Domingo, 27 Noviembre 2016 00:00

Revolución cubana: el paraíso comunista que terminó en dictadura

 
Valora este artículo
(1 Voto)
El Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, sostuvo hasta su muerte la amistad con Fidel Castro El Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, sostuvo hasta su muerte la amistad con Fidel Castro

Cuba representó en los albores de la revolución castrista todo lo que la Unión Soviética se había encargado de aniquilar.

Madrid/La Habana.- La revolución cubana ejerció en los años 60, en plena Guerra Fría, una atracción irresistible sobre numerosos intelectuales de izquierda en todo el mundo, especialmente en América Latina y Europa, seducidos por el gran carisma de sus líderes y por el carácter experimental y poco ortodoxo de la construcción del socialismo en la isla caribeña.

El filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre y su compañera Simone de Beauvoir visitaron Cuba un año después del triunfo de la revolución, convirtiéndose en los primeros de una larga lista de intelectuales de izquierda de renombre internacional que entre 1960 y 1970 viajaron a la isla para conocer el proceso revolucionario.

  Desde la propia América Latina llegaron a La Habana escritores ya laureados o de futura fama como Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Mario Benedetti.  


Desde la propia América Latina llegaron a La Habana escritores ya laureados o de futura fama como Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Mario Benedetti. Todos, los latinoamericanos y los europeos, se convirtieron tras sus primeras visitas en entusiastas apologistas de la joven revolución.

La mayoría de ellos se habían identificado en algún momento de su vida con los ideales de la revolución rusa y no pocos incluso habían militado en los partidos comunistas de sus países, posiciones de las que se fueron apartando a medida que se iba conociendo el lado oscuro de la Unión Soviética, su burocratismo y corrupción, las nuevas desigualdades, la represión de la disidencia y las atrocidades del pasado estalinista.

Para esos intelectuales, Cuba parecía representar todo lo que la Unión Soviética se había encargado de aniquilar durante su largo proceso de socialismo real: frescura de ideales, debate público abierto, diálogo con las masas, cambio permanente dentro del proceso revolucionario, democracia directa y libertad cultural. 

El hombre nuevo

 

represiOnSólo pocos tomaban en cuenta en los años 60 las noticias que llegaban del paraíso comunista sobre el fusilamiento de opositores a  Castro

 

Fueron especialmente los ideales promovidos por el Che Guevara, cristalizados en su defensa de la formación de un hombre nuevo, solidario y altruista, dispuesto a sacrificarse por la sociedad, movido por estímulos morales por encima de cualquier incentivo material, los que sedujeron a la izquierda mundial desencantada con el comunismo anquilosado en la Unión Soviética y sus satélites de Europa del Este.

Cuba, además, simbolizaba la lucha heroica de un pueblo pequeño contra la amenaza imperialista de Estados Unidos. Su causa, por ello, contaba con las simpatías del movimiento de protesta contra la guerra de Vietnam que en los años 60 inundaba las calles de las ciudades, de Washington a Ciudad de México, de Londres a París y Roma.

El radical antinorteamericanismo de la revolución cubana se aunaba, como fuerza de atracción sobre la nueva izquierda heterodoxa, al apoyo activo de La Habana a la lucha armada contra las dictaduras militares y neocolonialistas en el mundo, en abierto desafío a la política de coexistencia pacífica predicada desde el Kremlin.

El célebre retrato del Che con la melena agitada por el viento, la boina negra con la estrella roja y la mirada seria y serena dirigida hacia el horizonte, se convirtió después de la muerte del comandante argentino-cubano en Bolivia, en octubre de 1967, en la imagen que nunca faltaba en ninguna manifestación de protesta antiestadounidense en Ciudad de México, Caracas, Buenos Aires, Londres, Berlín o Madrid.

LULAEx presidente de Brasil, Lula Da Silva, hoy acusado por corrupción, iba a La Habana a rendir pleitesías a Fidel 

En Europa, Cuba también llegó a ser una fuente de inspiración, no exenta de idealismo romántico, para el movimiento juvenil izquierdista en su rechazo a la tediosa cultura política de la democracia parlamentaria, al moralismo autoritario y conservador de los gobiernos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial y al materialismo y la pobreza intelectual de la emergente sociedad del consumo.

Sólo pocos tomaban en cuenta en los años 60 las noticias preocupantes que llegaban del paraíso comunista sobre el fusilamiento de opositores al régimen de Castro, la aplicación de torturas en las cárceles cubanas o el encierro de homosexuales y otros elementos antisociales en campos de trabajos forzados.

Sin embargo, en 1968, cuando el movimiento de protesta estudiantil antiautoritario alcanzó su apogeo con el Mayo francés y cuando la figura del Che Guevara se había convertido en su máxima referencia ideológica, se produjo un viraje decisivo en la solidaridad con Cuba por parte de la izquierda europea antisoviética.

  1971 significó el adiós definitivo a la revolución cubana, cuando el poeta disidente Heriberto Padilla fue arrestado y obligado, según sus simpatizantes, a hacer una demoledora declaración autocrítica que recordaba los peores momentos de las farsas judiciales estalinistas.  


En agosto de 1968, Fidel Castro dejó perplejos no sólo a sus simpatizantes europeos, sino también al propio pueblo cubano cuando defendió la invasión soviética a Checoslovaquia para acabar con la Primavera de Praga, el experimento reformista del Partido Comunista Checoslovaco que buscaba desarrollar un comunismo con rostro humano.

El cambio de actitud de Castro, quien sólo pocos meses antes había criticado a la Unión Soviética como una Iglesia marxista, significó el inicio de un progresivo proceso de realineamiento de La Habana con Moscú, que culminaría en 1972 con la integración de Cuba en el CAME, la comunidad económica de los países comunistas prosoviéticos en el mundo.

  barra 13aNaranja220

MÁS INFORMACIÓN

Fidel salvó la economía cubana a cambio del ropaje ideológico al chavismo 

barra 4naranja220

Nostalgia por una 'Cuba libre' embarga a los artistas cubanos empujados al exilio 

barra 4naranja220

En serio ¿Murió Fidel?

 

La inserción plena de Cuba en el bloque soviético y la consiguiente adecuación de su modelo de desarrollo socialista a los dictados del Kremlin trajo consigo la ruptura con La Habana de la mayor parte de la intelectualidad de izquierda, particularmente la europea, más cercana geográficamente al socialismo real soviético, y en menor medida de la latinoamericana, que vivía más de cerca al imperialismo real de Estados Unidos.

Para muchos intelectuales de izquierda, 1971 significó el adiós definitivo a la revolución cubana, cuando el poeta disidente Heriberto Padilla fue arrestado y obligado, según sus simpatizantes, a hacer una demoledora declaración autocrítica que recordaba los peores momentos de las farsas judiciales estalinistas.

Más de 30 años después, en septiembre de 2003, el escritor Jorge Semprún encabezó en un teatro de París una velada de solidaridad con el pueblo cubano de la cual surgió un comité de apoyo a los 75 disidentes cubanos arrestados en marzo del mismo año y condenados posteriormente a penas de hasta 25 años de prisión.

Lejos habían quedado los tiempos en que la revolución cubana agrupaba en su defensa a la flor y nata de la intelectualidad progresista, ilusionada con un proyecto socialista original que no seguía los moldes soviéticos pero que terminó resistiendo los aires de cambio que llevaron a la desaparición de la propia Unión Soviética.

Visto 2710 veces Modificado por última vez en Domingo, 27 Noviembre 2016 14:42