Opinión

El surgimiento de un líder militar con un discurso de cambio social, que encabeza una de las intentonas y aparece en la otra a través de un video divulgado nacionalmente, coloca tanto a las organizaciones políticas como a la población en presencia de un posible aglutinador del descontento y la búsqueda de la mayoría.
El populismo como instrumento de poder basa todo en el resentimiento, en la ignorancia adrede de los ciclos históricos que nos han consolidado como nación.
En un escrito publicado originalmente en Correo del Caroní el 24 de abril de 2014, se explicaba los intríngulis de un presidio que sigue siendo un sinsentido. Hoy, cuando al secretario general de Sintraferrominera lo apresan de nuevo injustificada y atropelladamente, publicamos ese recuento que viene muy al caso sobre todo para refrescar memorias en torno de uno de los grandes atropellos que ha visto Guayana.
No hay que olvidar que esos partidos, todos y en primer lugar Acción Democrática, se opusieron a los procesos de cambio del gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez y luego fueron -en primer lugar AD- factores de su derrocamiento.
¿O acaso olvidamos que la más grosera y generalizada narco-corrupción arranca en 1999 cuando Hugo Chávez pacta sus negocios con las FARC, hacia el mes de agosto, mediando la gestión del burdel cubano, y cuando luego crea el Plan Bolívar 2000 para hacer de la Fuerza Armada la gestora cómplice de sus miasmas?
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