Opinión
Héctor Lucena

Héctor Lucena

El Gobierno nacional ha insistido en la existencia de una guerra económica, pero no ha logrado convencer a la mayoría de la población de que esa sea la razón de la escasez y las dificultades que tiene la población para el acceso a productos y bienes esenciales.

En el régimen de la esclavitud no hay mercado de trabajo, sino mercado de personas. No se compra la fuerza de trabajo, sino a la persona.

La realidad en Venezuela es que el trabajo ha perdido valor estos años. Por eso el empobrecimiento del que trabaja. A tal punto que personas que desempeñan casi cualquier actividad informal, sin inversión ni complejidad alguna, logran obtener mayores ingresos que muchos de aquellos que trabajan convencionalmente, sometidos a horarios y dependencias.

Es deseable que las empresas transnacionales reinviertan sus ganancias en el país, pero eso requiere condiciones y garantías que la inestabilidad política no ofrece. Con su cierre miles de empleos se ven afectados, y la carga para el Estado es mayor.

En la cuarta o en la quinta, los conflictos sociales han reflejado -con independencia del discurso del actual gobierno- las mismas carencias de un sistema estable y próspero en el que el fin último sea el ciudadano.

La productividad es uno de los valores que Héctor Lucena destaca en la lista de prioridades para rescatar el país. El especialista en derecho laboral resalta que el trabajo debe ser sinónimo de progreso para el individuo y la sociedad.

La planificación centralizada, el excesivo estatismo, los CLAP y la falta de diálogo social entre productores y trabajadores son el caldo de cultivo de los saqueos registrados en los últimos meses en el país.

La jactancia electoral de una “revolución bolivariana” en tiempos de Chávez contrasta ahora con un Maduro que no solo insiste en poner trabas a un proceso revocatorio, sino que a menos de 6 meses para finalizar el año no pronuncia palabra sobre las elecciones regionales, que corresponden a este 2016.

No hay sector en la economía o segmento laboral que no esté afectado por la hiperinflación; incluso inversionistas que tomaron previsiones han bajado las santamarías: alrededor de ellas hay personas que se les ha disminuido su calidad de vida.

¿Por qué el gobierno mantiene el empeño de querer asumir la administración de empresas privadas si ha demostrado ser incompetente en su propio parque industrial y en las expropiadas?



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