La cultura y manifestaciones desde el relato de vivencias de los pueblos se convirtió en espectro agónico que es como puede catalogarse el actual estado de los medios.

La sede de mayor permanencia del histórico diario El Luchador, el original, se observa en un local pintoresco, anclado en una esquina, pasando un edificio en forma de “Y” a donde desemboca la calle Democracia, luego de la plaza El Periodista; al lado de los bomberos adyacente a la avenida Cumaná de Ciudad Bolívar. En vistazo muy casual (era la década de los años 90 y el diario había dejado de circular), contemplé las viejas máquinas y cantidades de bultos de aquel periódico que ya no volvió más. La etapa de retorno vendría con otros propietarios, otros enfoques; iniciando un ciclo de cierres y aperturas donde parece encontrarse.

Hace menos tiempo, en apoyo a un grupo de periodistas, con la anuencia y compañía de Álvaro Natera, Alvarito, hicimos una revisión de números publicados de El Bolivarense, cerrado hace años, que en el devenir de esta capital con profusa existencia de rumores de venta no llegó a efectuarse. En la ocasión mencionada, contemplamos las máquinas sumidas en la oscuridad como todo el lugar de aquel diario que retrató con creces por largos años y con un sinfín de personal de primera las realidades de toda Guayana. En los años ochenta conocí la dinámica sede de El Expreso, exactamente allí al lado de la plaza Centurión, visitada luego en múltiples oportunidades para intercambios con el poeta José Laurencio Silva, decano de los periodistas de la ciudad, e igual con el jefe de redacción Eduardo Osto, a quienes con el dolor de perder el instrumento de su pasión y su empleos les tocó, ya sin poder más, cerrar el diario del desaparecido Chemelo Guzmán y familia.

En Ciudad Bolívar aún continúa El Progreso, reducido a la mínima expresión. En Ciudad Guayana, que ensanchó alguna vez la aparición de distintos medios impresos, se conocen los cuentos de los últimos 20 años sobre el monopolio del papel y el chantaje de la revolución para incidir a través de esa política las líneas editoriales; causa principal de la extinción de estos medios. La historia de Correo del Caroní, plagada de persecuciones judiciales y amenazas es la épica regional por excelencia -con sus máquinas prestas a reanudar como siempre dice el doctor Natera- de no sucumbir a los ataques y de ponerle paro diariamente al intento dictatorial de cerrar cualquier vestigio de periodismo independiente y de calidad. En Guayana arrastramos por lo tanto, al menos 10 años de cierres y paralización definitiva en el campo de la prensa. La radiodifusión es un capitulo triste de confiscaciones de emisoras, sumisiones y silencios en el que cuesta señalar operadores comprometidos con la resistencia de sostener la información y defensa del Estado de derecho. De este modo al contemplar el oscuro panorama de la comunicación en el estado Bolívar -como en Venezuela en su conjunto- el discurso impecable de Antonio Pasquali, recién fallecido, era de gran aliento para las transformaciones requeridas. Reconfortaba que desde los espacios más recónditos de la geografía nacional, podía contarse, entre otros, con este venezolano de excepción para al lograr la reconquista de la democracia, abriese realizaciones sobre su tesis: “Por una democracia de comunicaciones libres, plurales y descentralizadas” exposición hecha en el Simposio Descentralización y Autonomías: la fuerza del futuro. Organizado por Universidad de Carabobo, Gobernación de Carabobo, Colegio de Abogados y Casa de la Estrella. En Valencia, el 6 de julio de 2011.

“Comunicación y cultura de masas”

Guayana de primordial importancia para recuperar la democracia y el país, en avance hacia una sociedad de deberes, derechos, desarrollo y justicia, tiene incipiente o inexistente la formulación de ideas que catapulten el modelo de modernidad desde la perspectiva local. Los juegos de intereses y mediatizaciones que desde el pasado reciente con las tramoyas corruptas de los círculos del PSUV o residuos de actuación de “aparatos” en los partidos opositores aún influyen. El descredito de las organizaciones políticas y la condición de una sociedad civil en proceso de conformación en identidad y organización, han atentado contra las reflexiones serenas y productivas.

En el área de la comunicación el desierto está a la vista. En la ancha territorialidad de Guayana con municipios sin procesos de la información, sin plataformas comunicacionales sostenibles que ha sido tradicionalmente característica estructural. El manejo informativo sesgado e incompleto, aprovechado por la revolución roja, sobre todo mediante radioemisoras comunitarias, como exclusivas extensiones de propaganda de los medios centrales oficialistas; se establecieron como expresión de caricatura de comunicación, a los que colectividad nunca respaldó. La cultura y manifestaciones desde el relato de vivencias de los pueblos, se convirtió en espectro agónico que es como puede catalogarse el actual estado de los medios, aunado a las peripecias económicas de sustento. De allí, que las ideas de Pascuali, son ese referente superior que toca tener a mano: “Saquemos de una vez la conclusión de todo eso: las comunicaciones figuran entre los protagonistas de la historia patria, ellas son nuestro primer líder de opinión y nuestro verdadero Ministerio de la Cultura Popular; es masoquista y cobarde seguir eludiendo un tema de semejante envergadura. Salir del chavismo debe representar no sólo la superación del militarismo, sino el definitivo abandono de esa estúpida política del avestruz que mantuvo en vida sistemas de comunicación acaparados, centralizados, confiscados y de baja calidad”. De la exposición citada, publicada en Comunicación. Revista del Centro Gumilla. Cuarto trimestre 2011. N° 156.

“La devastación chavista: transporte y comunicaciones”

En la atmósfera nacional de desespero y estoicismo, la población pregunta por precios de comida, medicinas, gasolina, dólar, útiles escolares, agua o tarifas del transporte. En cada punto la información es difusa; no hay cobertura extendida sobre el acontecer. Las redes sociales suplen, pero son insuficientes.

¿Qué ocurre en las minas del sur del estado? ¿Los cuestionamientos a autoridades civiles y militares en Guayana? ¿Acerca de la actuación de grupos irregulares, bandas delictivas o ajusticiamientos de los cuerpos de seguridad? Hay múltiples temas que quedan ocultos en un momento de duras penurias. El esfuerzo de luchas democráticas requiere de difusión de sus planteamientos; tanto para estas horas a las que los guayaneses no rehúyen, como para abordar con consistencia las transformaciones. Antonio Pascuali, citaba certeramente al pensador norteamericano, Jeremy Rifkin, acerca de un par de profecías de este: “a) Muchas actividades humanas hoy centralizadas se irán rápidamente descentralizando a imagen y semejanza de la red de internet, y b) El nuevo motor del mundo será la empatía, la solidaridad inteligente entre diversos, fundada en una balanceada descentralización de poderes, en un vigoroso y ordenado pluralismo”.

Quien fuera promotor del proyecto Ratelve (sobre el sistema de radiodifusión de servicio público), quien escribió importantes textos, que en estas líneas sirven de subtítulos, ya no está. Toca a los venezolanos asegurar que sus planteamientos se conviertan en obras. En Guayana nos corresponde construir la regionalización con una amplia y detenida discusión, movilizada en este enorme territorio devastado por la revolución.

Trocitos…

- El menú primordial de los sectores populares está basado en consumo de arroz con cualquier producto; sardinas sobre todo. Es lo más accesible. La comida, por sobre otras adversidades, es el gran tema en Bolívar.

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