Opinión
Lunes, 16 Julio 2018 00:00

Con relativa frecuencia nos enteramos de supuestos motines y serias protestas de los presos de El Helicoide. No es para menos. No conozco las razones profundas de cada situación protestataria, pero las imagino en base a mi propia experiencia cuando la situación aún no era tan grave como ahora.

Organizaciones no gubernamentales, iglesias y  embajadas se pronunciaron en contra de los atropellos dentro de uno de los símbolos de opresión del régimen madurista.

Un grupo de secuestrados de la dictadura, incluyendo el alcalde Daniel Ceballos, el general Ángel Vivas y el dirigente estudiantil Lorent Saleh, exigieron a la Fiscalía General de la República garantías para sus vidas.

Los accesos hacia la cárcel fueron bloqueados por organismos de seguridad y simpatizantes del oficialismo. No obstante, la movilización siguió su curso de manera pacífica hasta Ramo Verde, desde donde los diputados a la Asamblea Nacional celebraron una sesión para denunciar la violación de DD HH de los presos políticos.

Los miembros de Provea sólo pudieron hablar con la estudiante Sairam Rivas, quien aseguró que ella y los demás jóvenes detenidos en la sede del Sebin están en buen estado de salud.

Ministerio Público afirma que impuso “tratamiento médico especializado que permita su plena recuperación en cuanto al consumo de drogas” a otros 15 detenidos.

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