Jueves, 21 Julio 2016 00:00

Contratos colectivos y el trabajo formal pierden interés en tiempos de hiperinflación

 
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Salario mínimo vigente
Bs. 15.051

Bono de alimentación
Bs. 18.585

Canasta básica familiar
Bs. 303.615 
(Cendas, mayo 2016)

 

Las últimas negociaciones colectivas han dejado un sinsabor en los trabajadores. Han sido más los meses de discusión y conflicto que la perdurabilidad de los beneficios salariales alcanzados.

La inflación y la distorsión económica en la nación le han quitado brillo a uno de los frutos del diálogo social en el país y en el mundo: la contratación colectiva. Dos convenios, firmados recientemente, han quedado diluidos: el del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) y la II Convención Única del sector educación.

Trabajar en las industrias de Guayana, cuyos contratos cautivaron por más de tres décadas a los trabajadores del país, tampoco es garantía de estabilidad. “Yo nunca pensé que trabajando en Sidor iba a pasar hambre, estamos comiendo muy mal”, expresó recientemente Nisbel Bolívar, dirigente de la corriente laboral Tendencia Clasista, que planteó la necesidad de un ajuste salarial de 150% como mínimo, “50% en agosto, 50% en septiembre y 50% en enero, es la única manera de medio compensar con la inflación que tenemos”.

El deterioro de la negociación colectiva trasciende el espacio de los trabajadores cuando se entiende como un medio para alcanzar soluciones productivas en las relaciones entre trabajadores y empleadores, mejorar resultados de las empresas, gestionar cambios y desarrollar relaciones laborales armónicas, todos estos fundamentos del convenio 89 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En parte, la mayoría de los acuerdos han sido solapados por los aumentos de salario mínimo unilaterales decretados por el Gobierno -más de 50% en el primer semestre-, no extensivos a los tabuladores de los acuerdos contractuales.

Los incumplimientos, más una tasa de inflación que coloca a Venezuela como la nación con la variación de precios más alta del mundo,han hecho añicos aceleradamente el poder adquisitivo de la población económicamente activa en el país.

“Discutir (contrato) tiene sentido siempre, pero en un proceso de altísima inflación poner fechas y topes a los aumentos salariales es lo que no tiene sentido, porque es algo que es impredecible en este contexto”, afirma Rolando Díaz, experto e investigador del mundo laboral.

Mecanismos de revisión periódica

En estas circunstancias tan distintas en la región, el abogado laboral y profesor universitario, León Arismendi, considera que es conveniente emplear métodos de revisión constante para evitar el deterioro del poder de compra, aunado a una política sostenida de recuperación del salario.

Por ejemplo, comenta, en el sector universitario existe una cláusula de contingencia que obliga a una revisión anticipada, “yo creo que por allí es que habría que orientarse, eso respecto al tema de la remuneración porque hay otras consideraciones”.

  Expertos laborales consideran que la recuperación del salario pasa por el consenso de una política concertada y de instrumentos de revisión periódicos.  





Lo ideal, sostiene Arismendi, es “construir parámetros que permitan hacer una evaluación con cierta periodicidad, que si se mueve esto tiene que haber un ajuste, no es una tarea sencilla pero es la tarea”.

Si hubiese un gobierno que respetara acuerdos mínimos, la inflación que fija el Banco Central de Venezuela (BCV) sería un buen indicador, sostiene el abogado. “Pero acá no se sabe, habría que tomar varias referencias que obliguen a hacer una adecuación de las remuneraciones”.

Diálogo social

Un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado Empleos para crecer, destaca la importancia de consensuar políticas sostenidas no solo para superar la informalidad, sino la debilidad de América Latina: los empleos improductivos.

En un contexto de boom de exportaciones en la última década en la región, en el que Venezuela no se insertó, expertos del BID observan que el nuevo horizonte que se plantea -ante el agotamiento del crecimiento que venía experimentando la región y las debilidades que presenta el panorama macroeconómico mundial- “aumenta la urgencia de encontrar soluciones a los principales problemas laborales ya existentes”.

  Fuentes vinculadas al Gobierno señalan que para finales de año habrá un nuevo decreto de incremento salarial, el tercer aumento del año.  




Las tasas de desempleo y el alto porcentaje de trabajos informales obligan a la región a salir de un círculo vicioso, para lo cual “es necesario promover políticas integrales que impulsen la productividad”, destaca el estudio.

Esta es una clave que para la doctora en sociología y especialista en Derecho del Trabajo, Jackeline Richter, es medular en el país, en especial considerando que los contratos colectivos han sido también parte de la dinámica populista de los gobiernos.

Parte de los retos que existen ahora, apunta, es “recuperar toda la cultura del trabajo que se ha perdido todos estos años”, una responsabilidad que también toca al movimiento sindical “porque tienen derechos pero también tienen obligaciones”, dijo Richter en una entrevista a Correo del Caroní en septiembre de 2015. “Es indispensable para ser dirigente sindical que haya una empresa y que la empresa sea productiva y dé ganancia”.

Política deliberada

En 2009, la política laboral del Gobierno buscaba la nivelación salarial como un objetivo ideológico, lo que hoy estamos viviendo, señala Arismendi, es el resultado de una política de no decisión.

Lo único que hubo, en su opinión, francamente deliberado fue la política de puertas abiertas a los sindicatos paralelos para debilitar a la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y a las organizaciones independientes. “Hoy el Gobierno es presa de su propio desastre”.

A Rolando Díaz lo que más le preocupa, a corto y a largo plazo, es el desincentivo al trabajo formal. “En el trabajo informal ese salario es muy superior, por arriba de los 50 mil bolívares siempre. En un trabajo formal es difícil sacar más de eso, por eso se desincentivó el trabajo formal. De hecho, mucha gente prefiere perder el trabajo porque sabe que eso no le representa casi nada”. 

Visto 4568 veces Modificado por última vez en Martes, 26 Julio 2016 02:47

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