Opinión
Héctor Lucena

Héctor Lucena

Las desvariaciones e improvisaciones de las políticas económicas del Gobierno ponen en evidencia una administración pública que en 17 años no ha sido capaz de forjar un verdadero modelo económico.

Haber favorecido a la oposición para que asuma la mayoría calificada de la Asamblea Nacional es para que el gobierno reconozca el parecer de los electores y dialogue con quienes recibieron tal apoyo. De lo contrario es ponerse de espaldas al soberano.

La agenda del Gobierno, que privilegió la agenda política y electoral sobre la productiva, devino en el marcado deterioro de la economía y la producción nacional, escenarios también partidizados, al perseguirse a empresarios y trabajadores que cuestionaron las políticas económicas de Chávez.

El triunfo electoral del chavismo el 6 de diciembre de 1998 significó la apertura de un ciclo de victorias para el grupo político emergente. Este 6D la historia se repite, solo que esta vez favoreciendo a la oposición, con lo cual se prevé no solo esta misma avanzada en las elecciones sindicales, sino los mismos obstáculos del gobierno para su celebración.

En estos momentos de aguda crisis económica y de descenso de los niveles de vida de casi toda la población nacional, y la conmemoración de un nuevo 23 de Enero, nos invita a considerar las propuestas que se formularon e implementaron en 1958 y años sucesivos, y los momentos actuales de escasez, penuria e inestabilidad política. 

La derrota electoral del Gobierno el pasado 6 de diciembre lo obliga a asirse a alguna de estas vías, cada una con sus respectivas repercusiones que pueden ir desde la recuperación de la popularidad hasta su desplazamiento del poder por vía democrática.

En lo inmediato, importa plantearse el manejo del propio presupuesto de la Asamblea Nacional, ya que desde hoy hay respuestas precipitadas de su actual conducción, para despojarla de su propia TV y radio.

 La central ASI organiza su congreso constitutivo con cuatro federaciones nacionales, cuatro sindicatos nacionales, poco más de doscientos sindicatos, lo que afilia a más de cuatrocientos veinte mil trabajadores.

El sentido ciudadano de los trabajadores, que los hace defender sus derechos, su empresa y el bienestar social de la nación a través del hecho productivo, fue determinante en el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. Hoy tienen la misma responsabilidad histórica para el restablecimiento de la dignidad laboral.

“El trabajador independiente lo disfruta, ya que le presta servicios a quien quiere dada su condición de no tener patrono. En cambio el segundo, el asalariado, sí está obligado a prestarle servicios a su patrono o empleador a partir del momento de su contratación”.



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