Para muchos mexicanos, la muñeca de Mattel es ofensiva, pues ha trivializado una fiesta sagrada como lo es el del Día de los Muertos, y que no es exclusiva ni siquiera de los católicos y cristianos ortodoxos.

La controversia sobre la versión Barbie de la Calavera Catrina pica y se extiende. La popular muñeca llega a sus 60 años, y la empresa Mattel decide conmemorar una de las más memorables fiestas mexicanas del “Día de los muertos”, con el diseño de una Barbie que, aunque vistosa, ha despertado críticas: “el vestido que lleva se parece más a la de una bailarina de flamenco”.

Mattel está renovando su éxito después de la Barbie de Frida Kahlo, con esta colección limitada del Día de los Muertos, que al parecer ya está agotada. La muñeca cuesta 75 US$, y aparte de las cuantiosas ganancias, ¿qué significa todo esto? ¿qué implica para una empresa multimillonaria como Mattel, el apropiarse culturalmente de esta tradición, en tiempos que mexicanos y otros latinoamericanos son víctimas de la más trágica y criminal humillación en campos de detención en los Estados Unidos?

La empresa está muy consciente de esta movida y hay razones para inferir que es el mercado interno de los EE UU el objeto de su apuesta. Según el escrito de Laura Rodríguez en el Chicago Tribune, tanto La Catrina como Frida Kahlo son íconos de la unidad y el orgullo cultural de los chicanos e inmigrantes mexicanos.

Fuera de ese radio de acción, en México, la cosa es otra. La Barbie del Día de los Muertos está inspirada en la imagen de la Calavera Catrina, proveniente de la sátira política creada por José Guadalupe Posada (1913). A través de su dibujo, Posada mostró que la muerte también se viste de clase alta, y con eso despachó las pretensiones del clasismo desmedido de su época. Se trata de una sátira que, indudablemente, dista mucho de la versión descafeinada de Mattel. La imagen original posee tal riqueza simbólica, que con el tiempo creció su significado espiritual y su relevancia para la identidad mexicana. Devino ciertamente la Calavera Catrina en una diosa que muestra esa vida interna de los huesos e invita a reírse junto con la muerte. La muerte es el personaje principal de la fiesta del día de los muertos y Catrina es el centro de su fastuosidad. La coexistencia del mexicano con la muerte es un concepto labrado a lo largo de los años. No puede éste asumirse y comprenderse de un día para otro.

Por eso la presentación de esta Barbie tenía que ser aceptable para aquellos que no necesariamente comparten el espíritu de ese día. En una población tan heterogénea como la de los EE UU, el producto puede ser tomado como reconocimiento por parte de los chicanos, o simplemente logra apelar al gusto por lo bello o exótico.

Para muchos mexicanos, la muñeca de Mattel es ofensiva, pues ha trivializado una fiesta sagrada como lo es el del Día de los Muertos, y que no es exclusiva ni siquiera de los católicos y cristianos ortodoxos. Es ella una conmemoración tan antigua y arraigada en el alma europea, que la reforma protestante no pudo eliminarla del todo. Tanto el día de los santos como el de los difuntos, están también en el almanaque de anglicanos, luteranos, metodistas. Para los anglicanos, los menos protestantes de estos últimos, el día de todas las almas es un evento muy sentido. Durante la ceremonia apagan las luces de la iglesia y los feligreses llevan las velas con los nombres de sus seres queridos.

Quizás la explicación de la no celebración de este día en los EE UU sea porque el protestantismo duro que emigró para allá consideró esto un culto a los muertos y, por tanto, un acto hereje. En cuanto a la creciente población de ateos, éstos deben aún llevar el traje de sus religiones de crianza, y posiblemente tengan una opinión similar. Se podría decir que, para una buena parte de los gringos, es muy difícil entender o respetar el sentido y sustancia del Día de los Muertos. Para ellos, esta Barbie conmemorativa no pasa de ser un objeto de colección.

La sociedad estadounidense y la mexicana no pudieron haber sido más opuestas. Las vueltas de la historia: son vecinos.

Y mejor que no sea esa Barbie tan mexicana y me parece acertado que tenga un traje más al estilo del baile flamenco, así le aporta una huella española al vestido. Esta muñeca es una máscara, no una calavera. De ella no aprendemos más sino de la vistosidad de su diseño. Eso sí, Mattel se apropia lo suficiente de la tradición como para mercadearla y venderla en un pestañear de ojos. Su responsabilidad con México y con la latinoamericanidad debe corresponderse con la medida de sus ganancias.

La detención criminal y monstruosa de los inmigrantes mexicanos y latinoamericanos en Texas, de acuerdo a los analistas, es uno de los más trágicos episodios de la historia presente. La separación de los niños de sus padres va a ir al tribunal algún día. La empresa Mattel no puede ser una espectadora más o una convidada de piedra.