Domingo, 08 Abril 2018 00:00

Sidor: un monumento de destrucción operativa y financiera a 10 años de su reestatización

 
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La nómina de la empresa se multiplicó por tres, pero la producción anual es inferior a lo que producía en un mes la gerencia privada La nómina de la empresa se multiplicó por tres, pero la producción anual es inferior a lo que producía en un mes la gerencia privada Foto William Urdaneta | Archivo

Este lunes se cumplen 10 años del anuncio de reestatización de Sidor, y como ha venido registrando Correo del Caroní a lo largo de una década, los balances son negativos. No solo decayeron los beneficios laborales, cuya negociación empujó la vuelta a manos estatales en 2008, sino que la producción cayó en más de 90%. Desde 2014 la empresa está en quiebra desde el punto de vista contable, resultado de una administración estatal que, a punta de corrupción, populismo y delirios ideológicos, hizo un cadáver de la siderúrgica más importante de Venezuela y una de las de América Latina y el Caribe.

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Una aguda crisis laboral durante 15 meses, por desacuerdos entre trabajadores y gerencia en las negociaciones socioeconómicas del contrato colectivo, alentaron la reestatización de Sidor la madrugada del 9 de abril de 2008. El Ejecutivo, en palabras del entonces vicepresidente Ramón Carrizalez, percibía una actitud “arrogante, prepotente e inflexible” de parte de la trasnacional Ternium, propiedad del grupo multinacional Techint. Calificaban la situación de los empleados de “semiesclavitud”.

Esa madrugada, tras la negativa de la empresa de presentar una contrapropuesta salarial en la tensa reunión en los espacios del complejo hidroeléctrico Macagua, la amenaza de la vuelta a manos estatales se hizo realidad. Una llamada bastó para que el ex presidente Hugo Chávez diera la orden a Carrizalez.

“¿Están listos?”, habría preguntado el vicepresidente a los directivos de la acería. “No nos queda más que decirle que el Gobierno nacional decidió nacionalizar a la empresa”, completó, según reseñó Correo del Caroní el 11 de abril de 2008.

La gerencia de Ternium no lo veía necesario y emplazó al Ejecutivo a reconsiderar la medida. Pero no hubo vuelta atrás. El entonces titular del Ministerio de Industrias Básicas y Minería (Mibam), Rodolfo Sanz, asumió las riendas de la negociación y fue nombrado como primer presidente del complejo semanas después. En esos días, advertía que Sidor no podía seguir el rumbo de las industrias del aluminio; de ser así, “estamos fregados”, dijo al comité ejecutivo del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y sus Similares (Sutiss).

Los números operativos y financieros de la década de Sidor en manos privadas muestran cómo la industria subió a la cima del mercado siderúrgico. Abastecimiento eficiente al mercado nacional con cifras récords de 2,5 millones de toneladas de acero, inversiones millonarias para modernización y automatización de plantas, adecuaciones ambientales, capacitación y entrenamiento para el personal, incremento histórico de la producción de 2,9 a 4,3 millones de toneladas de acero líquido, entre otras mejoras, fue el cuadro que dejaron los 10 años previos al proceso de reestatización de Sidor en 2008, por orden de Chávez.

Fueron hitos que quedaron como guía para la industria del acero en el país, que alcanzó niveles competitivos y se posicionó como una de las siderúrgicas más importantes de América Latina y el Caribe.

“Deseamos que Sidor, cuya transición a manos del Estado ya ha comenzado, continúe este camino de éxitos, están dadas todas las condiciones para ello”, suscribieron los altos cargos de la siderúrgica Ternium frente a Sidor durante la etapa privada, Daniel Novegil, Maritza Izaguirre, Martín Berardi, Julián Eguren y Ricardo Prosperi, en un libro sobre la siderúrgica titulado 1998-2007, Una década de progreso.

10 años antes, explica el exsidorista René Núñez en su columna Portachuelo de abril de 2008, las excesivas guayas legales y regulaciones, las necesidades de mejoras de productividad y adecuación tecnológica para mantener la capacidad competitiva de Sidor que demandaba, entonces, cuantiosa inversión que el Estado ya no podía garantizar fueron las razones obvias por las que se privatizó Sidor. Ternium cubrió el abanico de necesidades con creces.

Tras el anuncio de reestatización en 2008, las partes acordaron una compensación a la compañía argentina de 1.970 millones de dólares, cuyo acuerdo de pago registró demoras y reprogramaciones.

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Además del desacuerdo en el aumento salarial, las negociaciones en 2008 se frenaron por la solicitud de homologar las pensiones de los jubilados al salario mínimo nacional y la incorporación de 600 tercerizados | Foto William Urdaneta
 

El 30 de abril de ese año, Chávez firmó el decreto de nacionalización y, el 12 de mayo, fue publicado el decreto Nº 6.058 de la Presidencia de la República, mediante el cual se declararon de utilidad pública e interés social las actividades de la industria, sus empresas filiales y afiliadas.

"Trabajadores de Sidor: vamos a transformar la siderúrgica en una empresa socialista, del Estado socialista, de los trabajadores socialistas, para impulsar la revolución bolivariana", aseguró el mandatario nacional.

Gremios vieron con inquietud la decisión. “Vemos con preocupación que en medio de una difícil negociación laboral, se tome esta determinación que nada aporta a la solución del conflicto. Sin embargo, afecta inversiones privadas internacionales y compromete nuevos recursos del Estado que pudiesen ser utilizados en nuevas inversiones en este u otro ramo estratégico de la industria básica nacional”, expuso la Cámara Venezolana del Envase (Cavenvase) a horas de la reestatización.

El Consorcio Metalmecánico del estado Carabobo (Comec), que agrupaba a 70 pequeñas y medianas industrias, pedía reconsiderar la medida, dando cuenta del suministro oportuno y en condiciones favorables de Ternium Sidor. Otras coaliciones confirmaron la excelente relación comercial y de asistencia de la gestión privada.

Una década después, las alertas resonaron. La caída productiva fue inmediata. Los números muestran un retroceso de 92,8% de la producción de acero líquido en la última década, de 4,3 millones de toneladas en 2007 a 309 mil 106 toneladas al cierre de 2017.

Las áreas de producción están detenidas o en operaciones mínimas. No hay ruido de máquinas y los trabajadores que acuden a sus jornadas son escasos, debido a las fallas del transporte por la falta de flujo de caja de la industria. Una década después, la nómina se triplicó pero la producción es menos de la décima parte de la registrada en 2007, un año antes de la reestatización.

Pese al engorde de la nómina, por la eliminación de la tercerización, el silencio en lugares bulliciosos como el portón 3 es elocuente. A las 6:50 de la mañana del viernes 6 de abril, unos 25 buses están en los rieles de la terminal de personal. A las 7:00 de la mañana, cuando el movimiento debería ser aún agitado los trabajadores son pocos y no hay ni un bus que traslade a los siderúrgicos a sus áreas o sus casas.

Los trabajadores estiman que más del 70% del personal no acude a la planta y han optado por buscar otros empleos para sobrevivir. El deterioro salarial, que los sidoristas aspiraban revertir en las negociaciones con Ternium en 2008, se ha acentuado. Las acciones clase “B” que estaban en manos de los trabajadores, extrabajadores y jubilados fueron vendidas al Estado, una pérdida si se considera que fue un modelo novedoso, con rendimientos y de participación real en la composición accionaria de la compañía.


GráficoDécadaDesde 2008, el descenso de la producción ha sido sostenido | Gráficos Romel Rengifo

GráficoTrimestreLa tasa de uso de las plantas de Sidor dista con creces de su capacidad instalada 

Otro caso fallido de nacionalización

Las operaciones son mínimas. En el primer trimestre del 2018, la Acería de Planchones continuó paralizada y la de Palanquillas marchó a paso lento. En los únicos dos meses que tuvo actividad, operó a 3,03% de su capacidad instalada. El Tren de Barras y Alambrón operó a 7,2% y 5,6%, respectivamente. La planta de pellas fue la única que superó la barrera del 10% con un ritmo de 11,05% en los primeros tres meses del año.

Alfredo Rivas Lairet, quien fue presidente de Sidor entre 1996 y 1998, resaltó que la comparación más evidente del descenso a partir de la reestatización en 2008 es que la estatal produzca en un año menos de lo que antes lograba en un mes. “Es un deterioro continuo de la producción”, acotó.

“Esta caída obedece a causas multifactoriales. Primero, la dirección es clave, la empresa ha estado en manos de gente que no sabe del negocio (…) hay también elementos de carácter político y estratégico, uno de ellos el energético, no hay suficiente generación de electricidad y, otro elemento es la inversión, que se requiere en mantenimiento y actualización de equipos. Cuando se planteó la privatización de Sidor, uno de los argumentos era que no se disponía de dinero para hacer las inversiones necesarias y una de las ventajas fue la inversión constante en el orden de los $ 100 millones anuales. El déficit de inversión ahora se nota en el deterioro de los equipos, la falta de compra de los repuestos, la política de canibalización”.

En la última década, la siderúrgica ha tenido ocho presidentes, la mayoría militares. Solo uno, Carlos D’Oliveira, con más de 20 años de experiencia en Sidor, era trabajador de la industria. Asumió la presidencia de la acería con la gestión del control obrero impulsado por el presidente Hugo Chávez en 2011, pero diversidad de conflictos le impidieron gestionar la estatal.

- La necesidad de inversión, como ahora, fue una de las causas que propició la privatización en 1997 ¿Las condiciones actuales de la industria se asemejan a ese periodo?

- No son comparables, son totalmente distintas. En aquellos años, los 90, finales de los 90, contabas con toda la electricidad, ahora no. Si yo tuviera en este momento el dinero necesario para reparar esos equipos, actualizarlos y ponerlos a funcionar, y contara con la suficiente inversión para las materias primas para poner a funcionar la acería de planchones y el resto de las plantas, no podría porque no voy contar con electricidad.

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    Las acerías operaron a 3% de su capacidad instalada en el primer trimestre de 2018 | Foto William Urdaneta
 


- ¿Visualiza alguna ruta en el corto plazo para revertir el descalabro actual de la industria siderúrgica?

- No veo solución a corto plazo para Sidor. Si esa pregunta me la hacías cinco años atrás, había posibilidad de hacer las inversiones necesarias. Todo el mundo sabe cuáles son las inversiones, dónde y cuánto cuestan. Hace cinco años, quizás hubiera sido factible una asociación estratégica, pero el problema hoy es más coyuntural con el resto del país y la industria. No solo es Sidor, sino problemas simultáneos como la generación de energía hidroeléctrica. Fue un error haber eliminado Edelca, la eliminaron y la convirtieron en una empresa de servicio, le cambiaron el concepto. La nacionalización de Sidor no fue una decisión acertada. Por la experiencia que se había vivido hasta 2008 en este gobierno con lo que ya había expropiado, no se vislumbraba favorable, pero nunca imaginé que podía ser así. 

- A su juicio, ¿cuáles han sido los dos momentos más relevantes de la última década en Sidor?

- Hay dos cosas altamente negativas. Primero, la venta de las acciones clase “B”. Después del proceso participativo de democratizar el capital, donde se tenía una participación real de los trabajadores en los beneficios de las empresas, distintos a los contemplados tradicionalmente a través de las convenciones o los contratos colectivos, las acciones “B” eran una forma de gestión altamente participativa para activos y jubilados. Era una experiencia notable desde el punto de vista de administración, fue un avance reconocido a nivel mundial. El otro fue el mal entendido proceso de tercerización. Eso fue terrible, de un populismo exagerado. Había cosas que se habían tercerizado cuando Sidor fue privada que no han debido tercerizarse, pero irse al otro extremo fue grave.

Insatisfacción laboral: récord de producción

José Márquez, un trabajador del cordón en frío desde hace 23 años, aguarda en la terminal de pasajeros para ingresar a su área de trabajo. Es el único de varios sidoristas consultados que accede a que su nombre sea publicado. Los demás temen perder su empleo y recibir represalias. Es parte de la política de persecución que impera en las empresas públicas y que, en el caso de Sidor, ha derivado en despidos por razones políticas.

 

Los 10 años previos a la reestatización 

Aumento de despachos en 59%. Desde 1998 hasta 2007, Ternium Sidor incrementó sus despachos de 2,4 millones de toneladas a 3,9 millones de toneladas. La empresa concentró el 89% de las ventas de exportación en sus mercados regionales (Colombia, Ecuador, Perú, México y Centroamérica). Los despachos locales crecieron 117% de 1,2 millones de toneladas en 1998 a 2,5 millones de toneladas en 2007. En la última década, Sidor perdió los mercados internacionales y desatendió el mercado interno. 

Alto cumplimiento. Sidor reseñó que el cumplimiento de despachos al cliente evolucionó de 50% en 1998 a 85% en 2007. Una década después, entre enero y septiembre de 2017, los fabricantes de autopartes y repuestos nacionales requirieron 63.265 toneladas de acero nacional, pero solo recibieron 2.881 toneladas, apenas 4,5% de la demanda, reportó la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa). 

Récord histórico de producción. En esta década se lograron varios récords: en producción de pellas, en 2005, con 7,2 millones de toneladas. En reducción directa, en 2007, con 4,2 millones de toneladas. En las acerías, en 2007, con 4,3 millones de toneladas. Ese mismo año, se lograron récords históricos en laminación en caliente y en el tren de barras. 

$ 947 millones en inversión. En el periodo de 1998 hasta 2007, se invirtieron $ 947 millones, siendo las principales premisas: consolidar la disponibilidad de metálicos y semielaborados; modernizar y actualizar equipos e instalaciones; adecuar el complejo industrial a la política de medio ambiente y aumentar la producción. 

Plan de ampliación. En 2004, la empresa propuso al Gobierno venezolano un plan de inversión para llevar la producción a 10 millones de toneladas en 2011. El plan estimaba una inyección de $ 2.800 millones.

 

El trabajador, que antes de la reestatización fue tercerizado, ingresó a la nómina fija en 2008 en ese proceso de contratación que engordó a más no poder la nómina. Viste la ropa de jean que, en cualquier lugar de la ciudad, permite diferenciar a los sidoristas del resto del personal de las industrias de metales.

“El 9 de abril fue de júbilo para nosotros, pero cada año tenemos menos que celebrar. Estamos prácticamente paralizados”, dijo desde la plataforma del portón 3, desde donde se ven llegar y partir los buses.

Su área de trabajo, el decapado que es puerta de entrada del área de laminación en frío, sufrió un incendio en 2017 y aunque el presidente de la industria, Justo Noguera Pietri, aseguró que el siniestro no afectaría la producción todo el cordón está detenido.

“Ya debería estar listo, pero los trabajos de reparación han sido prácticamente nulos. Con nuestro dinero, hemos tenido que comprar mascarillas y guantes, hemos hecho vacas para comprar algunos cables porque no nos dan los insumos. Antes de la reestatización había trajín desde que entrabas hasta que salías, ahora el ocio nos está matando”, lamentó.

La Acería de Palanquillas también está paralizada. “Todo está muy mal, lo que produjo Sidor en el primer trimestre nos da una proyección de 117 mil 66 toneladas para este 2018 de seguir así”, estima el delegado departamental, Carlos Ramírez. La proyección equivale a 2,7% de la capacidad demostrada de la industria.

“Estos 10 años que se cumplen ahora de la estatización y entrega de la empresa al PSUV han sido catastróficos”, agregó.

La pérdida de las acciones clase “B”

En la última década, la venta de las acciones clase “B” en poder de trabajadores, ex trabajadores, jubilados y pensionados ha sido de los episodios más relevantes. Tras alcanzar ser propietarios de la compañía a través del Programa de Participación Laboral, el descalabro operativo de la industria, los manejos administrativos irregulares y la no consideración de los legítimos propietarios del 20% de las acciones de la compañía, terminó en la venta de ese patrimonio en 2014. Fue la pérdida de una lucha y un modelo de participación de los trabajadores en la composición accionaria.

“Del 98 al 2004 el Estado retardó el proceso de adquisición de las acciones. Pudimos concretar ser legítimamente accionistas en el 2004; de 11 mil extrabajadores previo a la privatización, jubilados y pensionados y activos con derechos preferentes, llegamos a 15.061. El mejor ejemplo de la participación de un sistema de seguridad social asociado al crecimiento de una empresa y al desempeño de su personal fue el programa de participación laboral. Era necesario destruir ese modelo que era ejemplo”, recordó el director principal de la junta directiva de Sidor de 2008 a 2014, Pedro Acuña, quien trabajó en la estatal desde 1977.

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Acuña: En el mismo 2008, sin ser propietarios de Sidor, comprometieron la contabilidad de la empresa como si fuera una caja chica. Hubo de todo  | Foto William Urdaneta
 

“El retraso tenía como finalidad impedir nuestra participación en la junta directiva para frenar las vulneraciones en los derechos laborales. Durante tres años fue congelada la contratación, los compromisos de adecuación ambiental no se cumplieron y el pago de la deuda de 404 millones de dólares no se canceló. El Estado daba condiciones demasiado favorables al socio mayoritario. Siempre culpé mucho al consorcio, pero nada hizo solo”, rememoró.

Acuña reconoció que esa gestión privada logró mejoras en los procesos y récords de producción, aunque -apunta- descuidó las instalaciones de servicio y de manejo de materiales de los muelles. Entregó $704 millones en rendimientos positivos a los accionistas “B”. Sin embargo, a su juicio, fue la gestión estatal hasta 1997 “la mayor demostración de capacidad profesional técnica y gerencia que haya podido tener Venezuela en algún modelo de reorganización complejo. Sidor iba a ser cerrada y arrancamos a exportar y mejoramos la calidad de los productos y los procesos. Se demostró ser capaz por la gestión pública”.

¿Qué pasó entonces en los últimos 10 años bajo la égida de la reestatización? “Asume Rodolfo Sanz la nueva administración y de inmediato empiezan a ocultar estados financieros y contabilidad. En el tercer trimestre de 2008, con los mejores precios del acero, hubo 700 mil toneladas de acero menos que en el 2007. Adquirieron la planta Ceproca y se tomaron recursos de Sidor, se administró desconociendo las leyes que rigen el Código Mercantil. Reestatizada la empresa perdimos los mercados internacionales, y esos mercados siguieron siendo clientes de Ternium”, resaltó.

“Lo único que se discutía era cómo mejorar las condiciones contractuales, pero se descuidó el mercado de exportación y se dejaron de hacer mantenimientos mayores y proveerse de las partes y repuestos requeridos. La empresa empezó a ser gerenciada bajo concepto político y no de negocios. Se desconoció la meritocracia y se privilegió la lealtad política; desde ese momento se produce un cambio en la empresa”, reconoció.

- ¿Ve factible en el corto plazo una vuelta a los altos niveles de productividad y competitividad de Sidor?

- Es difícil advertir una solución en el corto plazo. Hay que ver toda la cadena. Los daños son muy profundos y Sidor es un complejo siderúrgico, no es una acería. La primera línea de entrada que es la de simplemente tomar mineral y aglomerarlo en pellas, apenas puede producir hoy con una línea paralizada y canibalizada ni 1,5 millones de toneladas. Como es una cadena productiva puedes saber que si no tienes esa capacidad de producción, el siguiente eslabón se ve afectado. Hay problemas de gas porque ha disminuido la producción de petróleo y está también el tema de la electricidad.

Al momento de la reestatización, el patrimonio de Sidor superaba los 2 mil millones de dólares, con una deuda de apenas $ 80 millones. En el 2014, la empresa estaba desde el punto de vista contable en quiebra; los pasivos superaban los activos y el valor patrimonial era negativo.

Sin conocer de números precisos, los sidoristas coinciden en el descalabro. “No hay insumos. No hay repuestos. No hay nada. No hay vida en esta empresa”, enfatiza un trabajador en el portón 3, que está por entrar al turno, pero que insiste en que no sea publicado su nombre. “Aquí uno habla y lo botan”, advierte.

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