Opinión

El muchacho que estaba comiendo basura había tenido una casa donde le habían enseñado a no ensuciar, a que la calle es una extensión de nuestros hogares. Pensé en su mamá. Pensé que merecía un futuro que aquí, en lo inmediato, no iba a tener. Y deseé que se fuera para otro país.
Estos capitostes no podrán escapar a la acción de la justicia. Y eso incluye a los personajes más representativos de la hegemonía. Sí, la justicia humana puede que tarde, puede que tarde demasiado, pero cuando llega, llega con la fuerza del derecho y la vindicación de los afectados por la injusticia.
O la memoria del Grupo es corta o su fragilidad de principios es tanta que se revela incapaz de fijarle un norte a nuestras sociedades, un punto mínimo de discernimiento que las ayude a separar la paja del heno -no hablemos de distinguir las democracias de las dictaduras- o cuando menos a distinguir entre la decencia y la indecencia.
Nada funciona bien en la Venezuela de hoy. Todo camina hacia peor. Se ha tejido una sociedad de cómplices, como se calificaban antes, para saquear a un país que ya no aguanta más. Se le han agotado las riquezas disponibles y los anuncios que se hacen para superar la crisis son disparatados, empujan a la nación a un trauma sin precedentes cuyas consecuencias ya las está sufriendo el pueblo.
Celebran la designación del nuevo cronista de Upata a quien destacan como el mejor guardián y difusor de la historia y costumbres de la capital de Piar.
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