Es un momento de “quiebre” evidente entre los factores que acompañaron a la revolución bolivariana y que tuvieron hasta hace muy poco el sentimiento de respaldo de criollos e indígenas en ese mundo aparte que es la Gran Sabana.

Recorrer la extensa, exuberante y colorida Guayana: este estado Bolívar nuestro, sigue siendo una aventura sorprendente. Lo es a pesar que la acción intermitente de las instituciones a lo largo de muchos años y el abandono, discursos y tramoyas políticas de los últimos veinte, han hecho más ausentes en sus penas a los pueblos periféricos de la jurisdicción. Esta condición es inherente a toda la geografía guayanesa, que por mucho tiempo (hace cinco o incluso menos décadas) a sus pobladores se les tildaba de casi “anti-sociales” por el comportamiento reservado en comparación con habitantes del centro, oriente u otras regiones de Venezuela. Puede, quizás, la observación servir para explicar la distancia más larga aun, en años e historia, de las comunidades indígenas de todo el estado Bolívar (donde tenemos etnias distintas) en su costumbres y actitudes que nos resultan extrañas e irreconocibles cuando cuan estampas fotográficas hemos visto su tránsito o escuchado frases sueltas de los dialectos. Al visitar la Gran Sabana, con sus numerosos caseríos o al contemplar al resto de los habitantes originarios, poco comprendemos de padecimientos y laboriosas luchas, todavía más ahora cuando los males de la economía, el desenvolvimiento social y el funcionamiento de las instituciones de todo orden se han convertido (además de inoperativas, corruptas e indolentes) en una pesadilla violenta y en amenaza generalizada, impuesta por las ansias de poder infinito de la revolución del socialismo del siglo XXI.

Guardia territorial indígena

Las aristas de los acontecimientos que desde el 22 de febrero y en días siguientes se han venido suscitando; iniciados con las acciones desde el sector de la comunidad de Kumarakapay (“…nombre que recibe la comunidad indígena de San Francisco, que significa; lugar de los pájaros tijeretas,…”), en San Francisco de Yuruaní, a una hora de Santa Elena de Uairén, son múltiples y enrevesadas. Es un momento de quiebre evidente entre los factores que acompañaron a la revolución bolivariana y que tuvieron hasta hace muy poco el sentimiento de respaldo de criollos e indígenas en ese mundo aparte que es la Gran Sabana. En la tarea de insertar los asesinatos, persecuciones y terrorismo de actuación de FAN y acompañamiento de colectivos, guerrillas y demás hierbas represivas de la revolución durante estos días finales de febrero, se hace necesario contar, en este cuadro de la panorámica política, social y económica del estado Bolívar y su lugar en la ruta de recuperación del orden constitucional trazada por la Asamblea Nacional y el diputado, presidente (e) Juan Guaidó. Contar, repito, con la comprensión de acciones de enfrentamientos ocurridos hace apenas unos meses pasados en Canaima y en años no tan distantes, los episodios vividos entre las etnias y las fuerzas del Ejército y la Guardia Nacional en el municipio fronterizo.

En esos capítulos previos, los movimientos de las comunidades que confluyen, por sus raíces ancestrales, en estructuras de dirección propias, mostraron cómo en todo el país, opiniones divergentes frente al desarrollo de la presente coyuntura política e institucional venezolana. Para algunos, hoy en aparente mayoría, enfrentar la manipulación y las mentiras de las promesas del gobierno de Maduro y el PSUV fue decisión tomada. Otros, ante las sugestivas atenciones del gobernador Noguera, en cada crisis, como antes lo fue con Rangel Gómez, era necesario otorgar -consideraron- nuevas oportunidades a la revolución y un segmento, probablemente menor, sencillamente se afilió militantemente con arcos y flechas a los socialistas en función de beneficios personales. El episodio de la urgencia de ayuda humanitaria volvió a poner las tensiones en el tapete según parece ser y al salir la Guardia Nacional Territorial Indígena, desde Kumarakapay al encuentro de la tan requerida ayuda internacional, encontró la traición del fuego de las armas que se dicen de la república, pero en manos de mercenarios y fanáticos. Después de allí, ante el tronar de las balas la selva adentro volvió a ser aliada de los guerreros buscando refugio para la sobrevivencia.

¿Qué hacer con la democracia y el estado social de derecho?

Los principios constitucionales siguen hoy en la distancia de las sombras y los silencios. En la resistencia, la esperanza ciudadana y en convicción de esfuerzos colectivos por el ideal de construir futuro para estos caseríos, poblaciones y municipios carentes de comprensión y ausencia de protección de las autoridades que son los primeros verdugos y del tan renombrado Estado de justicia que es un bonito enunciado, como los son preceptos que rigen la Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas. El papel de la comunicación y la información tan caro y con grandes dificultades es otra de las aristas imprescindibles de revisar en la lucha por el rescate del orden constitucional y la defensa de la población. Merece en el caso de Santa Elena de Uairén un capítulo especial, pero no podemos dejar pasar, en estas líneas, cómo la actuación caracterizó el panorama regional en lo concerniente a la imagen política.

El gobierno usurpador (Estado-partido e instancias locales) aun en medio de asesinatos y heridos, montó el show que con la magia de la televisión y mediante los reflectores que resaltarían el maquillaje de los jefes del proceso rojo debían ocultar, en sus cálculos, el hambre y la represión de Gran Sabana: Programa perdido, el discurso paternal y vinculado a las mitologías socialistas se desintegró. La denominada alternativa democrática, por su parte, mostró en las redes sociales un papel entre lo anecdótico y uso de la raída denuncia estridente, sin reflejar el plan práctico o por lo menos la necesaria cohesión con los propósitos de la ayuda humanitaria o con las obligadas respuestas en contra del terrorismo empleado por el Gobierno. Salvaron al resto del extenso estado Bolívar, al país entero y al mundo, lograr enterarse de lo que ocurría en la tierra de los tepuyes, los jóvenes periodistas y comunicadores, muy tan en el sentir de la Venezuela y la Guayana actual, que portan como banderas la libertad y el compromiso por la verdad. Si bien han sido testigos de lo que es capaz el gobierno (la matanza de Tumeremo está en sus coberturas) nunca pretendieron que la exageración o la mentira en el proceso de la información, contribuyera más que la rigurosa fidelidad a los hechos (desde el propio terreno) al respaldo y solidaridad con las comunidades indígenas y en general del municipio. La comunicación para el ejercicio democrático es un área que merece especial atención en la vastedad del silencio que se ha impuesto a la región. Valen los balances para ir encontrando los cambios anhelados en las luchas que faltan y después en el inminente porvenir democrático venezolano. ¡Honor a las etnias de Guayana y en especial al pueblo pemón!