Opinión
Diana Gámez

Diana Gámez

Licenciada en Letras egresada de la UCV, hila fino y con sarcasmo, cuasi poesía, las rubieras del poder desde su trinchera semanal: Agrazadas.

Cualquier persona más o menos informada y con cierta malicia puede inferir que el tal Rodríguez Zapatero anda en muy malas juntas y eso lo descalifica para cumplir tareas tan delicadas, en estos tiempos de cólera y hambre en este macondo castrista.

Diana Gámez define este régimen como: necrófilo, animista, palero, santero y militarista, términos que convergen en el campo semántico de este despotismo castrista e iletrado.

El colapso generalizado del país, los constantes “no hay”, y la displicencia con la que el Gobierno se ufana de sus “glorias”, que no son más que el rostro del fracaso, son los ingredientes para que el verbo “crisiar” se conjugue, a la venezolana, en tiempo presente y en primera persona del plural.

La muerte, como tantos de los misterios de la humanidad, es inherente a todo aquel que nace. Solo que el temor a esta, natural en la mayoría de los mortales, se acrecienta en gobiernos totalitarios por su monopolio de violencia, hambre y miedo que hace cuestionar, aún más, la persistencia de la vida.

De cómo la izquierda chic revolucionaria se rodea de botox, Chanel y proteínas personalizadas, defendiendo desde sus trajes a la medida el canto revolucionario que cada día corean menos ciudadanos hambrientos, que forcejean en una cola por algo de comida.

 |  Jueves, 02 Junio 2016 00:00
Etiquetado como

Muy distintas a las que a diario hacen colas, ven morir a sus hijos o son mancilladas por la crisis, las mujeres de la revolución fungen como meras ejecutoras de órdenes, capaces de pregonar las bondades de un sistema que esclaviza a sus hermanas de género y al resto de la venezolanidad.

Si hay una condición inherente a los procesos totalitarios, a esa adoración por el poder en sí mismo, es la necesidad de adulación de quienes lo detentan. Esclavos del deseo de idolatría por el que terminan esclavizando a millones.

 |  Jueves, 19 Mayo 2016 00:00

El brazo represor del Gobierno, una vez más por cuenta de su psiquiatra y ex rector del CNE, presume el fraude de las firmas del revocatorio cuando no se ha demostrado lo contrario. Ya dice el refrán que “cada ladrón juzga por su condición”.

La apertura económica y cultural de Cuba, aunque a cuentagotas, hace que las calles vetustas de la isla del Caribe se llenen de alta costura donde antes desfiló el rojo miseria y opresión: pasarela del comunismo que aún tiene presentaciones en parajes como Venezuela.

La onagrocracia chavista, con versiones tanto en lo civil como en lo militar, sigue sirviéndose del andamiaje del discurso populista para evadir sus responsabilidades y cometer desmanes financieros en nombre del pueblo, que cada vez padece más las consecuencias de su ineficiencia.



Página 8 de 19

El supuesto atentado presidencial en los primeros días de este mes, convertido en burla nacional sin importar la gravedad que tal ...

Al observar los borbotones del Orinoco, del Caroní o del Caura, asalta la inquietud sobre el espíritu de la población que ha resis...

El historiador Rafael Marrón González continúa su repaso de la vida del Libertador en su columna de esta semana. ...

Ya sabemos que este año que termina hemos tenido pupitres vacíos: no vino aquel niño porque no tuvo para el transporte, el otro po...