Opinión

En esta su primera novela, contextualizada en la Caracas de los apagones, los asesinatos, la crisis económica y política, se potencia el uso estético del lenguaje y el desarrollo de argumentos que se van entrelazando de una forma magistral.
La unidad no significa sacralizar a nadie: los errores deben ser señalados con espíritu constructivo para que se corrija el rumbo. Los intereses del país deben estar en primer y preponderante lugar y, por último, después del último, es cuando debieran aflorar las aspiraciones individuales y grupales.
Lo que usted ha decidido no pagar en impuestos, déselo a la ONG de su preferencia y confianza para salvar las vidas que Maduro y sus adláteres no les importan.
Más de uno se está haciendo el sueco en Noruega. Ninguno de los que está allá es tonto. Pero no pocos de los que van o de los que dirigen desde aquí, o desde La Habana, se hacen los tontos.
Estas líneas son en reconocimiento para esos verdaderos héroes de la patria que continúan presos indebidamente. También para quienes han sido liberados pero con restricciones serias a sus derechos ciudadanos. Para todos ellos un fuerte abrazo solidario.

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