Jueves, 01 Septiembre 2016 00:00

“Si no me reenganchan: que mi despido valga la pena para lograr un cambio”

 
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Mayra Martínez, 11 años de servicio en Sidor: “Cuando estudiaba en la UCAB fui becada por Sidor con la condición de hacer una pasantía con ellos (…) Fue mi primer trabajo”.

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Luis Flores, 35 años de servicio en Sidor: “De Sidor me llevo lo que soy ahora (…) Espero que la generación de relevo que he ayudado a formar sean mejores y lleguen más lejos que yo”.

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Tatiana Vallejo, 27 años de servicio en Sidor: “Todavía me encuentro profesionales que recuerdan cuando les hice el primer recorrido por planta y ahora ocupan altos cargos (…) De la empresa me llevo el cariño de mi gente”.

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Humberto Avendaño, 10 años de servicio en Sidor: “De la empresa me llevo el aprendizaje de los procesos industriales hasta los administrativos. Espero haber dejado la voluntad de hacer las cosas bien”.

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Verónica Tovar, 16 años de servicio en Sidor: “Mi posición política siempre ha sido la misma, pero siempre he dicho que mi carta de presentación es mi trabajo”.

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Diego Carrero, 21 años de servicio en Carbonorca: “Los trabajadores de Guayana deben abrir los ojos y comenzar a sentir identidad por las empresas y querer el país”.

 

“Esto es parecido al duelo. Al principio no crees que esté pasando… Después te inundan las emociones”.

Así describen algunos de los despedidos de las empresas básicas y otras instituciones del Estado el momento de la notificación sin otro motivo más que ejercer su derecho ciudadano a la expresión política y participar en la recolección de firmas para activar el referéndum revocatorio.

Son nueve afectados quienes ahora conforman la segunda ola de despidos indirectos y sistemáticos propiciados por el Gobierno venezolano como parte de la política de amedrentamiento reforzado para mantener una hegemonía ideológica. Esta vez, la fórmula parece dar resultados inversos.

Quienes recientemente fueron trabajadores ingresados en nómina, ahora dicen sentirse más políticamente activos que nunca, mientras sortean los sentimientos de una salida agridulce y las dificultades de sobrevivir la crisis económica sin un empleo formal.

Más que modelos de un castigo ejemplar, quieren ser el catalizador que contribuya a la transición por la que perdieron sus puestos de trabajo forzosa e injustificadamente.

Mayra Martínez, hoy extrabajadora de la Siderúrgica del Orinoco Alfredo Maneiro (Sidor), así lo cree: “Durante los primeros días todos nos decían lo valientes que éramos (…) Espero que esto sirva para que nuestros compañeros también salgan a firmar. Si no me reenganchan, al menos que mi despido valga la pena para lograr un cambio”.

Primera impresión 

Aunque algunos mantengan que la notificación llegó como un golpe inesperado, otros estaban mentalizados para una retaliación política de esta magnitud, basándose en la primera ola de despidos de las empresas de Guayana, llevada a cabo entre 2014 y 2015. O en el antecedente de la lista Tascón.

“Me causó mucha tristeza e indignación cuando me dijeron que prescindían de mis servicios, pero ya lo esperaba; después de que lo acepté, estoy en paz. Vivía en ansiedad desde las firmas, así que cuando me llamaron desde Laborales, ya sabía para qué era”, comentó Verónica Tovar, quien laboró en la siderúrgica durante 16 años.

Para Luis Flores, pasar 35 años formando personal para estar capacitados ante cualquier eventualidad se vio reflejado en su reacción ante la citación al departamento: “Ya yo estaba preparado para afrontar este caso”.

El vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, aseguró que iban a dar las listas de escuálidos a ministros, presidentes de empresas y jefes de instituciones, para la limpieza dentro de los organismos adscritos al Estado. Sidor no fue la excepción.

“No me intranquilizó mi caso, sino pensar en cuántos profesionales más podrían ser”, agregó Flores. “La politiquería no puede primar sobre las soluciones para la planta. Espero que todo esto los haya frenado, que los haga recapacitar, porque apuntaron muy mal a las personas que decidieron despedir”.

Garantizar la subsistencia 

“Me agarró en el peor momento: sin plata en la cuenta. Ninguno de nosotros recibió pago esta quincena, pero los gastos son los mismos con o sin salario (…) Vivimos de la caridad o vendiendo cosas de la casa”, relató Tatiana Vallejo. Luego de 27 años de servicio en la acería, vio por terminada su relación laboral la semana pasada. Con esto perdió su primer y único trabajo.

Sidor, siendo de las empresas del acero más importantes a nivel mundial, requiere de profesionales abocados a su funcionamiento, no deja mucho espacio para buscar otra fuente de ingreso, motivo por el cual sus empleados difícilmente tienen otra fuente de ingresos, a pesar de los salarios insuficientes.

Vallejo aprovecha para recordar la empresa en la que ingresó, donde la paga era digna y la política no dividía los esfuerzos profesionales para impulsar su crecimiento.

“La política llegó a Sidor luego de la segunda estatización en el 2008 (…) Durante la primera fase como empresa del Estado nunca se sabía ni importaba si los jefes eran adecos o copeyanos, pero sí se sabía si eran doctores, ingenieros o graduados”.

Un futuro activo 

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En caso de no lograr el reenganche a la compañía, los ahora extrabajadores aseguran llevarse solo los mejores recuerdos que la acería les ha brindado, los años de servicio, las experiencias, los conocimientos y las relaciones establecidas con sus compañeros de trabajo. “Sidor es una escuela”, como dicen con orgullo.

Respecto a su futuro, el panorama continúa incierto. Sin embargo, todos afirman su participación en la manifestación del 1 de septiembre, otro paso más en la reivindicación de los derechos laborales vejados por el Gobierno nacional.

Humberto Avendaño lo confirma. “Continuaré participando en el proceso del referéndum revocatorio, porque los problemas son comunes para todos (…) No está en mis planes irme”. Solo ejercían sus derechos ciudadanos, pero en la adversidad, encontraron motivación.

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