Mike Pompeo demuestra la búsqueda de logros contundentes que contribuyan a impulsar la libertad y la democracia en Venezuela.

Se nos hace presente, por estos días, ese mundo de las verdades simuladas. Esas argucias del lenguaje, con las formas de la búsqueda del poder que pasan con “normalidad” en la dinámica política de un país sin tragedia (que no es el caso venezolano, por lo que todo eco se dimensiona casi infinitamente) donde a los ojos de los mortales resulta costumbre observar cómo actores políticos dejan atrás la autenticidad, prefiriendo garantizar resultados de sus cálculos (legítimos o no); caminando sin aprehensión alguna por el ocultamiento. Se requiere -puede pensarse- formación y ejercicio para que sea la ética y el mejor uso de la comunicación, lo exacto de lo que se intenta proyectar. Haciendo, también, uso del recurso del “susurro” de aquello que en la formalidad tiene palabras estructuradas y solemnes, pero que puede resultar más veraz y eficiente.

Así entendemos gran parte del singular y hasta entretenido episodio (que no resulta tanto por tanta calamidad que ocasiona el atropello dictatorial) del secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo sobre los 40 aspirantes presidenciales y el comportamiento complicado de la oposición política nacional. El señor Pompeo con quien mediáticamente nos hemos familiarizado y del que no hay rincón de esta nación que no centre su interés en sus palabras, por su actuación en la presión internacional, clave contra el régimen de Maduro que apertrechado en instituciones controladas para sus intereses, se mantiene impertérrito a los padecimientos de las mayorías y a los reclamos democráticos que no han eludido caminos constitucionales que fomenten el cambio, destrozados por la revolución y la presente usurpación presidencial.

De cerezos, mangos y la ruta I

La ciudad de Washington, capital de los Estados Unidos, es una población caracterizada por los bonitos árboles de cerezos y por los “murmullos” que se expanden a toda esa nación, como producto de la convivencia de la burocracia gubernamental y el desarrollo de todo tipo de acontecimientos en la vida de los organismos que se encuentran en esa urbe. Así nos dicen quienes han estado o residido por aquellos lares. No nos consta. Lo que sí vivimos de mejores tiempos de la democracia en el estado Bolívar es que Ciudad Bolívar, la capital de Guayana, es cuna de matas de mangos, cuentos y chismes, donde no había lo que no se conociera, en relación a movimientos del ejecutivo regional, los distintos organismos o donde la designación institucional es de ley, cambios a nivel de Caracas y de las situaciones de los partidos (que es con estos últimos donde ahora se sitúa la caricatura de lo que va quedando). Ciudad Guayana, por su parte, incluyendo sus sectores populares, nunca ha sido tan proclive a estas conductas y tertulias. La apreciación de toda la vida es que para la dinámica de estas historias, la práctica ha sido por demás abundante en la capital guayanesa, mientras que en la zona del hierro lo es casi nula.

Entendible entonces, comprender la esencia de lo manifestado por el señor Pompeo, que no solo con la afirmación “filtrada” referida, ha demostrado su solvencia para el dardo confrontador (“ahora no contestan los teléfonos”. Llegó a decir de altos personeros del régimen venezolano, luego de los sucesos del 30A) y para dar en el blanco, con la frase feliz que nadie espera de un funcionario de Trump, de un norteamericano supuestamente sin atención especial por los asuntos de esta Venezuela. O como es asumido por la jerga revolucionaria, estancada en su primitiva simbología: por un exjefe de la CIA, preparando la invasión imperialista con sangre, tanques y compañías de marines contra el suelo patrio. Mike Pompeo demuestra al igual, por cierto, que el señor Elliot Abrahms y John Bolton, que es más allá de los estereotipos de gringos, de “derecha” o “imperialistas”, u otras hierbas, funcionarios de alto vuelo, embarcados en una compleja misión que van llevando (mientras el presidente de EE UU, dice que con todas las opciones sobre la mesa), con pulso y sin ninguna ingenuidad la búsqueda de logros contundentes que contribuyan a impulsar la libertad y la democracia en Venezuela.

Amor y control

¿Qué fue lo que dijo, entonces, el secretario de Estado y de qué manera afecta a la dirigencia opositora y al anhelo colectivo mayoritario de salir de la pesadilla de destrucción nacional de hoy? El asunto estriba, no en las aspiraciones presidenciales y el número de estas, como muy bien fue respondido por analistas sobrios al tratar el tema. Tampoco en un alejamiento de EE UU o de los países de la comunidad internacional en la estrategia de recuperar el orden constitucional que dirige la Asamblea Nacional y el presidente (e) Juan Guaidó. El quid del reclamo, nada velado, de Pompeo y que tuvo eco desde Catia, Los Ruices, La Sabanita, Vista al Sol, Caripe, Acarigua, Güiria, Cabeza Mala, hasta Icabarú y la Guajira, está en la inseguridad; esa indefinición -recurrente de la dirigencia democrática en episodios de características definitorias- que por supuesto para un pueblo que ha seguido al pie de la letra las instrucciones de lucha (por sobre la desaparición de medios de comunicación realizada por la revolución) es captada con gran facilidad y no lo aprueba en lo absoluto cuando tenemos: persecución, torturas, presos, muertes de niños, inmigración por avalancha, obstáculos a la ayuda humanitaria, pesadilla con el surtido de gasolina, hambre creciente y burlas de los más conspicuos representantes del régimen.

Ese titubeo casi adolecente de los dirigentes, cosa que en lo interno ya ha habido regaños de la Iglesia y críticas serias de muchos sectores en estos veinte años. Indefiniciones a la hora de las acciones y de las explicaciones a los venezolanos. Allí centra el reproche con lenguaje de nuestro folklore político nacional, el alto ministro de EE UU. Apunta a “pelones” como el cometido por el diputado, encargado de la presidencia, sin ninguna otra intención que demostrar su lealtad, no se repitan en desmedro de los objetivos acordados, al poner en lugar de su liderazgo legitimado al dirigente Leopoldo López. Pero igualmente ha pasado con la visión de la estrategia, convertida en secreto místico, que han dejado al garete la palabra oportuna (sobre la complejidad de negociar con el régimen que es rechazado por la opinión pública como forma de emboscada) que luego el gobierno y sus voceros han sacado provecho para señalar supuestas falsedades, donde el régimen es el único campeón, y que ha tenido uso por otras corrientes, agiles en comunicar posiciones en función propia, cuando es el liderazgo democrático, los que avanzan la ruta clara en muchos años a los que corresponde, sin complejos, la firmeza del mensaje fortalecedor de la resistencia. Unidad y coherencia o amor y control. Lo demás son fábulas que solo confunden a los que quieren confundirse. Es como hablar del vuelo de Mike Pompeo desde la capital estadounidense hasta Ciudad Bolívar, y luego a la ruta 1 de Vista al Sol, el populoso sector de Ciudad Guayana. Que alguna vez podría ocurrir pero que por lo pronto no hay vuelos que aterricen en el Tomás de Heres, y en la ruta 1, ya ni siquiera quedan perreras que son las que siempre han hecho el tránsito de pasajeros por esa vía.

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