Domingo, 13 Octubre 2013 01:00

“Si el sindicalismo no hace un esfuerzo por su rescate no lo hará nadie”

 
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El reciente paro de 20 días en la Siderúrgica del Orinoco Alfredo Maneiro (Sidor) no sólo demostró que los empleados de la acería están dispuestos a reclamar sus derechos, con el apoyo o no de su sindicato, también reveló que los gremios requieren revisarse y sobre todo evaluar su papel en momentos como los actuales.

A5MalaveHéctor Lucena, profesor e investigador de la Universidad de Carabobo, especialista en estudios laborales en América Latina, opina que dadas las circunstancias es preciso que la dirigencia se autoexamine, pues sólo ella puede aplicar los correctivos necesarios para subsanar sus debilidades y engrandecer sus fortalezas.

“Hay que repensar el sindicato, reforzar el sindicato. Muchas influencias han llovido sobre el sindicato, como si fueran retazos, tiene muchos compromisos como si fuera gobierno. La polarización desdibuja un poco el tema reivindicativo y en el ámbito de las empresas del Estado influyen las lealtades”, afirma.

Comenta el investigador que el trabajador ha perdido su verdadero papel como fuerza que genera producción en las empresas. Debido a la dinámica actual la condición proletaria está “muy desdibujada porque las lealtades se hacen diversas, lealtades al dirigente, lealtades a la consigna, lealtades a la corriente, claro que es importante lo sociopolítico, pero con la visión de la sociedad que se quiere, del desarrollo que se quiere, del papel del movimiento con relación a las fuerzas importantes del país, eso es importante pero tiene que tener un punto de anclaje con una actividad productiva que agrega valor, que agrega riqueza, que hace fuerte al trabajador”.

Pero en parte esto se desaprovecha, porque “cuando las empresas dan pérdida, son administradas erráticamente y se convive con eso, no se combate porque es el proyecto (político en este caso), se pierde la identidad propia (del sindicato). La fuerza de la clase está en que es productora, a la gente le dicen la producción descansa en el trabajo, el que cree eso debe tener una disciplina productiva y una responsabilidad mayor del que no cree. El que cree que el capital es más importante puede ser más relajado con la forma”.

Para combatir esto Lucena advierte que se requiere “trabajadores más consustanciados con el trabajo, con más necesidades de formarse. Claro de pronto hay liderazgos que vienen por otros sentidos, por razones de lealtades a veces ponen en las planchas el que está más con eso, y no necesariamente al que tenga liderazgo como productor. Se trata de un rescate del trabajo. Si el sindicalismo no hace un esfuerzo por el rescate de eso no lo va a hacer nadie”.

Además de demandar una revisión interna, los sindicatos venezolanos y su dirigencia deberían, a juicio de Lucena, generar más debates e ideas como ocurre en otros países de este y otros continentes.

“Cómo es posible que el sindicalismo global en el país no tenga centros propios de producción de sus ideas, de pensamiento, de sus estrategias. No se equipa, no se dota para producir sus pensamientos, porque quienes pueden proveer los recursos para eso de broma se les ocurre asomar algo así, cómo que eso es posible. Un sindicalismo como el español, el brasilero, tiene su centro de estudios, de análisis, formula pensamiento, estrategias, contrasta con la estrategia del patrono, con la de los partidos que están gobernando y tiene opciones propias, aquí no, no están equipados con esos esfuerzos”, cosa que cree de ser corregida.

Ética laboral
Por su parte, Luis Malavé primer, presidente del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Sus Similares (Sutiss) opina que si bien el movimiento siderúrgico demostró que sigue siendo de vanguardia en lo laboral, es necesario que las instituciones retomen su papel con ética, altura y responsabilidad “para que puedan ser verdaderos líderes sindicales”.

Su crítica sobre lo ocurrido en la acería, esa donde estuvo 38 años, y de la cual actualmente es pensionado, viene a romper casi ocho años de silencio en los medios de comunicación surgiendo como una reflexión necesaria.

Con pausa, sin prisa y la sabiduría de los años este pionero siderúrgico cuenta cómo antes la lucha era aún más difícil que la actual pues los beneficios eran pocos y muchas veces las huelgas no daban el efecto esperado, como les ocurrió en varias oportunidades en la década del año 60, cuando en ese entones Sutiss era Atiss (Asociación de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Sus Similares).

“Los trabajadores de Sidor hemos sido y somos la vanguardia en el movimiento sindical, y que me perdonen los otros sindicatos… esta huelga que culminó reciente es más que justificada porque cuando se paran todos los trabajadores es porque hay razones para luchar. Por eso la unidad de los trabajadores debe ser ejemplo para el resto del país, sin unidad las huelgas van al fracaso”.

Malavé aprovecha la ocasión para puntualizar que la dirigencia del pasado cometió errores “que han sido graves para los sidoristas” y entre ellos señala haber dejado por fuera del primer contrato colectivo la sentencia de la Corte Suprema de Justicia (ahora TSJ) la sentencia del 13 de agosto de 1979 Atiss-Sidor en la que se establecían los 22 puntos que conformaban el salario y los nueve conceptos que integraban las vacaciones, faltando por discutir lo concerniente a las utilidades.

“Yo llamo al comité ejecutivo de Sutiss, donde además está mi hijo Leonardo Azócar como secretario de Trabajo y Reclamo, a que revisen los instrumentos legales laborales del país. También pido que se porten a la altura frente a su responsabilidad con ética y contra la corrupción para que puedan ejercer con dignidad el papel de dirigentes sindicales”, sentenció.

Gremios a prueba

La reciente paralización que mantuvo a Sidor sin producir durante más de 20 días comenzó siendo un sentir de los trabajadores. El comité ejecutivo de Sutiss, pese a estar conformado por distintas tendencias, tuvo que unificarse en torno a la demanda de los empleados: el mal cálculo de las utilidades, lo que para muchos supone una victoria de las bases sobre la organización sindical y una lección para quienes están al frente del gremio, pues la organización se debe a la clase trabajadora, y no viceversa.

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