María Ramírez Cabello

Pese a que el mandatario nacional aseguró que cubriría las nóminas del sector público y privado durante tres meses, los trabajadores de la distribuidora de alimentos -expropiada hace ocho años- tienen sus cuentas vacías y carecen de beneficios como el comedor o la bolsa de alimentos. Exigen la remoción de la junta administradora actual.

“Si el viernes tiran la corrida con el tabulador de la administración pública tengan por seguro que vamos a cerrar Guayana por los cuatro costados, van a conocer quiénes somos todos los trabajadores”, sentenció el secretario general de Sutrapuval, José Hidalgo.

Los manifestantes, la mayoría de la tercera edad, dijeron que hicieron cola desde la madrugada para retirar dinero de sus cuentas bancarias. A primera hora de la mañana les informaron que no había papel moneda.

Decenas de empleados se concentraron este lunes frente a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Rechazan que se les aplique el tabulador de la administración pública, que desconoce el espacio de trabajo de riesgo de las industrias de metales de Guayana.

Las colas de este viernes en las entidades bancarias eran kilométricas. Con bancos para sentarse, sombrillas, cartones y bajo la lluvia, personas hicieron filas desde el amanecer hasta el final de la tarde para obtener dinero en efectivo. 

Empleados y obreros de la antigua Cerámica Carabobo se concentraron frente a la CVG. Reclaman no solo el respeto al tabulador salarial, sino también el pago de los salarios a la nómina diaria, la bonificación por útiles escolares, HCM y seguridad para la planta, tras un robo en la madrugada del jueves.

A un mes de la regulación, establecida en la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6397 del 21 de agosto de 2018, solo se consigue salsa de tomate en los estantes de establecimientos del grupo de 25 alimentos regulados. Las opciones para nutrirse se restringen cada vez más, pues solo se pueden adquirir rubros esenciales en efectivo en tarantines informales. “Uno tiene que ser mago para sobrevivir”, “sin efectivo no hay comida” y “la situación es terrible, el hambre es un hecho”, son las frases en las calles de estos días. 

La Siderúrgica del Orinoco aparece en la trama de los cuadernos de la corrupción, que salpica a Cristina Fernández de Kirchner (presidenta de Argentina entre 2007 y 2015) como cabecilla de una red de coimas. El monto de los pagos y la forma fue definida por Roberto Baratta, mano derecha del exministro de Planificación argentino Julio De Vido, quien fue un visitante frecuente de Caracas durante la gestión del ahora fallecido Hugo Chávez. La tramoya, una de las tantas que ahora salen a la luz con este caso por el que sobre la exmandataria pesa la prisión preventiva, también se urdió desde acá.

En el octavo mes del año, la canasta básica escaló a 2.081 millones de bolívares, el equivalente a 20.817 bolívares soberanos.

El retroceso en la principal industria siderúrgica del país es cada vez mayor. La disminuida producción de los primeros ocho meses de 2018 es 66,5% menor a la de 2017. Los trabajadores perciben que no hay voluntad para reflotar la industria, lo cual se traduce en menor fabricación de cabillas para la construcción y hojalata para envasar los alimentos. El panorama, según describe uno de ellos, es de “soledad y tristeza al observar todas las áreas paralizadas, un Sutiss arrodillado y una incertidumbre total”.

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