Viernes, 09 Enero 2015 00:00

Resoluciones culinarias

 
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Año nuevo, menú nuevo. La nutrición está de moda, así que no es raro que en nuestras listas de resoluciones para el 2015 aparezcan metas relacionadas con la alimentación. La mayoría quiere “perder unos kilos”, “comer mejor”, “comer sano”, “dejar el refresco” o “reducir el azúcar”.

 

Año nuevo, menú nuevo. La nutrición está de moda, así que no es raro que en nuestras listas de resoluciones para el 2015 aparezcan metas relacionadas con la alimentación. La mayoría quiere “perder unos kilos”, “comer mejor”, “comer sano”, “dejar el refresco” o “reducir el azúcar”.

Este tema de las metas me lleva inevitablemente a la maternidad y al interesante debate entre la asertividad del conductismo y la crianza respetuosa. En cierta medida somos nosotros mismos quienes educamos nuestro estómago, o el paladar, claro mucho de eso lo aprendemos en casa, pero una vez adultos, tenemos que hacernos responsables.

Está bien si queremos usar una tabla de puntos, de estrellas, o de calcomanías y acumularlos para canjearlos por un premio, proceso que traducido sería apegarnos a un plan de alimentación y luego compensarnos con algunas licencias para consumir lo que queramos (esta es la llamada Cheatmeal o comida trampa). Funcionará para algunos, así como a muchas mamás les funciona para corregir la conducta infantil. Yo en ocasiones lo he usado también.

Empero el camino largo hacia la alimentación saludable pasa por un cambio de consciencia, y sobre todo por la voluntad de cuidarte. Me pongo como ejemplo. Nunca me he ejercitado regularmente, aunque soy muy activa, fui fumadora, no pelaba una parrilla y deliro por los postres. Detestaba el aguacate y el pepino. Y siempre elegía los mismos platos. Aunque siempre me ha gustado cocinar, mis recetas eran limitadas. Estaba en mi zona cómoda y eso me funcionaba.

Luego, no me dio un infarto, ni se me subió el colesterol, ni tuve diabetes, ni engordé mucho. Simplemente me hice mamá y me comprometí a mejorar la herencia gastronómica que tendrían mis chamos. Entonces llegó mi primera resolución culinaria: cambiar mis hábitos alimenticios.

Quería pasar de solo comer a nutrirme. Eso incluyó: probar nuevos vegetales, descubrir nuevas recetas, hornear más y freir menos. Y resultó bien. No tuve que hacer un menú distinto para enseñar a mis hijos a comer. Con picarle bien lo que le servía era suficiente. Nos conectamos compartiendo los mismos sabores y podía decirles con toda moral: Mami está comiendo lo mismo. ¡Inténtalo y prueba!. ¿El resultado? Tienen un excelente apetito.

En los siguientes años fui avanzando un poco más. Comer más en casa – porque como foodie que soy adoro ir a restaurantes-, organizar los menús semanales, hacer un día sin carne y muy importante, aprender como conservar los alimentos.

En 2013 me propuse estudiar cocinar. Lo hice, y eso complementó mi proceso. Con las clases de ensaladas y cocina mexicana descubrí la versatilidad del aguacate y consciente de sus aportes nutricionales, ahora es un ingrediente fijo de mi menú. Cuando aprendí cocina japonesa me reconcilié con el pepino y llegué al punto en que no tengo alimentos excluidos.

El año pasado me enfoqué en combinar toda mi preparación académica, mis intereses y mi pasión para compartir mi experiencia. Entonces nació mi blog y esta pequeña tribuna desde donde les escribo.

Este año voy a dedicarme a comer local. Es una forma de sortear la escasez tremenda que estamos viviendo, de aportar un poco al planeta -consumiendo lo que produce aquí- y de ayudar al cuerpo ofreciéndole alimentos frescos. También quiero hacer un huerto casero, probar un jugo verde y preparar alguna leche vegetal. Y por último, me propongo seguir descubriendo emprendedores gastronómicos, aprender nuevas recetas de la cocina venezolana y sobretodo, no perder de vista, que somos lo que comemos.

Bueno, no vamos a engañarnos, dos kilos menos no le hacen daño a nadie, ¿verdad?. Y así están completos mis gastrodeseos.

Para reflexionar con el café: Antes de estudiar comunicación social, empecé a estudiar ingeniería química. Estaba enamorada del concepto de lo orgánico. No terminé esa carrera, pero sigo pensando lo mismo: que todo lo que nos nutre y nos mueve está explicado por la química: la cocina, las emociones y el amor. ¡Feliz inicio de año!

Más gastrohistorias en:
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