Opinión

Los delincuentes se sientan en las escribanías del Estado para delinquir, sin pudor. Deliberan en los espacios del Estado abiertamente, con las leyes en la mano, para organizar y decidir sobre sus crímenes, a la vista de todos. No es necesario que cite ejemplos. Los conocen nuestros lectores y los padecen. Así opina en su columna semanal Asdrúbal Aguiar

El historiador Rafael Marrón González continúa su repaso de la vida del Libertador en su columna de esta semana.

Ya sabemos que este año que termina hemos tenido pupitres vacíos: no vino aquel niño porque no tuvo para el transporte, el otro porque su madre no tuvo efectivo, aquellos otros porque no tienen comida en su casa y en el colegio tampoco, o la comunidad lleva días sin agua.

Los trabajadores de otrora empresas de muy buenos convenios colectivos y beneficios económicos, como los petroleros, eléctricos, telefónicos, siderúrgicos y otras industrias de la zona de Guayana, hoy están entre los peor pagados de los asalariados del país.

Hay quienes miden la salud de un Estado por cuán frecuentes son las bodas. Dicho de otro modo, por cuánto se apuesta a la felicidad. Estos han sido días aciagos para las bodas. En otros escenarios, es una situación causada por razones distintas a las que nos ha tocado en este país, pero hay algo de lo que se debe estar claro: las bodas tienen un código, hablan, dicen cosas, por eso medirlas es de importancia.

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