Sábado, 15 Octubre 2016 00:00

Jesuitas buscan a un venezolano para comandar su congregación [+ videos]

 
Valora este artículo
(0 votos)
Jesuitas buscan a un venezolano para comandar su congregación [+ videos] Foto Compañía de Jesús

El carácter docto de Arturo Sosa lo ha llevado al trabajo de calle. No se guarneció en la comodidad de una biblioteca, sino que sus lecturas políticas del país parten de su contacto con el hermano. Trabajó en el Servicio de Refugiados, de los jesuitas, es defensor de los pobres, de los inmigrantes y de los derechos civiles y políticos.

 
 

Por primera vez en los 476 años de historia de la Compañía de Jesús (S. I., como firman sus integrantes, en latín), un fray no europeo (venezolano para más señas) regirá el destino de una de las órdenes religiosas más influyentes de la Iglesia y en el mundo. La feligresía, el clero y el gentilicio venezolanos vuelven a llenarse de júbilo en menos de una semana tras el nombramiento como cardenal del arzobispo de Mérida, Baltazar Enrique Porras Cardozo.

Si en marzo de 2013, el colegio cardenalicio buscó en los confines del mundo al argentino Jorge Mario Bergoglio para nombrarlo Papa, el cónclave jesuita XXXVI, que empezó el 2 de octubre y terminó este viernes 14, encontró fuera de la geografía europea, en el continente de la esperanza -como designó san Juan Pablo II a Latinoamérica- a Arturo Marcelino Sosa Abascal, como su prepósito general 31, la máxima autoridad en la orden fundada por san Ignacio de Loyola, en 1540.

Se trata de un fray de 68 años, tan académico como de gran experiencia pastoral. Es filósofo, escritor y doctor en Ciencias Políticas. Fue rector de la Universidad Católica del Táchira (UCAT) y su paso por la academia incluye la UCAB y la Universidad Central de Venezuela tanto en pregrado, como en maestría y en doctorado. Tiene un aval letrado, pero también una muy amplia trayectoria en el trabajo pastoral, que es el gran premio que han recibido tanto Porras como Sosa en esta semana con sus nuevas investiduras.

Su carácter de docto lo ha llevado al trabajo de calle. No se guarneció en la comodidad de una biblioteca, sino que sus lecturas políticas del país parten de su contacto con el prójimo. Trabajó en el Servicio de Refugiados, de los jesuitas, es defensor de los pobres, de los inmigrantes y de los derechos civiles y políticos.

Lineamientos precisos

En su blog, El alegre cansancio, el jesuita Miguel Lamet, interpreta la elección de Sosa como la necesidad de una dupla latinoamericana para conducir la Iglesia.

  ComillasNEGRASgrandesLa corrupción se ha convertido en la cultura política dominante. Al corrupto no se le sanciona socialmente, sino que se le acepta y halaga. Las vías de la corrupción se han convertido no sólo en las más eficaces, sino en las únicas posibles para obtener desde el poder político hasta los servicios más elementales del Estado”, escribió Sosa para la revista SIC en junio de 1991.  


En otras palabras, una conjugación que rompe el mito del Papa negro -como se llama al padre general de los jesuitas, vestido de este color y que tiene carácter vitalicio en la orden- versus el Papa blanco -como se conoce al sucesor de San Pedro, ataviado del símbolo de la pureza. Esta leyenda describe con sorna el rumor de la curia romana por siglos: en el Vaticano reina el Papa, pero en la Iglesia (y en el mundo) gobierna un jesuita.

“Además, esta elección representa un nuevo respaldo a la línea de Arrupe y la misión por él inaugurada de unir fe y justicia, un binomio que se inscribe en el diálogo con el mundo de la Iglesia del Vaticano II para afrontar los desafíos de un futuro complicado”, sostiene Lamet.

Pedro Arrupe fue el general de los jesuitas, nombrado en 1965, el último año del Concilio Vaticano II. Su visión estuvo marcada (hasta 1983, cuando cedió el testigo) por la lucha para abolir todas las injusticias en la humanidad: la discriminación, la persecución contra los migrantes, la negación de la libertad religiosa y de la expresión política, la explotación de la mujer, las amenazas contra los no nacidos, los minusválidos y ancianos.

Cercanía con el papa Francisco

La congregación general XXXII, entre 1974 y 1975, acuñó el grito de guerra: Servicio de la fe y promoción de la justicia.

Sosa y el entonces Bergoglio se conocieron en Roma durante la congregación XXXIII, en septiembre de 1983, cuando asumió Peter-Hans Kolvenbach las riendas, hasta 2008.

Sosa no sólo fue designado como consejero de su antecesor (2008) y administrador de los bienes de los jesuitas en Roma (2014), además trabajará desde ahora a unos pasos (literalmente) del papa Francisco, por lo que el pontífice tendrá una tercera voz (seguida de Pietro Parolin, quien fue nuncio papal en Venezuela y de Baltazar cardenal Porras) muy cercana de la realidad venezolana.

Hay un dato curioso: Arrupe, Hans Kolvenbach y ahora, Adolfo Nicolás (2008-2016) renunciaron por alcanzar los 80 años; pidieron la dispensa papal y les fue concedida (de acuerdo con el Derecho Canónico, 529, un sacerdote puede renunciar a su ministerio a los 75 años).

Esta idea, la de renunciar a su ministerio, dado el antecedente de su predecesor Benedicto XVI, ha sido manifestada públicamente (sin precisar cuándo o edad), por Francisco. Ha sido, en todo caso, una costumbre entre los jesuitas.

Papanegro2El provincial de Venezuela, Arturo Peraza, se abraza con Sosa, en el saludo de los miembros de la Congregación General como gesto protocolar fraterno de reconocimiento a su nuevo prepósito

Extractos del pensamiento 

“La liberación popular sigue siendo un deseo mayoritario. La esperanza se vislumbra en un cambio estructural y en el crecimiento y maduración de las fuerzas populares que puedan construir una verdadera alternativa social: necesitamos la generación del pueblo”, escribió para la revista SIC en 1978, Sosa a propósito de los 50 años de la Generación del 28.

“La corrupción se ha convertido en la cultura política dominante. Al corrupto no se le sanciona socialmente, sino que se le acepta y halaga. Las vías de la corrupción se han convertido no sólo en las más eficaces, sino en las únicas posibles para obtener desde el poder político hasta los servicios más elementales del Estado. Quien se aventura todavía a los caminos señalados por la ley o por el sentido común para ejercer sus derechos resulta incómodo a un sistema que ha convertido la aberrante corrupción en el camino ordinario para la toma de cualquier clase de decisiones”, escribió para la revista en junio de 1991.

En su último artículo para la SIC, la edición de enero-febrero de 2013, previa a la muerte de Chávez (el 5 de marzo), planteaba la necesidad de la justicia social para construir un “pueblo de ciudadanos en el que todos encuentren no solo lugar y canales abiertos, sino las condiciones humanas y sociales para participar en la toma de decisiones políticas en igualdad de condiciones”.

Y deja el siguiente reto: “¿Podremos encontrar en el corto plazo ese terreno común, empezar a pensar, crear y discutir alternativas políticas que garanticen la democracia con justicia social? ¿Podremos volver a sintonizar con el bien común como la condición para realizar los intereses particulares? ¿Dedicaremos las energías y el tiempo necesario para impulsar y acompañar los procesos de organización popular de los que nazca ese poder popular capaz de mantener con el voto la orientación de la sociedad y el Estado a la consecución del horizonte compartido?”.

De la razón a la acción

  barra 13aNaranja220

MÁS INFORMACIÓN

“La democratización en Venezuela sólo es posible sin el militarismo"

barra 4naranja220

“Tenemos que defender nuestra vocación ciudadana con participación y trabajo”

barra 4naranja220

Papa Francisco intensifica gestiones para destrabar la crisis política en Venezuela

barra 4naranja220

Arturo Sosa, el jesuita de una Venezuela polarizada

barra 4naranja220

Iglesia: La reconciliación será clave para superar crisis moral y económica del país

 

Hay una faceta que ha de destacarse también de Sosa: su escritura. La traducción en texto de su visión de país, de sus coyunturas y de su largo aliento. La esencia de Sosa encierra también la espiritualidad que desemboca inequívocamente en la ciencia política:

“La invitación a discernir a partir del método de los signos de los tiempos reta a situarse en el horizonte que admite la actuación del Espíritu en la historia sin abandonar el rigor propio de la Ciencia Política. En la actual situación de Venezuela, aceptar este desafío puede ser una manera de contribuir efectivamente a encontrar ese espacio, tan necesario como difícil de constituir, en el que todos encuentren un lugar. Es un método que exige estar abiertos a la posibilidad de la novedad en la historia y a reconocer los momentos de cambio epocal como ocasión privilegiada para que se produzca”, advirtió sobre Venezuela el politólogo y teólogo para la revista ITER (Instituto de Teología para Religiosos de la UCAB) en 2014.

Además de la revista SIC, para la que escribió por 37 años y dirigió por 17 (1977-1996) es autor individual de títulos como: La filosofía política del gomecismo: estudio del pensamiento de Laureano Vallenilla Lanz (1974); Democracia y dictadura en la Venezuela del siglo XX (1979); Colonia y emancipación en Venezuela (1979); Ensayos sobre el pensamiento político positivista venezolano (1985); El programa nacionalista: izquierda y modernización 1937-1939 (1994). Y un par de obras dedicadas a Rómulo Betancourt. Como autor colectivo se honra de otra decena de libros.

Una de las grandes conclusiones de la Congregación General 33 fue que los jesuitas deben hablar menos y hacer más. Ese año lanzaron una autocrítica liberadora: “El amor se debe poner más en las obras que en las palabras y además nos falta ser más auténticos en la pobreza personal, comunitaria e institucional para poder actuar con libertad evangélica”. Solo así se puede proponer un cambio: desde la transformación personal, con Dios como guía, claro.

Como historiador defiende la tesis de que la historia no es una fórmula que condena a un país a repetirla; aboga por la participación protagónica del ciudadano en los cambios.

Sosa cree en la cultura del encuentro. ¿Si bien no son un calco el uno del otro: puede haber más similitudes filosóficas, teológicas y pastorales entre Sosa y el papa Francisco?

El mérito es indiscutible, como también el beneplácito de la feliz coincidencia de su designación, como definió este viernes su exprofesor y exmentor, el padre Luis Ugalde, S. I.

Que su antecesor, Adolfo Nicolás lo haya escogido como uno de sus consejeros en 2008 y lo haya hecho llamar a Roma en 2014, es a todas luces, un signo de los tiempos. La pastoral, no de calle, sino curial y vaticana, sella el hito de Sosa. Es el perfil que la Iglesia está buscando celosamente para ajustarse a nuevas realidades.

La prudencia en el obrar, la reflexión política, el contacto con la realidad desde la realidad y la contundencia mesurada de su habla y de su prosa siluetean a un padre general de la Sociedad de Jesús que trabajará codo a codo en la transformación de la humanidad y de la Iglesia, signo de estos tiempos de progreso, hacia una evolución humana más humanista y más cercana a la fe. Es el fin último: Para Mayor Gloria de Dios, como dicen los jesuitas.

Visto 7510 veces Modificado por última vez en Miércoles, 19 Octubre 2016 01:54

Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El precandidato a alcalde cuestionó la memoria y cuenta de Tito Oviedo, señalando a la Cámara Municipal, Contraloría y Sindicatura...

El proceso de validación de Acción Democrática coincidió con Proyecto Venezuela, partido que se retiró, y con Copei, cuyo cruce de...

La edil acompañó la protesta de vecinos del sector El Tubo en San Félix, quienes denuncian presuntas mafias en la distribución de ...

El diputado a la Asamblea Nacional destaca que los responsables del problema de la gasolina en el país son los mismos que han llev...

Aunque algunas precandidaturas no están definidas, es amplio el cuadro de aspiraciones a la Gobernación y Alcaldía, incluso dentro...