Jueves, 25 Junio 2015 00:00

Iniciativa ciudadana aún no aborda un bus en Ciudad Guayana

 
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El sistema Bus de Tránsito Rápido (BTR) hasta ahora solo muestra andamiajes y destrozos El sistema Bus de Tránsito Rápido (BTR) hasta ahora solo muestra andamiajes y destrozos

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RamsesSiverioAl sur del Orinoco, donde las márgenes del río padre besan las del Caroní, vive una ciudad que doblegó sus aguas y la hizo luz. Y con esa luz trajo el desarrollo. Y con esa luz forjó el acero con el que se construyó la Venezuela moderna. Una urbe nacida de compases y de escuadras, que demostró que las riquezas naturales, cuando juntan con el ingenio del hombre, apalancan el progreso hasta de una nación petrolera.

Pero una ciudad que conoció primero el surcar de los aviones en sus cielos antes que sus suelos dibujaran calles, que maravilló al príncipe Carlos por su imponencia, que viró la atención del mundo por su modelo y hasta mereció las bendiciones del propio Juan Pablo II, difícilmente se pensaría que sus habitantes se trasladan en jaulas atestadas como perros.

La pauperización del sistema de transporte público hizo de Ciudad Guayana un opúsculo que encierra la paradoja de la modernidad: planificación, innovación y desarrollo como pilares de un nuevo modelo económico para el beneficio del hombre; y a la vez, la precarización de calidad de vida al verse empobrecidos sus medios para la movilización colectiva. ¿Qué pasó en el camino? ¿Cómo fue que el proyecto Guayana se desdibujó en este contrasentido del desarrollo y la dignidad humana?

La respuesta seguro parte de un compendio de aristas en las que no puede faltar el desgobierno. El desarrollo material de Ciudad Guayana, parido desde sus raíces por el propio Estado, aletargó las iniciativas ciudadanas que tímidamente aparecieron con las décadas hasta cobrar el protagonismo de ahora. Un protagonismo que, si bien se atrevió a ver la ciudad más allá de un asentamiento para el desarrollo industrial, descuidó aristas como la de la movilidad colectiva, tan necesaria en una ciudad que en más de 50 años no ha demostrado ser la mejor amiga del peatón.

Deshumanización del transporte

Sin quererlo, esa orfandad del ejercicio ciudadano prohijó que una de las urbes más nobeles del continente tenga un sistema de transporte que concibe a la gente como ganado: semovientes calmos y pacientes a la espera del próximo capataz de buseta con camino al matadero, hacinados en hojalatas de herrumbre, entre el calor y decibeles que de momento hacen olvidar la infamia de una ruta improvisada y un costo de pasaje especulativo.

Esa desatención ciudadana, esa falta de vigilancia de nuestras áreas fundamentales, permitió que un gobierno regional, armado con más dineros que argumentos, defenestrara un proyecto de filigrana como el TransGuayana para imponer, en el credo del improviso de la idiosincrasia gobiernera, un mentado Bus de Tránsito Rápido (BTR) que hasta ahora solo muestra andamiajes y destrozos.

De ahí la importancia de que este proceso de expansión ciudadana irradie también al transporte público, que más que un sistema que traslada grupos de individuos es, ante todo, un espacio de encuentro entre quienes viven en la ciudad.

Urge entonces la necesidad de modelar una cultura del servicio de transporte público basada en el ciudadano. Que sean ellos quienes se empoderen de esta realidad y constituyan el magma transformador del sistema. Que sean los usuarios, y quien mejor que ellos, quienes debatan la pertinencia de un nuevo sistema de transporte. Que propongan horarios, rutas, sistemas de financiamiento. Condiciones ergonómicas y el diseño de un sistema que incluya las minorías con discapacidad. Que propongan un registro de taxis y tarifas ante el Concejo Municipal, y que los planteamientos del consejo consultivo sean una realidad y no un requerimiento burocrático. En fin, que el sistema de transporte público deje de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo.

Modificado por última vez en Sábado, 27 Junio 2015 04:48

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