Opinión
Viernes, 06 Julio 2018 00:00

La primera vez que fui al pueblo minero de Las Claritas, km 88, vía la Gran Sabana, esa fue la expresión que vino a mi cabeza: no todo lo que es oro brilla. Eso fue en el año 1998. Pude ver la sordidez de ese pueblo. Me preguntaba para qué les estaba sirviendo a sus pobladores tanto oro en el subsuelo y tanta pobreza en la superficie. 

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