Domingo, 26 Junio 2016 00:00

La crisis como lugar común

 
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Las protestas por comida se han vuelto parte de la uniformidad de la crisis que se vive cada vez en más sectores de Venezuela Las protestas por comida se han vuelto parte de la uniformidad de la crisis que se vive cada vez en más sectores de Venezuela Foto Archivo

El colapso generalizado del país, los constantes “no hay”, y la displicencia con la que el Gobierno se ufana de sus “glorias”, que no son más que el rostro del fracaso, son los ingredientes para que el verbo “crisiar” se conjugue, a la venezolana, en tiempo presente y en primera persona del plural.

PestaNa39aniversario

LcapitularOTRAa palabra crisis está en boca de cualquier persona que habite en este problemático planeta. En el plano individual la gente vive crisiada y en lo social todo planteamiento que intente explicar una situación, incorpora en la primera oración el vocablo crisis. Es un comodín, un tópico y un lugar común que intenta decirlo todo y que al final dice muy poco, en especial, cuando un venezolano intenta mirarse en el espejo de la ¿crisis? que afecta a ciudadanos de Estados Unidos, de Europa o de países de nuestro subcontinente.

Cuando escucho a un español, a un argentino o a un gringo hablar de crisis me digo, “esos carajos no han visto llaga”. No tienen la menor idea de lo que significa haber tenido que soportar infumables cadenas -durante más de 17 años- con las chácharas más desopilantes y descabelladas que envuelven las mentiras más grotescas, con las que nos han amargado la vida dos vagonetas, que han creído que hablar pendejadas sin medida es trabajar. A estas alturas creo que el exceso de paja es directamente proporcional a su inoperancia, incompetencia y corrupción, lo único en lo que esta macolla puede exhibir un superávit.

 

A2 GAMEZ1

Licenciada en letras (UCV, 1981). Magíster en Historia de Venezuela (UC, 1999). Locutora. Profesora de la Universidad Central de Venezuela (UCV, 1976-1989). Profesora de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG) (1991-2002). Cursó el diplomado de Gobernabilidad y Gerencia Política (UCAB, 2010). Autora del libro Para más reseñas (Editorial Previos, 1995). Columnista de Correo del Caroní. Ex columnista del diario El Mundo (1988).

 

Esta es una dictadura mediática que pretende esconder con su insufrible verborragia, un spot o una cuña todo el daño que le causan -un día sí y el otro también- a los venezolanos. Te clavan la puñalada y quieren impedirte que veas tu propia sangre. Niegan la evidencia y te cercenan el derecho a decirlo o denunciarlo. Es una tiranía disociada, que pretende hacer desaparecer las conexiones mentales que, normalmente, tenemos codificadas en nuestra cotidianidad, y que nos permiten explicar tanto lo que ocurre a nuestro alrededor como lo que tenemos en la mente.

El cogollo nos quiere ver metidos en el laberinto esquizofrénico donde ellos se mueven con solvencia, gracias a la inestimable asesoría del psiquiatra Jorge Rodríguez. Hay una crisis mental inducida, pues mientras el hambre aprieta el estómago de las grandes mayorías, la hermana del alcalde de Caracas afirma -categórica en foros internacionales- que con las importaciones de alimentos de su régimen, se pueden alimentar tres países como Venezuela con 30 millones de famélicos habitantes. Ellos hacen el mal agavillados fraternalmente.

Podemos hablar, también, con propiedad de pobreza energética, en un ex país que exportó -con éxito y eficiencia- la electricidad que alumbró el desarrollo de zonas fronterizas, otrora deprimidas y hoy refugio de muchos venezolanos, expulsados de su patria por esta tragedia que no quiere salir de la escena. La crisis energética la fueron cocinando hasta convertirla en el desastre nacional, que nos hace la vida de cuadritos. La rutina de un servicio esencial fue trastocada en otro racionamiento, que nos obligó a modificar un estilo de vida civilizado por otro primitivo, lleno de restricciones y privaciones.

Podemos inferir una concatenación de lo anterior, sumado a la crisis de seguridad en esta colonia fidelista, que ha destacado a sus funcionarios más fieles para garantizarse su poderío en esta comarca, donde la delegación criolla ha aceptado que la soberanía reside en La Habana, y no en el pueblo venezolano, como está escrito en la bicha aquella. A pesar de la creciente presencia del G2 cubano y del desmesurado gasto militar, la inseguridad es omnipresente. Y es usada no contra la delincuencia desatada sino contra los ciudadanos, que son amenazados por los miles de uniformados, dueños de la vida de los que sobrevivimos en esta ex república.

Esta patología del poder que nos desgobierna ha construido la crisis -ladrillo a ladrillo- porque de ella vive y de ella se beneficia. Porque un pueblo que agota su vida en una cola para comprar unos miserables alimentos, que llega a su casa y no hay luz, que va a un hospital que no funciona, que sale a la calle y tiembla cuando se le acerca un uniformado y sus hijos son ideologizados en escuelas destartaladas, está crisiado y desesperanzado.

De tal suerte, que la salida de esta crisis pasa por entenderla como la tragedia que es. Una vez entendida, es menester asumir que “toda crisis es mitad fracaso y mitad oportunidad” como dejó dicho Winston Churchill. De los fracasos se aprende mucho y las oportunidades tenemos que aprovecharlas inteligentemente. Por lo cual, debemos descartar las salidas violentas que auspicia este despotismo y elegir los caminos que la democracia impone.

Agridulces. Nada impedirá que los venezolanos validen su firma. Todo obstáculo y cada boicot será superado por la fuerza y la valentía de quienes hemos decidido sacar de nuestras vidas a esta caterva de malvivientes y opresores, que han hecho de Venezuela su botín de guerra. Si no hay renuncia el revocatorio es el principio del fin.

Visto 1868 veces Modificado por última vez en Domingo, 26 Junio 2016 21:32
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