La ausencia de médicos en Venezuela (I)

Desde Santiago de Chile recibo por WhatsApp un “capture” o “pantallazo”: dícese de las imágenes no personalizadas, de lo que supongo es la primera página de un periódico chileno: El Mundo, del 11 de octubre, en la que se ve una fotografía tomada desde la Maternidad Santa Ana en Caracas. El titular reza: Venezuela sin médicos: más de la mitad migró entre 2012 y 2017. A la derecha, una columna que suscribe una periodista cuyo nombre es Lorena -el apellido no lo leo bien porque está fuera de foco- y tiene como título: “Más de cuatro mil ejercen en Chile. Según Juan Carlos Riera, presidente de la Asociación de Médicos Venezolanos Andrés Bello, en Chile hay, al menos, 4.200 médicos generales y especialistas. La Asociación de Facultades de Medicina de Chile: Asofamech, contabiliza, entre 2014-2018, 6.110 médicos venezolanos que han presentado el examen teórico (Eunacon, agregado mío) para revalidar el título, lo que representa el 61% de los profesionales de la medicina extranjeros.

La FMV calcula desde que desde el año 2004 a la fecha (cifra que aumenta exponencialmente todos los días), alrededor de 26 mil 160 médicos se han marchado del país. Por su parte, según la OMS, 6 mil bioanalistas y técnicos de laboratorio también se han ido del país. El Colegio Nacional de Profesionales de Enfermería de Venezuela estima que entre 3 y 5 mil profesionales de la enfermería también han emigrado. El conteo en estos gremios tampoco se detiene.

Por otro lado, según una investigación académica realizada por estudiantes de la Maestría de Gerencia Pública del IESA, esta determinó, tras entrevistar a 19 médicos de diversas especialidades, que la situación económica de los galenos venezolanos ha sido la causa principal para su migración en masa, así como la coyuntura socioeconómica que enfrenta Venezuela, muy especialmente desde 2014 hasta la fecha. ¿Dice y refleja algo esta fecha?

He visto marcharse muchos colegas jóvenes, de ellos, una gran cantidad son especialistas de reconocida probidad. La razón principal que motiva su migración, es la misma: en Venezuela no tienen futuro, tampoco hay modos, como antes los había, para poder avanzar en la profesión. Si se quedan, lo que les espera es la misma historia del médico cubano: formar parte del lumpen proletariado de profesionales al servicio del Estado comunista, devengar salarios miserables, con los que sobreviven como cualquier otro trabajador con precaria o nula preparación académica. Se, de primera mano, por cubanos que residen en Chile, la precariedad de la situación del profesional de la medicina en la isla de la felicidad, que todo buen comunista pregona como lo mejor de lo mejor en el mundo, pero que ninguno quiere escoger para migrar ni para vivir. ¿Y eso por qué será? Así son los comunistas: pura retórica barata, pero en la praxis son los peores capitalistas; para colmo, son esa caterva de latrocinas, de parásitos del trabajo y prosperidad ajena. La riqueza es mala, siempre que sea para los demás. Para ellos es delicioso y añorado manjar de enchufados, boliburgueses y demás escorias sociales.

Hablo por mí, y sobre esa base, creo expresar el sentir de muchos de mis colegas, especialmente por los que aún permanecemos en el país. Los ingresos no nos alcanzan sino para medio comer. Cada vez que se nos daña lo que sea: vehículos, nevera, cocina, aires acondicionados, etc., entramos en pánico. Si logramos reunir dinero para repararlos, el resto que nos queda, si es que algún rastrojo monetario nos queda, no nos alcanza para cubrir las necesidades más esenciales, no las básicas, que para empezar no las podemos cubrir. Ni hablar de suplir los costos para poder asistir a un congreso, o de comprar un nuevo libro, revista o publicación de nuestra especialidad. Eso simplemente no es posible. Es cosa del pasado. ¿Cómo nos vamos a actualizar, si esta locura no es detenida?

Migrar para los médicos que, como yo, estamos en la tercera edad, y un poco más, es algo muy duro de enfrentar. Ya no tenemos los bríos de la juventud. Las fuerzas para soportar iniciarse como médico en otro país nos hace muy cuesta arriba la pesada escalera que hay que transitar. Aquí aprovechamos esos años de vigor para estudiar intensamente. Presentamos los exámenes habidos y por haber para demostrar nuestro nivel académico y profesional. En otro país tenemos que demostrarlo empezando de cero. Muchos colegas de mi edad se han visto en la necesidad de tener que regresar. Migraron creyendo que podrían superar los obstáculos. La edad les recordó en dónde es que está nuestro lugar. A ésta, la edad dorada, en donde, se supone, llegamos, gracias a Dios, es cuando deberíamos recoger los resultados del esfuerzo hecho de la vida cuando teníamos las fuerzas para hacer las agotadoras guardias para soportar largas noches de insomnio estudiando.

Enfrentábamos los avatares propios de la profesión de un modo que hoy no podemos. En lo personal, la muerte no se ve, no se aprecia, ni se mide igual en la juventud que a esta edad. El dolor humano lo soportamos mucho menos que antes. La juventud nos hacer sentirnos omnipotentes. La edad nos recuerda que ese sentimiento es una estupidez. Antes veíamos al dolor y la muerte como un acto natural por el que todos, alguna vez, algún día, debemos atravesar. Hoy, nuestras perspectivas son diametralmente opuestas. No soporto ver llorar a un niño de dolor ni morir de hambre. No aguanto presenciar a un paciente que padece de cáncer atormentado por el dolor, sin que haya nada para calmárselo. No resisto decirles a mis pacientes que mis posibilidades terapéuticas para ayudarles a superar cualquier contingencia de salud están seriamente disminuidas.

No puedo asumir la responsabilidad que a mí no me toca. La medicina no se puede ejercer hoy día con pócimas, ni fórmulas farmacológicas preparadas empíricamente. La robótica llegó para quedarse. La tecnología biomédica supera muy prontamente los más recientes avances, los desplazan, los van haciendo obsoletos. La farmacología corre por un carril paralelo. Avanza muy rápidamente. Las expectativas de vida en los países desarrollados alcanza las edades alrededor de los 90 años. Aquí mengua a paso de vencedores. Enfermedades controladas como el paludismo, de carácter epidémico a nivel nacional. Ni que decir del sarampión y la tuberculosis, por citar algunas.

En otra entrega, si Dios me lo permite, les hablaré de los otros motivos que causan el hecho de que cada vez haya menos médicos en Venezuela.

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