Autoridades colombianas han manifestado sentirse incapaces de atender la creciente migración. “Aún asignando más recursos nacionales, cosa que se está haciendo, aún fortaleciendo la capacidad institucional de respuesta, nosotros somos incapaces de hacerle frente con éxito a la magnitud de ese flujo migratorio que se recibe día a día”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Carlos Holmes Trujillo.

El reciente informe de la OPS y de la OMS detalla cómo se han incrementado la difteria, el sarampión y la malaria, enfermedades que se han estado registrando en países vecinos y cuyos casos son importados de Venezuela: es otra de las consecuencias del éxodo de venezolanos que, atribulados por la debacle social generada por el régimen madurista, huyen en búsqueda de una vida mejor. Varios de los casos registrados, por cierto, provienen directamente del estado Bolívar y son, por tanto, otra de las aristas de esta crisis sin precedentes en la historia nacional.

Mediante la Resolución 2/18, elaborada en el período de sesiones 167, en Bogotá, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos exhortó a los Estados a solidarizarse con los miles de venezolanos que diariamente se van de su país como consecuencia de las desacertadas políticas que comenzó el chavismo y se perpetuaron con la dictadura madurista. “Históricamente, el Estado y el pueblo venezolano han sido de los más hospitalarios”, recordaron en la sesión. Por ello, la petición: ha llegado la hora de retribuir. Y de ser solidarios.

En una nota orientativa dirigida a los países sobre cómo tratar el flujo de venezolanos, Acnur se ofrece a trabajar con los Estados para “elaborar mecanismos adecuados de protección internacional” en favor de estos y en función de los acuerdos vigentes.

En la víspera de la conmemoración de Día Nacional del Médico, ambas organizaciones reclamaron al gobierno de Nicolás Maduro acciones serias y concretas para frenar la debacle humanitaria que iniciaron las políticas de Hugo Chávez, y que el sucesor elegido ha acelerado al punto de haber matado ya por falta de comida y de medicinas a cientos, sino acaso a miles, de venezolanos. El mensaje es claro: dejarse ayudar y frenar esas políticas que han provocado la mortandad que hoy el mundo mira con horror.

La autoridad migratoria colombiana estima que 550 mil venezolanos viven en Colombia y alrededor de 37 mil entran y salen diariamente para conseguir alimentos.

“Somos un país que tenemos unas necesidades y debemos atender lo que tenemos (…) Todo país por más desarrollado que sea tiene limitaciones en varios aspectos”, recalcó el director del ente colombiano, Christian Krüger

 “Nadie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente”, reaccionó el fiscal solicitante de la medida Bob Ferguson.

Algunos concejales han propuesto controles más estrictos en el área de migración. El gobierno local asegura que no puede decretar estado de emergencia, pues se trata de una situación “muy específica”, que no puede ser catalogada aún como “desastre”. Así reseña la situación la prensa brasileña.

Tres ingenieros de Guayana abandonaron su tierra natal. El progresivo deterioro del país acabó con sus sueños de independencia y madurez. Sentía que estaba perdiendo oportunidades y mi juventud. Y entonces decidí emigrar”, relata uno de ellos.

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