Imprimir esta página
Domingo, 29 Julio 2018 00:00

Viaje a la incertidumbre

 
Valora este artículo
(4 votos)
La falta de oportunidades en Cúcuta obliga a decenas de venezolanos a agarrar las maletas y tomarse a pie la carretera que conduce al centro de Colombia, pero también a Ecuador, Perú y el resto de Sudamérica La falta de oportunidades en Cúcuta obliga a decenas de venezolanos a agarrar las maletas y tomarse a pie la carretera que conduce al centro de Colombia, pero también a Ecuador, Perú y el resto de Sudamérica Fotos Juan Arredondo

Decenas de familias venezolanas deciden cruzar Colombia a pie, hacia cualquier destino, para huir de un país en el que el hambre y el precio de la vida amenazan con elevar un éxodo que ya es masivo.

PCapitular

or lo menos un millón y medio de venezolanos han dejado su país en los últimos dos años utilizando a Cúcuta, Colombia, como principal puente de escape. Venezuela vive una diásporasin precedentes, impulsada por una hiperinflaciónque se viene agudizando desde el 2016 y se refleja en sueldos simbólicos, quiebras, hambre y violencia.

  9
Jovanny Barreto, El muñequito Báez, es ciclista de ruta hace 23 años. Cuenta que alguna vez compitió en la Vuelta al Táchira y que salió pedaleando hace tres días de Barinas buscando llegar a Ecuador. Su estrategia, mientras avanza, es inscribirse a carreras locales que busca por Facebook, luchar el podio y reunir algo de dinero para comer y enviar a Venezuela. Los 70 kilómetros que corre a diario los toma como entrenamiento y dice que si la cosa no funciona, buscará trabajo de herrero, pintor, mecánico o vendedor. El 13 de mayo se encontró a los 13 caminantes al borde de la carretera, descansó con ellos. “La semana pasada una de mis nietas me pidió comida y no tuve para darle, así que arranqué. No me estoy yendo del todo, yo no cambio a mi Venezuela por ningún país, hoy nos tocó migrar, pero cuando mi Venezuela se arregle, regreso”.
 

La imparable devaluación de su moneda, el bolívar, hace más dramática la situación de quienes cruzan el Puente Simón Bolívar hacia Cúcuta. Mientras en el 2016 un bolívar valía $2,2 pesos colombianos, en mayo de este año el mismo bolívar se conseguía por $0,0025 pesos. Para muchos venezolanos es una sorpresa ver que hoy en Colombia su dinero no vale nada. Y entonces, para sobrevivir, están dispuestos a hacer lo que sea necesario: familias enteras pasan las noches en los parques y terminales de Cúcuta, trabajan informalmente en lo que resulte y venden lo que traigan a la mano: teléfonos celulares, zapatos, anillos de bodas e incluso el cabello de las mujeres.

Para reunir los 50.000 pesos colombianos (US$17,5 dólares) que cuesta un tique de bus de Cúcuta a Bucaramanga, habría que entregar 10.000.000 bolívares, que equivalen a cuatro salarios mínimos mensuales de Venezuela. Para muchos migrantes esa cifra es inimaginable allá o acá, porque en Cúcuta, la frontera con más desempleo de Colombia y la ciudad que más venezolanos está recibiendo, ganar dinero se volvió toda una hazaña.

Por eso, decenas de personas deciden agarrar las maletas y tomarse a pie la carretera. Esa es la historia de Junior Reverol, Joselyn Castillo y Karina Gómez (con 8 meses y medio de embarazo), quienes hacen parte de un grupo de 13 personas que partieron de Cúcuta a Cali el 13 de mayo del 2018, día de las madres: un recorrido de 950 kilómetros que en carro, puede tomarse 18 horas. Ese día el fotógrafo Juan Diego Arredondo y yo nos los encontramos en la carretera y decidimos acompañarlos durante tres días en su travesía. Así fue este viaje a la incertidumbre:

En su intento por llegar a Cali, el grupo de Junior se aventuró a caminar hacia el centro de Colombia, pasando por Pamplona, Bucaramanga y cruzando la Cordillera de los Andes, a través de una de las montañas más altas del departamento de Santander: El Picacho, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Ninguno de ellos había visto antes montañas así de grandes.

En la carretera, durante el día uno, ciclistas y conductores colombianos les regalan bolsas de pan, gaseosas, platos de comida o dulces para los niños. La familia de Junior se detiene por lo menos cada hora a descansar. La mayoría caminan en sandalias, porque han comprobado que “sacan menos ampollas” que los zapatos deportivos.

 

2

3

 

A mí me llaman El salvador de los venezolanos. He subido más de 300 personas en mi carro. La cantidad de gente caminando es impresionante. Pero yo siempre he dicho que el venezolano está cometiendo un error gravísimo: dejar a Venezuela sola; dejar que la pobre gente que va a luchar contra ese tirano, luche sola. Deberían quedarse y luchar por su país”, dice el colombiano Jesús Romero, quien ayudó a la familia a avanzar 20 kilómetros de camino en el segundo día de caminata.

Karina, ¿por qué lanzarse a caminar con una barriga de 8 meses y medio de embarazo? “Por qué estaba durmiendo en la calle, y si el bebé se me venía con quién me iba a quedar yo. Al menos aquí los tengo a ellos de apoyo y no estoy sola, yo dije: me tengo que arriesgar, para Venezuela no me iba a devolver, de verdad que no”, dice la mujer desde la ciudad intermedia de Pamplona, en donde pasaron la segunda noche.

 

4

5

 

11 kilos de peso perdieron en promedio los venezolanos, en 2017, debido a la escasez y al alto precio de la comida, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela. Pamplona, a 2,586 m metros sobre el nivel del mar, es mucho más fría que Cúcuta, donde el sol de la tarde calienta a 34°C. Las bolsas de plástico, tendidas en el piso, sirven para aislar las colchonetas y el cuerpo del frío. Es hora de cenar pedacitos de pan y descansar.

El tramo de Cúcuta a Bucaramanga, por donde se pasa antes de llegar a Cali, puede hacerse en 5 horas y media si se viaja directo en automóvil. Pero a un grupo de caminantes les toma por lo menos dos o tres días, en promedio. Viajan en grupos de tres, cuatro, siete, nueve, catorce personas. Duermen en carpas, al borde del camino, en estaciones de gasolina o paraderos.

 

7

8

 

Al tercer día el grupo se preparó para llegar hasta Bucaramanga, pero no consiguieron quien los ayudara y tuvieron que dormir muy cerca del Páramo de Berlín. Allí pasaron la noche más fría de sus vidas. Al día siguiente consiguieron una cola hasta la capital de Santander, donde vendieron sus teléfonos, pidieron dinero y entre todos reunieron $300.000 pesos. Se fueron a la terminal y negociaron con un conductor para que los llevara a donde fuera por esa plata: 10 horas más tarde terminaron en Medellín, donde algunos decidieron quedarse para buscar trabajo.

Para los venezolanos que cruzan el Puente Simón Bolívar, en Cúcuta, existe el imaginario de que entre más lejos estén de esa frontera, más fácil será volver a empezar. No importa dónde acaben: Bogotá, Quito, Rumichaca, Santiago de Chile, Buenos Aires. No importa si el clima se parece al de Caracas, Valencia o Barquisimeto, o si las ciudades están rodeadas por montañas o tienen de lado un río, o el mar. Mudarse lejos de Venezuela actual, la inviable, es la oportunidad de reconstruir sus vidas.

* Para conocer la historia completa de los caminantes, visite el especial multimedia Viaje a la incertidumbre, disponible en El Espectador.com, encontrará videos, audios, fotografías que lo acercarán a las voces de los protagonistas. El especial multimedia Cúcuta: Salida de emergencia es resultado del Taller Herramientas para cubrir un país en conflicto realizado en Cúcuta, en mayo de 2018, por las organizaciones de derechos humanos Dejusticia (Colombia) y Provea (Venezuela).

Visto 1520 veces Modificado por última vez en Domingo, 29 Julio 2018 06:42

Artículos relacionados (por etiqueta)