Jueves, 18 Agosto 2016 00:00

Un símbolo de esperanza

 
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Su representación oficial fue la bandera olímpica y en la ceremonia de apertura marcharon justo antes de la delegación brasileña Su representación oficial fue la bandera olímpica y en la ceremonia de apertura marcharon justo antes de la delegación brasileña Fotos rio2016.com
 

A14 MARDINI

ComillasNEGRASgrandesHa sido increíble, realmente lo disfruté. Espero que los refugiados no tengan que seguir siendo refugiados y que puedan seguir adelante con sus sueños después de habernos visto a nosotros”. Yusra Mardini, de 18 años, nativa de Siria

 

Son auténticos sobrevivientes que se vieron forzados a huir de sus países de origen para preservar el bien más anhelado que poseemos, la vida. El Comité Olímpico Internacional (COI) ha tenido la majestuosa idea de cobijarlos bajo la bandera de refugiados -acción sin precedentes en la historia de los Juegos Olímpicos- y permitirles competir en Río de Janeiro.

El Equipo Olímpico de Refugiados -ROT por sus siglas en inglés- se someterá a la normativa de los juegos como cualquier otra delegación. El costo de la preparación e indumentaria deportiva corrió a cargo del COI a través de Solidaridad Olímpica Internacional.

Su representación oficial fue la bandera olímpica y en la ceremonia de apertura marcharon justo antes de la delegación brasileña.

Nadar para vivir

La delegación está integrada por 43 mujeres y hombres que representan la capacidad del ser humano por vencer las adversidades y superar sus límites.

Sólo 10 fueron escogidos para participar: dos nadadores sirios; dos yudocas de la República Democrática del Congo; y seis corredores: cinco de Sudán del Sur y uno de Etiopía. Son tres de los países más violentos en el mundo por sus profundos conflictos internos y drama de refugiados.

Una de las historias que más estremece es la de la nadadora siria Yusra Mardini, quien tiene 18 años y nadó en las series de los 100 metros mariposa y competiendo también en los 100 metros libres.

Nació en Damasco, donde su padre era entrenador de natación. En 2012, a los 14 años ya representó a Siria en los mundiales de Estambul en piscina corta; en agosto de 2015 huyó de la guerra junto a su hermana, también nadadora. Atravesó entonces Líbano por tierra hasta Esmirna (Turquía), donde se embarcó a Lesbos, en Grecia, y durante esa travesía se rompió el motor del bote donde iba junto con su hermana y 20 refugiados más.

Ella, su hermana y otra mujer se lanzaron al agua y nadaron. Durante tres horas y media mientras arrastraban la embarcación hasta buen puerto.

Representan a oprimidos

“Qué vergüenza si me muriera ahogada, yo, que soy una gran nadadora…”, relató Mardini lo que pensaba durante esa travesía. Hoy vive en Berlín, Alemania, donde entrena dos horas diarias antes de sus clases de bachillerato, que empiezan a las 7:00 de la mañana y acaban al caer la noche.

Su compatriota Rami Anis, de 25 años, y especialista en 100 metros libres y 100 mariposa, es otro de los miembros de esta delegación, quien huyó de las bombas, los secuestros de Alepo y del llamamiento a unirse a las tropas del Ejército sirio, para vivir con su hermano en Estambul.

En Turquía no le dejaban competir. “Era como estudiar y estudiar, sin poder presentarme jamás a un examen”, evoca. En octubre decidió cruzar el Egeo en patera y seguir hacia el corazón de Europa. Se estableció en un pueblo de los alrededores de Gante (Bélgica), donde tenía familia y donde vive en la actualidad.

En toda una declaración de intenciones ha señalado: “Representamos a personas oprimidas que viven en la injusticia. Queremos que terminen las guerras y las masacres para poder competir bajo nuestra bandera. Nada nos importa más que nuestra tierra”.

Guerreros de paz

También están los dos yudocas originarios de la República Democrática del Congo, un polvorín de odios étnicos históricos y grandes intereses económicos que han convertido la zona en un escenario de matanzas tribales y violaciones en serie, que han llevado a casi 5 millones de muertos y más de medio millón de refugiados en todo el mundo, según la ONU.

La yudoca Yolande Mabika, de 28 años, reconoce que no se acuerda de los rostros de sus familiares, de los que tuvo que separarse cuando tenía 10 años. Tanto ella como Popole Misenga, de 24 años, pasaron sus años más tiernos en un centro para niños desplazados en la capital congoleña, Kinsasa.

En 2013 llegaron a Río de Janeiro para el Campeonato Mundial de Judo y decidieron quedarse, debido a que no aguantaban más las vejaciones de los entrenadores nacionales que las dejaban sin comer durante días si perdían.

Yolande solo piensa en el momento en el cual tenga que saltar al tatami. “Soy guerrera, ya luché mucho. Si tuviese que estar muerta habría sucedido en mi país. Dios me colocó aquí y voy a darlo todo”, afirma con vehemencia.

De Sudán del Sur provienen los cinco atletas: dos compiten en 800 metros: Rose Lokonyen, elegida como abanderada en la ceremonia de apertura, y Yiech Pur Biel; dos en mil 500 metros: Paulo Lokoro y Anjelina Nada; y uno en 400 metros, James Nyang, que competirán en pista y en campo en el Estadio Olímpico de Río de Janeiro, entre el 12 y el 21 de agosto.

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Estos atletas son cinco sobrevivientes que abandonaron su tierra natal huyendo de la matanza indiscriminada en sus asentamientos y los hombres de la posibilidad de que los convirtieran en niños soldados. Ahora entrenan en Kenia con la batuta de la exolímpica y antigua dueña del récord de maratón, la keniana Tegla Loroupe, quien además fue nombrada la jefa de la misión del equipo de refugiados.

Determinación por vivir

Uno de los atletas de Sudán del Sur, Yiech Pur Biel, de 21 años, recalcó que “ser un refugiado nos da esperanzas, porque le dices al mundo que nosotros somos tan seres humanos como cualquier otro”.

El de Etiopía es Yonas Kinde, de 36 años. Abandonó su tierra natal hace cinco años alegando que era muy peligroso para él vivir allí.

En la actualidad reside en Luxemburgo, donde estudia francés y trabaja como taxista. Ha participado en varios maratones en capitales europeas, pero la falta de ciudadanía siempre le ha impedido acudir a los grandes eventos.

El año pasado completó la maratón de Frankfurt en 2 horas y 17 minutos. La mejor marca de todos los tiempos la posee el keniano Dennis Kimetto, desde el 28 de septiembre de 2014 cuando después de 42 kilómetros paró el cronómetro en 2 horas, 2 minutos y 57 segundos. “Si fuese de Luxemburgo se habría clasificado para el equipo olímpico”, afirma su entrenador.

Gracias a la genial idea del COI y amparada por su audaz presidente Thomas Bach podrá hacer realidad su sueño de correr en unos Juegos Olímpicos. Como opinó el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi: “Su participación en los Juegos Olímpicos es un tributo al coraje y la perseverancia de todos los refugiados por superar la adversidad y construir un futuro mejor para ellos y sus familias”.

A14 MisengaPopole Misenga, de 24 años, pasó parte de su infancia en un centro para niños desplazados en la capital congoleña, Kinsasa

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