Martes, 16 Enero 2018 00:00

Rafael Sylva murió en la Venezuela más insólita

 
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Sylva produjo el programa durante casi 50 años Sylva produjo el programa durante casi 50 años Foto cortesía

@marcosdavidv

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Si Porfirio Díaz es el muchacho de la película (o la voz del programa, para ser francamente más literales), Rafael Silva fue el maquinador de una idea que fue una de las empresas más longevas y exitosas made in Venezuela: Nuestro insólito universo.

De la Llorona a la supuesta muerte de Paul McCartney; de los restos de José Antonio Páez a los mitos en torno de la tumba de Edgar Allan Poe; de los viajes en el tiempo al pene de Napoleón Bonaparte, de límites sobre insólitos resquicios de la historia no conoció Sylva. Fue eso lo que produjo, en alianza con Torres (la voz cavernosa de los relatos), durante casi medio siglo.

“Desde su niñez mostraba interés por lo inexplicable, cuando sus juegos se ampliaban a lo imaginativo. Al culminar los estudios en secundaria, y por motivos de la mala conducta de Rafael, viaja a Estados Unidos con el locutor Tomás Pérez Hurtado. Gracias a él, experimentó su primer encuentro radial. Cuando vuelve a Caracas, trabajó en varias estaciones de radio de la capital”, detalló una nota en el sitio web de Onda.

Casi medio cupón

Pero la historia de Nuestro insólito universo se remonta a los días de la llegada del hombre a la Luna y del Festival de Woodstock: 1969. De hecho, entre ambos acontecimientos, el 4 de agosto de ese año, se transmitió por primera vez el micro en Radio Nacional de Venezuela.


La alianza entre Sylva y Torres nació a raíz de una de las fascinaciones (la otra fue el arte) del insólito productor: la paleontología. Resulta que un provinciano Porfirio visitaba a Rafael en su oficina caraqueña para llevarle piedras. En una de esas fue cuando se percató de que su voz era la idónea para el proyecto que tenía en mente.

“Siempre me ha llamado la atención lo que está fuera de lo común, lo interesante, lo que parece que fuera realidad y no es”, le dijo hace unos meses a la periodista Gladys Rodríguez.

Fue a partir de esa fascinación por lo inexplicable que la idea se concretó. Hasta este martes, cuando falleció en Caracas, a los 92 años, en una Venezuela tan o más insólita como los miles de miles de sórdidos relatos que recopiló durante su vida y que obligó a otro tanto de venezolanos a hacer pausas de cinco minutos para subir el volumen y recorrer nuestro mundo sorprendente.

Visto 1961 veces Modificado por última vez en Martes, 16 Enero 2018 22:11

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