el TIAR no sirve para mucho. Me da mucho miedo que el gobierno lo use para abrir expediente y aplicar la represión a algunas personas, incluidos diputados que lo aprobaron. Da pesar que un instrumento que sirve de poco o de nada, se utilice para juzgar a unos diputados de temas como traición a la patria, que lo usen como excusa. Ojo, la Asamblea Nacional tiene pleno derecho de aprobarlo, luego viene la aprobación presidencial, y obviamente, si consideramos que Juan Guaidó es el presidente interino, tiene el derecho de perfeccionarlo.

Pero el TIAR en términos de resolución política no sirve para nada porque quienes tienen la fantasía de que el TIAR resuelve el problema, primero tienes que resolver el problema de que hay intervención militar con o sin él. El hecho de que lo apruebes no hará que EE UU haga una intervención si sus cálculos políticos le dicen que no debe hacerla. Por otra parte, es el equivalente en chiquito al acuerdo de la OTAN, que implica que un ataque a un país es un ataque contra todos los países, implica una acción solidaria donde los países unen esfuerzos para sacar al invasor.

Alarcón reitera que el TIAR no fue creado para ello, pues se trata de “un instrumento de la Guerra Fría, que busca fundamentalmente la acción solidaria de los países de América para defenderse de los ataques de fuera del continente, está básicamente para invasiones continentales”.

“Ahora, ¿se aprueba porque Venezuela se salió del TIAR y nunca debió haberse salido? Puedo estar de acuerdo en eso. No hay ninguna razón para haberse salido, pero entrar tampoco resuelve el problema”, puntualizó.

- ¿Qué otros procesos pueden darse para un gobierno de transición?

- Un gobierno de transición en Venezuela difícilmente, prácticamente imposible, pasa por un cogobierno. Un gobierno de transición en Venezuela implica el cese de la usurpación para que haya un nuevo gobierno, preferiblemente electo e inicie ese proceso. Hay que darle flexibilidad a ese mantra de cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, porque la mayor parte de las transiciones, el gobierno ha llegado por elecciones y ningún gobierno ha abandonado el poder para que haya unas elecciones libres.

El proceso pasa porque se negocie una elección o se produzca una circunstancia que te obligue a elegir un nuevo gobierno, y ese nuevo gobierno sea el que inicie la transición propiamente. No veo una transición donde gobierne el grupo de Maduro, ni una donde se produzca porque Maduro renuncia.